Egipto: el País actual más antiguo del Mundo

26.06.2017

Hoy en día, las Fuerzas de Seguridad y los Servicios de Inteligencia controlan la sociedad egipcia en un Régimen autoritario y represivo que afecta incluso al sistema educativo (se ha llegado al punto de aprobar una medida legal que pretende castigar a quiénes copien o distribuyan las respuestas de exámenes). Egipto está gobernado por una dictadura militar al frente de la cual se encuentra el mariscal Abdelfatá al Sisi quién ha ordenado que se construyan 16 prisiones nuevas porque no daban abasto con una población reclusa de más de 106.000 personas. La débil oposición política denuncia el hacinamiento, torturas y condiciones sanitarias míseras. Así que ya hay una similitud con el Egipto Antiguo: la dictadura y con ella la encarcelación de disidentes.

En la Antigüedad existían los "jeneret" que eran reclusorios de los que tenemos constancia por primera vez en el Reino Antiguo egipcio (2.700 a 2.200 a.C.), en la tumba del visir Ajethotep-Hemi, de finales de la V dinastía, en los que sus jeroglíficos muestran la reclusión de criminales.

Por los textos del Primer Período Intermedio (hasta 2052 a.C.), sabemos que los reclusorios eran fortalezas donde se recluían a los que no pagaban los impuestos o no habían realizado los servicios obligatorios como un alistamiento militar puntual. En esas fortalezas se les condenaba a trabajos forzados (agrícolas, artesanales, en minas o canteras) pasando a ser "jeneriu" o "recluídos". Tenían derecho a un juicio, pero no se indica en ningún texto si la vista tenía lugar antes, durante o después de la reclusión. El jeneret ur o "gran reclusorio" administraba la "cárcel" dependiente directamente del visir y contaba con escribas existiendo cargos tales como "supervisor" y "encargado". Estas fortalezas-prisiones podían instalarse al lado de una mina o cantera o bien en un punto fronterizo condenando a los presos a defender el País de posibles invasores: algo así como pagar su infracción o conmutar su pena por servicios militares obligatorios. Esta última pena se imponía a quiénes eran sorprendidos robando tumbas o templos.

En el Imperio Nuevo (segunda mitad del II milenio a.C.) surgen los ἰtḥw, que serían campos de trabajo donde los presos eran obligados a trabajar en las tareas de mantenimiento de templos o en las edificaciones de los mismos, pero también campos de concentración donde los enemigos hechos prisioneros eran conducidos para después de un tiempo prudencial incorporarles igualmente a tareas de trabajo forzado. Podemos verlo en el papiro Brooklyn 35.1446 (llamado así porque se encuentra en el Museo de Brooklyn) que incluye un listado de nombres de prisioneros de origen asiático, datando de la dinastía XIII (1783-1680 a.C.). El Decreto de Horemheb, último faraón de la Dinastía XVIII, que reinó en las últimas décadas del siglo XIV a.C., dice: Se castigará con implacable rigor a los funcionarios que, abusando de su poder, roben cosechas o ganado de los campesinos bajo el pretexto de cobrar impuestos. El castigo consistirá en cien bastonazos y hasta el corte de la nariz. Si el involucrado fuera un juez que se hace cómplice de un recaudador de impuestos para compartir sus rapiñas, la pena será de muerte.

Los calabozos donde se recluyen a personas hasta su ingreso definitivo en presión o donde se les interroga también existían en el Antiguo Egipto, denominados "hetem" que por los textos de Deir el Medina se sabe que eran los almacenes o graneros que al estar tan vigilados servían de improvisados calabozos si la situación lo requería.

Regresando al Egipto actual hemos sabido que el Gobierno de Abdelfattah Al Sisi ha entregado al Reino de Arabia Saudí las islas de Tirán y Sanafir, en el Mar Rojo. En realidad, han vuelto a poder saudí puesto que en 1950 fueron cedidas temporalmente para su protección a Egipto pues entonces los saudíes no tenían Armada con que defenderlas, pero hoy en día sí cuentan con Fuerza Naval. El caso es que la medida le ha granjeado al presidente egipcio numerosas críticas de ciudadanos en las redes sociales, calificándole de traidor y organizando multitudinarias manifestaciones de repulsa, lo que ha dado lugar a más detenciones y por lo tanto más presos. ¿Tan importantes son estas dos islas? Lo cierto es que sí, en el caso de que se quiera presionar a Israel y Jordania puesto que el puerto israelí de Eilat y el jordano de Aqaba dependen de su relación con el Mar Rojo. Al controlar ambas islas, los saudíes pasan a ser la potencia hegemónica en el Golfo de Aqaba cuando el Mar Rojo siempre ha estado asociado a Egipto, desde el mítico paso de Moisés y su separación de las aguas, huyendo de los soldados egipcios del faraón Ramsés. 

Numerosas películas han tratado el pasado egipcio pues sigue fascinando a todos, incluso a quiénes no son aficionados a la Historia; hay quiénes lo consideran cuna de la civilización antes que Mesopotamia. El Mar Rojo sigue siendo en la actualidad destino turístico importante, sobre todo entre los buceadores. Pero la actividad terrorista, sobre todo en el Sinaí, y la agitación social con represalias de los militares que hacen peligrosas las calles han mermado el número de turistas descendiendo drásticamente; resulta curioso que personas procedentes de otros de los Países más antiguos del Mundo (China y Japón) son los que ahora suponen el mayor flujo de turismo en Egipto. Hace más de 2.000 años otro turista célebre diría en sus escritos sobre sus viajes al País del Nilo: "quien no ha visto Egipto no ha visto el mundo". Y es que, en tiempos de Heródoto, considerado el padre de la Historia, los orígenes de Egipto eran tan insondables para sus visitantes como lo es hoy en día para nosotros. Tengamos en cuenta, que cuando Heródoto visitó Egipto ya existía desde hacía miles de años y la misma impresión causaba en él y sus contemporáneos las pirámides que en quiénes tengamos ocasión de verlas en los tiempos actuales.

La Antigüedad egipcia está marcada por la figura del faraón, soberano y señor de todo el territorio, incluidos sus súbditos. Las diferentes clases sociales permanecieron tales cuales durante milenios porque cargos y gremios pasaban de padres a hijos. En las Provincias o Nomos los gobernantes eran pequeños faraones controlados por el soberano si éste mantenía bajo su control al ejército; si no era así, algunos llegarían a independizarse o a controlar una de las dos grandes zonas tradicionales de Egipto: el Alto Egipto, el sur y el Bajo Egipto, el Delta del Nilo (el faraón ostentaba la doble corona, la blanca del sur y la roja del norte). En medio, los ciudadanos, cada uno con su profesión (como los artesanos que lo mismo trabajaban en los templos que en palacio o en las sedes de Gobierno provincial), vivían sus vidas, mejor o peor, pagando sus impuestos, pero también disfrutando de pequeños placeres según la situación de crisis o bonanza por la que pasara el Reino. La jornada laboral duraba ocho horas, como hoy en día en muchos lugares del Mundo, pudiendo alargarse hasta diez y cada ocho días descansaban dos. La dieta consistía en pan, carne (solo quiénes podían permitírselo o en celebraciones), pescado, frutas (y frutos secos), verduras, vino (los privilegiados o en los templos), leche y cerveza, ésta última la bebida más popular. Además, gracias a su trabajo podían pagarse sus viviendas e incluso darse de baja laboral por enfermedad y pedirse el día en el trabajo para "asuntos propios", como sucede hoy. Contaban con tribunales que arreglaban o al menos lo intentaban los conflictos laborales, incluso se llegaron a organizar huelgas. Lo mejor que podía pasarles, si eran artesanos, es que les saliera la posibilidad de trabajar en el palacio del faraón, porque contaban con "privilegios" de los que carecían en otros lugares. Las mujeres podían trabajar como sirvientes en las mansiones de los nobles o ricos comerciantes; aunque también había comadronas, tejedoras o dependientas en algún comercio. Y no era como en algunas sociedades "avanzadas" actuales en las que pierden su apellido adquiriendo el del marido, como sucede con las anglosajonas a pesar de ser democráticas, aunque muy machistas. En el Egipto antiguo las mujeres conservaban su nombre de solteras y podían discutir con sus maridos sin ser reprendidas por ello como sucede en las sociedades islámicas actuales. Podían además tener su propio patrimonio, pero por lo general, la sociedad egipcia era más bien machista pues los cargos de responsabilidad eran ocupados por los hombres, salvo muy raras excepciones.

Las inundaciones del Nilo, que duraban cuatro meses aproximadamente, fecundaban la tierra y, una vez retiradas las aguas, permitían arar las tierras y plantar cereales. El producto era supervisado por los escribas e inspectores pasando a su almacenamiento.

Había un calendario de festividades con celebraciones en las que participaba todo el pueblo y se practicaban deportes como los actuales: lucha libre, gimnasia, atletismo, natación, tiro (con arco, claro está), pesca deportiva, etc. Los egipcios cultivaban su cuerpo y al igual que hoy se va para ello a un gimnasio, también entonces podía verse a los más jóvenes y a los soldados levantar pesas para endurecer su musculatura. En las competiciones deportivas se premiaba tanto al campeón como al subcampeón.

Los sacerdotes de los templos vigilaban que todo el sistema de creencias que sostenía al faraón en su trono, considerado un dios, no se viniera abajo; el clero de Amón gozaría de un enorme poder.

La administración del Reino estaba en manos de los escribas que documentaban todo: cuentas, juicios, etc.