El misterio de la Reina-Faraón

28.04.2017

En los anales de Tutmosis III, las inscripciones hablan de los botines recaudados o capturados, los tributos de los reinos sometidos y los presentes que eran enviados por Mittani, Babilonia, Asiria, Hatti, Chipre y otros Estados de la época. Nos encontramos en el siglo XV a.C. La primera campaña del faraón fue conocida como la de la victoria y estableció el principio del poder egipcio en Asia, por eso es la más comentada en los restos hallados. Tutmosis III arremete contra los reinos vasallos que se han declarado en rebeldía, formándose una alianza encabezada por la otra superpotencia: Mitanni. El formidable ejército egipcio avanza y en su camino toma la ciudad de Mejido, donde se refugian los líderes de la alianza. El faraón coge para sí todas las pertenencias de sus enemigos y esclaviza a sus súbditos. Consigue un botín cuantioso en víveres de todo tipo y recauda impuestos. A partir de ese momento, todos los reinos conquistados o sometidos en mayor o menor grado pagarán un tributo, pero Tutmosis repetirá sus campañas en 16 ocasiones más, de las que cuatro serían con objetivos militares. Pero no siempre fue así.

Cuando Tutmosis lleva ejerciendo como faraón tan solo un año sin su tía Hatshepsut, la cual le ha mantenido en la sombra durante más de veinte años, el faraón no duda en lanzarse a la conquista del Mundo. Algunos historiadores creen que la razón del belicismo de Tutmosis es que durante mucho tiempo se le había considerado débil al no poder o no saber enfrentarse a la reina.

El abuelo de Tutmosis III, Tutmosis I, no era de sangre real por lo que su ascenso al trono es una interrogante en la línea sucesoria ya que no se sabe con certeza si pertenecía a una segunda línea dinástica o si sencillamente, como hombre de confianza de Amenofis I, fue nombrado faraón al no tener el anterior rey herederos.

Tutmosis tuvo entre otros hijos a Tutmosis II y a Hatshepsut, que sería tratada como la primera esposa real de Tutmosis II, pero éste murió pronto por lo que ella se quedó con el poder puesto que Tutmosis III tenía tan solo cinco años de edad, si bien en los planes futuros de la reina no figuraba el faraón niño sino su propia hija: Neferu-Ra. Pareciera que Hatshepsut quisiera instaurar una dinastía femenina (aunque los herederos lo eran por vía materna, no paterna, los faraones eran siempre hombres).

Templo de Hatshepsut
Templo de Hatshepsut

Hatshepsut llegaría a divinizarse y construyó el que sin duda es el palacio más espectacular de Egipto, Dyeser-Dyeseru, en el enclave de Deir el-Bahari. Construyó numerosos templos y estableció relaciones comerciales con las potencias de entonces, llevando a cabo campañas victoriosas contra sus enemigos. Pero la reina no podía ser faraona por lo que el Gobierno se hacía en nombre de su sobrino Tutmosis III y su hija a la que casó con él para asegurarse que sería su heredera ya que si Tutmosis decidía casarse con otra mujer gobernaría en solitario.

Tutmosis III soportó esta situación durante quince años. A lo largo de este tiempo Hatshepsut llegó un momento que se saltó la tradición monárquica y se proclamó reina del Alto Egipto dejando a Tutmosis III como rey del Bajo Egipto, si bien la administración del Imperio corría a cargo de la reina.

Un suceso hizo que los planes de Hatshepsut y su favorito, Sen-en-Mut, guardián del culto a Amón, se fueran al traste: la muerte de la hija de ambos, Neferu-Ra y aquí comienzan las brumas de la Historia. Algunos creen que Tutmosis se hizo con el poder absoluto aprovechando el dolor de la reina y su amante, ordenando el faraón la muerte de ambos y otros historiadores creen que no se atrevió y esperó a que murieran, incluso se creía que se suicidaron por amor en su palacio hasta que el formidable trabajo forense de Discovery Channel y su despliegue de medios para averiguar cuál de las cuatro momias candidatas, halladas en el palacio, podía ser la de Hatshepsut dictaminó, sin lugar a dudas, que murió de un virus que le provocó una seria infección bucal, lo que significa que Tutmosis no se atrevió con ella mientras vivió. Tanto él como los faraones posteriores, especialmente los ramésidas, se encargaron de borrar la huella de la reina, no consiguiéndolo ya que su impronta quedó estampada en el espectacular palacio de Deir el Bahari, conocido como el palacio del millón de años.

Durante ocho años la tumba de Sen-en-mut, en la que han participado arqueólogos españoles, ofreció sorprendentes hallazgos como que lanzó una expedición al misterioso País de Punt y que bajo su mandato Egipto conoció una época de gran prosperidad.