Adolfo Suárez, considerado el mejor presidente por los españoles

28.04.2017

Es un alto funcionario del Estado franquista, aunque no del franquismo. Adolfo Suárez es un hombre de ideas progresistas pero moderadas. No comulga con el socialismo, pero sí defiende un sistema democrático. Sin embargo, no es momento de enfrentamientos sino de seguir ascendiendo para poder contribuir desde arriba a la modernización de España.

Suárez consigue ocupar los sillones de los jefes que ha llegado a tener en el pasado. Primero el del director general de Radiotelevisión española, casa en la que trabajó durante años y en 1975 se le nombra Vicesecretario General del Movimiento, para cuyo secretario general también había trabajado: Fernando Herrero Tejedor, quién fue su mentor. La relación entre ambos comenzó cuando Herrero Tejedor fue nombrado Gobernador Civil de Ávila, donde conoció a Suárez, nombrándole su secretario personal. A partir de ahí su vínculo creció y ya no se separarían nunca. Tanto él como Suárez consideraban que el futuro de España era el príncipe don Juan Carlos y decidieron aconsejarle y acompañarle en los difíciles momentos que vivió el soberano a la sombra de Franco. Esta defensa a ultranza del príncipe les valió cierta animadversión en los más reacios altos cargos del Régimen franquista que deseaban la continuidad del Movimiento a la muerte de Franco. Sin embargo, jugó a favor de los tres amigos (don Juan Carlos, Herrero Tejedor y Suárez) el que Franco gozaba de buena salud, era un hombre enérgico y no se planteó nadie la sucesión ni mucho menos llevarle la contraria a Franco que ya había decidido en 1969 que el príncipe le sucedería a título de Rey.

En 1975, uno de los tres personajes, Herrero Tejedor, muere en accidente de tráfico. Se trata de un duro golpe para Suárez que le apreciaba sinceramente. Sin embargo, Adolfo Suárez es nombrado Secretario General del Movimiento con el rango de Ministro ya con don Juan Carlos como rey de España quién no duda en proponerle participar en el plan de desmantelar el aparato franquista, pero desde la legalidad para evitar así una contienda civil. Todo se haría de modo progresivo dando pasos lentos pero firmes y seguros intentando que no sospecharan los jerarcas franquistas lo que los dos estaban fraguando. Se trataba de algo sumamente arriesgado que podía costarles a ambos sus respectivos puestos si llegaban a enterarse los altos responsables del Movimiento heredero de Franco y que aún mantenía todo su poder, aunque bastante desprestigiado por la pérdida del Sáhara Occidental y los impopulares fusilamientos de cinco terroristas un año antes; la imagen de España está muy tocada y nadie sabe a ciencia cierta que esperar del joven monarca que por aquel entonces tenía tan solo 38 años y Suárez 44. La amistad entre ambos se acrecienta a medida que el plan del Rey avanza.

Adolfo Suárez forma un primer gobierno con falangistas, socialdemócratas, liberales, democristianos y militares para por fin convocar las primeras elecciones libres en las que la Unión de Centro Democrático ganaría, pero sin mayoría absoluta, de hecho, necesitaba 176 escaños y le faltarían para alcanzar esa cifra diez escaños, lo que le supuso gobernar con mucha dificultad, pero consigue que se apruebe la Constitución española que sigue en vigor desde entonces. Para evitar que se pensara que el Gobierno de Suárez era una reminiscencia franquista, el presidente accedió a que la Carta Magna fuera redactada por el Congreso de los Diputados que ya era multipartidista.

Suárez legaliza los partidos de izquierda, demostrando con ello que va en serio con respecto a la apertura de España al exterior y el deseo sincero de que la monarquía sea parlamentaria, no absoluta. El rey le apoya en todo momento y juntos afrontan momentos delicados.

El terrorismo está matando de un modo despiadado. Las principales organizaciones son ETA, FRAP y GRAPO, todas ellas de izquierda radical y la primera además es separatista. FRAP estaba en las últimas desde que tres de sus miembros fueron fusilados por Franco en septiembre de 1975 pero el GRAPO y ETA sí llevaban a cabo una importante actividad. Solo en 1979, los GRAPO habían asesinado a 31 personas, ocho de ellas en una cafetería. Por su parte, ETA mató a 69 personas entre 1976 y 1979. A pesar de que la represión franquista casi acaba con estos grupos, en vez de agradecer la llegada de la democracia y la amnistía a muchos de sus presos, sendas organizaciones, especialmente ETA, deciden acometer contra el Estado una guerra de desgaste, aprovechando su debilidad en momentos de transición para conseguir así sus objetivos. Suárez y el Rey están defraudados y muy preocupados pues saben que los militares no soportarán más una situación como esa a la que no están acostumbrados pues para ellos solo hay una solución al terrorismo: la mano dura. Entre 1970 y 1975 ETA ha matado a diez personas, pero sus comandos han sido muchos de ellos desarticulados, encarcelados la mayoría de sus activistas e incluso fusilados algunos junto a miembros del FRAP, organización con la que el Franquismo prácticamente acabó. Después de 1975, ya muerto Franco, los militares (entonces el Cuerpo de Policía era de naturaleza militar como la Guardia Civil) sufren muchas bajas y el Gobierno se dedica a dar amnistías y legalizar formaciones políticas como Herri Batasuna y otras separatistas que incluso confluyen a las elecciones en 1977 y 1979. Para los cuadros de mando de las Fuerzas Armadas, muy influenciados aún por el anterior Régimen, es algo inaudito.

En las elecciones generales de 1979, con la Constitución ya aprobada por referéndum popular y libre, la UCD de Adolfo Suárez consigue dos escaños más, pero sigue siendo insuficiente para gobernar cómodamente puesto que su formación es una coalición con serios enfrentamientos internos y unirse a otros partidos políticos resultaba imposible ya que eran muy distintos a la Unión de Centro de Suárez.

Entre 1980 y 1981 ETA mata a 142 personas, la mayoría militares, guardias civiles o policías. Corren rumores de golpe de Estado si no se encuentra pronto una solución a la cuestión terrorista.

En enero de 1981, Suárez dimite ante la moción de censura presentada por los socialistas, la otra gran fuerza política en el Parlamento, el fracaso de la política regionalista y el terrorismo que no cesa. El partido esta desunido y no apoya a Suárez que se ve sólo. Ante tal expectativa y considerando que tal vez sea él quién perjudica más que beneficiar a su partido y a la consiguiente estabilidad de España, toma una decisión valorada por unos como cobarde y por otros como muy valiente: dimite de su cargo de presidente del Gobierno, pasando el vicepresidente Calvo Sotelo a llevar las riendas hasta la victoria socialista de 1982.

El golpe de Estado de 1981 es el espaldarazo que el Rey necesitaba de parte de su pueblo que comprueba con orgullo como el soberano conduce la situación. Sin embargo, en la retina de todos queda la semblanza con que afrontó el golpe Suárez, uno de los pocos parlamentarios que no se escondió en su estrado con el tiroteo al techo de los guardias civiles que acompañaban al golpista, Tejero. Aun así, Suárez queda relegado a un segundo plano pues los votantes consideran que ya no es necesario y que la UCD es más un conjunto de formaciones dispares y desunidas más preocupadas por mantenerse en el poder que por encontrarle solución a los graves problemas del País. El desempleo creciente, la crisis económica que hacía que el capital neto español descendiera una media del 2,5 % anual, el terrorismo de ETA que alcanzó su máximo riesgo en 1982 con 92 asesinatos, las Autonomías españolas que pareciera que quisieran desmembrar a España ya que no terminaban de regularizarse, etc. hicieron que los españoles desearan como nunca antes un cambio radical en la política del País y votaron en masa a los socialistas dirigidos por el joven Felipe González que les traía una imagen fresca y la esperanza de un futuro más dinámico y mejor en todos los aspectos. Sobre todo, los obreros consideraban que los socialistas disminuirían el paro laboral esperanzados en el significado de sus siglas: PSOE = Partido Socialista Obrero Español.

En las elecciones generales de 1982, Suárez, con el título de duque concedido por su amigo íntimo, el Rey, con el que ha compartido tantos momentos difíciles, vuelve a la escena política con un nuevo partido, el Centro Democrático y Social (CDS) que solo conseguiría dos escaños; su anterior partido, la UCD, consigue once, menos incluso que Convergència y Unió, formación nacionalista catalana. Otro gran político, alto cargo con Franco, como lo fue Suárez, y con tendencia democratizadora igual que el propio Suárez, Manuel Fraga, había unido en una sola formación a dos partidos, Alianza Popular y el Partido Demócrata Popular, coalición a la que se uniría después la Unión Liberal. Muchos de sus miembros habían militado en UCD y consiguieron con las nuevas siglas 107 escaños. Pero los socialistas arrasaron, consiguiendo la más amplia mayoría parlamentaria de la Historia política española: 202 escaños.

El momento político de Suárez, en esa nueva etapa con la transición ya superada hacía años, fueron las elecciones de 1986 en las que consiguió 19 escaños, para bajar a 14 en las elecciones de 1989. De nuevo hubo cierta crisis interna en el partido y Suárez abandonó definitivamente la política en 1991, a la edad de 59 años. El CDS, sin él al frente, no conseguiría representación ninguna en las elecciones de 1993, desapareciendo como partido político a favor del nuevo Partido Popular, de José María Aznar, una refundación de la antigua coalición que formaban Alianza Popular, el Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal, consiguiendo 141 escaños a tan solo 18 de los socialistas quienes se habían desgastado notablemente después de once años en el poder.

La razón por la que se retiró en 1991 fue que su esposa e hija estaban enfermas de cáncer y decidió volcarse en las mismas en cuerpo y alma. Primero con su esposa que de todos modos murió, en 2001, lo que le supuso uno de los peores golpes de su vida y poco después su hija mayor, en 2004, con lo que Suárez estaba literalmente hundido. Para colmo de males a su otra hija se le detecta también el horrible mal. Además, él acaba padeciendo la terrible enfermedad de alzheimer con lo que va perdiendo la memoria progresivamente, llegando un momento en que no recuerda quién fue, ni siquiera a sus seres queridos.

En 1996 se le concede el importante premio internacional "Príncipe de Asturias" por su contribución a la transición española de la que sin duda fue el principal artífice.

Resultó especialmente emotiva la entrega del toisón de oro en 2008 por parte del Rey que quiso entregarle el monarca en persona. Cuando el Rey le preguntó a Suárez, con 75 años de edad y el Rey 70, dos viejos amigos que se reencontraban, "¿Sabes quién soy?", Suárez le contestó que debía ser alguien que le apreciaba mucho por lo cariñoso que se mostraba con él.

Muchos acusaron a Suárez de huir siempre que los problemas acucian, pero sus partidarios y amigos tenían claro que era todo lo contrario, señalando a Suárez como un hombre valiente como pocos. Lo demostró sobradamente durante la transición. Es también un ser humano excepcional que tuvo un alto sentido de la responsabilidad, razón por la que prefirió dimitir en 1981 considerando que él era el motivo de crispación en su partido y teniendo en cuenta que España necesitaba estabilidad no podía permitir que el partido en el poder se dirimiera en disputas internas. Dimitiendo él ya no había razones para seguir discutiendo y podían dedicarse a encontrar soluciones a los problemas acuciantes de España, otra cosa es que no lo consiguieran. Resulta llamativo que en un momento delicado para España como el actual, con una corrupción política generalizada, un sondeo publicado en el periódico EL PAÍS, que preguntaba a los encuestados qué presidente español de cuantos han gobernado a lo largo de la Historia preferirían en el momento actual, el 35% eligió a Suárez. Lo tienen claro tanto votantes de la derecha como de la izquierda si bien será justo decir que la opción de "Ninguno de ellos" ganó con un 37%.