Auge y caída de los caballeros templarios

15.08.2017

Fueron la organización más poderosa de la Edad Media pero bastó una sola orden del Papa para acabar con ellos.

Castillo templario de Ponferrada
Castillo templario de Ponferrada

CARLOS GONZÁLEZ

En el noroeste de España podemos visitar una espectacular fortaleza de más de 8.000 metros cuadrados en el que aún hoy, gracias a su magnífico estado de conservación, se admiran sus triples defensas, sus impresionantes torres y un gran patio de armas. Se trata del castillo que los templarios erigieron en Ponferrada cuando el rey Alfonso IX de León se congenió con la Orden de los monjes guerreros. El castillo es visitado por miles de personas a diario desde que hace diez años fuera rehabilitado. Es una muestra del interés que todavía hoy despiertan los templarios.

Se les acusó de practicar una variante del cristianismo alejada de los cánones eclesiásticos y de convertirse en una organización estatal que podía acabar por desbancar al poder en Roma. El rey Felipe IV de Francia les debía demasiado dinero que sabía jamás podría pagarles por lo que optó por solucionar el problema acabando con toda la red, pero había un obstáculo que parecía insalvable: la Orden estaba en todas partes. Como mucho, el monarca francés podía eliminarles en su reino, pero la amenaza seguiría latente pues los templarios utilizarían todo su poder externo para vengarse. Así que Felipe IV recurrió a la única persona que podía convencer al resto de reyes europeos para acabar con la poderosa cofradía: el Papa Clemente V.

Felipe convence al Papa de que prohibir la Orden sería muy provechoso para ambos así que el Pontífice ordena a todos los reyes cristianos que persigan a los caballeros templarios en sus respectivos reinos y les apresen confiscando sus posesiones. El mandato papal se llevó a cabo en casi toda Europa ya que la mayoría de gobernantes debían mucho a los templarios por lo que se quitaban un peso de encima y además obtenían un tesoro cuantioso para sus arcas.

¿De dónde obtenían sus riquezas los templarios?

Bandera templaria con su característica cruz roja
Bandera templaria con su característica cruz roja

Su nombre inicial fue "Pobres Caballeros de Cristo". Lo del Temple vendría después, cuando el rey Balduino II de Jerusalén les confiere la seguridad de los restos del Templo de Salomón.

No son pocos los enigmas que surgen a raíz de la desaparición del Temple como la de la pequeña flota que partió del Puerto de la La Rochelle (Francia) con los caballeros que huían de la persecución. Se desconoce hacia dónde fueron y si llevaban con ellos los restos del fabuloso tesoro templario, si es que existía. Aunque desde luego riquezas debían poseer, pues irían acumulándolas con el paso del tiempo.

Recibían la limosna de las iglesias locales una vez al año. Muchos hijos de nobles ingresaban en la orden pues en la Edad Media los "segundones" o se alistaban en la milicia o lo hacían en el clero y el Temple era ambas cosas. Iban acompañados de dotes que sus padres, señores nobiliarios, donaban a la Orden para que acogiera a sus hijos o les daban fortalezas desde las que asegurar las fronteras. Con tantas riquezas acumuladas, los templarios invirtieron en negocios de la época, sobre todo en adquirir y explotar grandes extensiones de tierras. Llegarían a poseer miles de fincas, decenas de castillos repartidos por toda Europa e incluso barcos con los que comerciaban por el Mediterráneo y el Atlántico francés, así como el Mar del Norte. Tal era su poder económico a mediados del siglo XIII que comenzarían a hacer préstamos a nobles y reyes, cobrando intereses por su devolución. También los peregrinos podían depositar su dinero en alguna oficina del Temple y con un documento que atestiguaba el depósito retirarlo una vez llegaran a Jerusalén, para de ese modo no verse obligados a transportarlo hasta Tierra Santa pues pudieran ser objetivo de los ladrones. Podían mediar en negocios de compraventa de propiedades y territorios, asegurándose de que el comprador recibía su dinero por parte del vendedor. Enrique III de Inglaterra le pagó 100 libras esterlinas al año al Temple por una isla, durante cinco años, propiedad del conde de La Marche. Una vez pagado su coste, el Temple que ocupaba la Isla para que no se adueñaran de ella los soldados ingleses sin haber pagado antes, entregaron el dinero al conde. De dicha operación, evidentemente, se llevaban una parte o interés anual.

Cuando las deudas se tornaban impagables para los nobles e incluso para los monarcas, los templarios pedían otros pagos como fortalezas o la recaudación de algún servicio público. Todo ello les granjeó numerosos enemigos.

Modernizaron las técnicas de combate

Se dividían en escuadrones al mando de maestres y cuando entraban en combate dejaban a sus escuderos detrás para que tuvieran preparados sus caballos de refresco y armas para así no perder el tiempo y poder volver a la carga de inmediato. Semejante celeridad desconcertaba al enemigo que necesitaba más tiempo para recuperarse. Si un caballero caía un escudero iba en su ayuda rápidamente para sacarle del campo de batalla y curarle o si una montura se perdía allá se dirigía el escudero con otra para que el caballero siguiera en el combate. El grado militar de sargento procede de esta técnica templaria pues sus escuderos eran llamados "sergents".

El casco y malla templarios se hicieron muy conocidos entre sus enemigos
El casco y malla templarios se hicieron muy conocidos entre sus enemigos

A diferencia de los demás caballeros regulares cuya armadura y dote de combate eran muy pesados sin apenas poder moverse, los templarios iban dotados de una cota de malla algo más ligera que les cubría la cabeza, el torso, los brazos y las piernas, con un casco de forma cónica, un caballo destrero (los más robustos), el escudo, una lanza y una espada de doble filo. Tras verles luchar, el rey de Francia Luís VII quedaría maravillado por lo que introduciría en su ejército las técnicas y dotación más ligeras de los templarios que les permitía una mayor maniobrabilidad. Lo que más impacto la causó fue su orden de batalla, rigiéndose por banderas de colores que les señalaban la maniobra que debían seguir: ataque, reagrupamiento o retirada.   


MÁS INFORMACIÓN:

  • Enclaves templarios; guía definitiva de la España templaria. María Lara Martínez (2013). Editorial EDAF; también en ebook.
  • El legado templario, una Historia oculta. Juan G. Atienza (2007), Editorial SWING