Canarias, más de 600 años junto a España

14.04.2017

El primer testimonio serio sobre las Islas Canarias corresponde al geógrafo hispanorromano Pomponio Mela que las ubica con exactitud en el Océano Atlántico. Desde entonces, los romanos barajan la posibilidad de la conquista pero no llega a producirse, al menos no se tiene constancia de ello pero sí de que conocían perfectamente donde se encontraban como cuando el general Sertorio le comenta a Plutarco que le gustaría retirarse a las Canarias, sin embargo no hay documentos sobre las islas en toda la Edad Media salvo los viajes de los árabes que mantenían imperios en el Magreb, primero el de los almorávides y después el de los almohades quienes conquistarían la Península Ibérica.

A medida que se retiraban los reinos árabes y se expandían las rutas comerciales europeas, las Islas Canarias comenzaban a tener cierto valor estratégico, de hecho en la segunda mitad del siglo XIV los mallorquines establecieron una importante comunidad en el archipiélago llevando la religión cristiana e instalando un obispado. Para los indígenas guanches, los pobladores originales de las islas, venerar a la Virgen María no fue una imposición ya que anteriormente ellos hacían lo propio con diosas de la tierra que la Iglesia asimiló a la Virgen para que su adoración fuese admitida. Pero los mallorquines eran comerciantes, serían los castellanos y los portugueses los que se disputarían las islas pues se habían convertido en una escala de gran importancia y mercado de abastecimiento en las rutas de esclavos que eran capturados, generalmente por los árabes, en el África subsahariana y vendidos en los mercados de las Canarias. El otro gran mercado en las Islas era el de las especias.

El Papa Clemente VI concede el señorío de las Islas, conocidas como "Afortunadas", al infante Luís de la Cerda, de la Casa Real de Castilla emparentada por aquel entonces a la de Francia a través de la de Navarra. Ya en el siglo XV los castellanos se deciden por la conquista y aprovechan que los caballeros normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle ya han establecido alguna colonia para realizar la empresa pero los descendientes de aquellos normandos vendieron medio siglo después las islas a la Corona de Portugal quienes enviaron tropas. Los nativos castellanos que se habían instalado en las islas, descontentos con el trato al que habían llegado los señores normandos y los portugueses, dejando a la Corona de Castilla de lado, expulsan a los soldados lo que motivó la reacción de los Reyes Católicos quienes enviaron a Juán Rejón y Pedro Vera, conquistando en primer lugar la isla de Gran Canaria que sería utilizada como base para la conquista del resto de las islas, primero las occidentales y después las orientales.

Gran Canaria adquiriría preponderancia debido a que fue la primera en la que se instalaron dependencias de la Corona convirtiéndose su puerto en escala obligada de los barcos que procedentes de Europa se dirigían al sur del Océano Atlántico, bordeando África o a las Antillas americanas una vez Cristobal Colón descubrió el contiente americano; por cierto, Colón también haría escala en las Canarias en sus viajes.

Tenerife sería la última de las islas en pasar a formar parte de la Corona. El sistema de conquista era muy simple: el conquistador sufragaba los gastos de la empresa y a cambio se convertía en el señor del lugar rindiendo pleitesía a los monarcas de Castilla y Aragón. Siempre se ha dicho que la conquista y colonización de las Canarias fue un experimento de lo que acontecería después en América: primero fueron los señores los que mandaban para después establecerse los virreyes pero entre unos y otros erradicaron la ancestral cultura que existía desde tiempos inmemoriales en el archipiélago sustituida por la cultura y civilización cristianas occidentales.

A partir del siglo XVI las Islas Canarias pasan a formar parte del sistema económico del Imperio hispánico con sus amplias regiones dedicadas a monocultivos. En el caso de las Islas primeramente se plantarían grandes extensiones de caña de azúcar, como después se hizo en las islas caribeñas y más tarde se plantarían campos de viñedos pero la particularidad canaria es que acabó consiguiendo un régimen fiscal propio que ha mantenido hasta la actualidad y que le ha permitido sortear las graves deficiencias de la economía española desde el siglo XVII, para lo que comerció desde un principio con Inglaterra y el norte de Europa. El Régimen del General Franco, en los años 30 del siglo XX, una vez sale victorioso de la Guerra Civil española, incorpora las Canarias al nuevo sistema económico español que pretendía salir de la penuria en la que el conflicto había sumido a la España peninsular; precisamente, Franco fue capitán general de las Canarias antes de la Guerra por lo que conocía perfectamente el archipiélago.