España invadió Inglaterra en varias ocasiones

16.05.2017

Antes de la contienda entre la España de Felipe II y la Inglaterra de Isabel I, ya en la Edad Media, el Reino de Castilla, siendo soberano Enrique II de Trastámara envió una expedición de castigo a Inglaterra capitaneada por Fernando Sánchez de Tovar, almirante de Castilla. La razón: el ataque anterior de navíos ingleses a buques castellanos anclados en el puerto francés de Saint Malo, en plena Guerra de los Cien Años. En este largo conflicto, las Armadas castellana e inglesa se verían las caras en numerosas ocasiones contando más proezas por parte de Castilla que de Inglaterra (en La Rochelle en 1372, veintidós galeras hispanas derrotaron a treinta y seis naves inglesas con el consiguiente y sustancioso botín). Francia y Castilla eran las dueñas del Canal de La Mancha en las últimas décadas del siglo XIV y primeros años del siglo XV y no pocas veces la Armada hispanofrancesa castigaba la Costa inglesa, incluso remontando el Támesis para saquear Gravesend, en el extrarradio de Londres.

Pedro I de Castilla envió en ayuda de los franceses a otro corsario, Pero Niño, con tres galeras bien armadas que vigilaban el Canal de la Mancha; incluso junto a Charles de Savoisy remontarían la Ría de Cornualles, saqueando toda la Región. Por lo tanto, fueron muchas más las incursiones españolas en Inglaterra que inglesas en España con lo que el fracaso de la conocida como "Armada Invencible" no significaba que España no pudiera invadir Inglaterra: este Reino ya había sido atacado por España en numerosas ocasiones con éxito.

Incluso, cuando la reina Isabel de Inglaterra creyó que al producirse el desastre de la Armada Invencible podía atacar España enviando ella otra Armada, pensando que las costas españolas estarían desprotegidas, sin barcos que la defendieran ni defensas efectivas, se encontraría con su peor derrota. Pero claro, de esto no hablaban las crónicas inglesas hasta hace bien poco, ni tampoco de como España envió una segunda Armada a Inglaterra en 1595, librando la Batalla de Cornualles. En esta ocasión no se trató de una gran flota sino de una escuadra de cuatro galeras tan solo con tres compañías de arcabuceros que asolaron las localidades de Mousehole, Newlyn, Paul y Penzance; al frente se encontraba el experimentado Juan del Águila.

Batalla de Cornualles
Batalla de Cornualles

En el cuarto barco que llevaban metieron cuantos cañones encontraron en su correría produciéndose entre los soldados españoles tan solo veinte bajas y no por la acción defensiva inglesa, que no tuvo nada que hacer, sino por una gigantesca Armada holandesa con la que se toparían a su regreso.

España se había dado cuenta de que invadir Inglaterra no era tan complicado si la climatología acompañaba, que en 1588 no fue favorable. Así que en 1600 envía una enorme Armada con más de 160 buques y un ejército formado por veteranos. Pero de nuevo, lo que parecía más una maldición que realidad, se volvió contra España y una vez más el mal tiempo jugó en su contra impidiendo, por segunda vez, que España conquistara Inglaterra. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió en 1588, en esta segunda ocasión sí desembarcaron varios barcos españoles en la costa inglesa disponiendo 400 soldados en línea defensiva esperando que el resto de navíos pudieran llevar a cabo su desembarco también. Como el mal tiempo arreciaba finalmente se optó por volver a embarcar a marcharse, pero ahí se pudo ver que Inglaterra daba por perdido su Reino si los españoles conseguían desembarcar puesto que los soldados que llegaron a hacerlo, en esta segunda incursión, no fueron combatidos por ninguna fuerza inglesa enviada para repelerles.

Un año después, el famoso Juan del Águila, volvía a probar fortuna contra Inglaterra. Ya había salido victorioso seis años antes en Cornualles con lo que conocía los mares ingleses. Ahora el objetivo era el puerto de York, en Irlanda, desde donde se probaría un nuevo intento de invasión por parte de España, reinando ya Felipe III. Juan del Águila no llevaba solo cuatro galeras como en Cornualles sino treinta naves con 4.500 soldados. Pero lo que ya parecía increíble volvió a suceder: el mal tiempo ayudó por tercera vez a los ingleses y los españoles en vez de desembarcar en York tuvieron que hacerlo en Kinsale. Atrás se quedó la escuadra que transportaba los suministros y cerca de 700 soldados, quedándose los restantes 3.700 en tierras inglesas, sin provisiones. Se decidió construir fuertes defensivos esperando la llegada de tropas inglesas mientras los barcos zarpaban de nuevo buscando la escuadra de apoyo, pero a diferencia de Cornualles, ahora sí los ingleses enviaron a un ejército con más de 11.000 soldados que sin embargo no pudieron romper las defensas españolas. Aun así, la escuadra con las provisiones y tropas de refresco no llegaba recibiendo las tropas españolas la noticia de que una nueva tormenta la había destruido o sencillamente se habían perdido. Los irlandeses que habían enviado un contingente de apoyo a los españoles estaban descoordinados por lo que acabarían retirándose quedándose los españoles solos ante lo que no les quedaba más remedio que pactar con los ingleses. Las tropas españolas sabían que Inglaterra no hacía prisioneros pues todavía se recordaba con horror la carnicería que llevaron a cabo con los soldados de la Armada Invencible que consiguieron llegar a tierras irlandesas. Juan del Águila, a pesar de su valentía y de haber pagado de su fortuna los gastos hospitalarios para atender a los heridos una vez en Galicia, fue defenestrado por pactar con los ingleses la retirada española, pero murió antes de ser sometido a un consejo de guerra en Madrid. Ahora bien, si Juan del Águila hubiera resistido tan solo un par de días más, hubiese recibido el apoyo de refuerzos que España envió, aunque ya tarde puesto que se había producido la capitulación española.

Parecía que Inglaterra estaba protegida por el dios Neptuno porque siglos después de todos estos intentos de conquistarla por parte de España una nueva expedición, en el marco de la tercera revuelta jacobina, ya en el siglo XVIII, por la que España pretendía ayudar a los escoceses con armas, acabó también en fracaso de nuevo por una tempestad. El plan era desviar la atención de los ingleses hacia Escocia, a donde llegaron dos fragatas españolas con 350 infantes de Marina y miles de mosquetes. Con Cornualles desprotegido al haber marchado los ingleses al norte, España pretendía desembarcar 5.000 soldados en este segundo enclave e invadir Inglaterra por el sur. Al no poder desembarcar en la Península de Cornualles por la enésima tormenta que lo impedía los infantes de Marina que aguardaban en Escocia se quedaron solos y en esta ocasión ni siquiera los escoceses quisieron ayudarles; al menos los irlandeses, el siglo anterior, lo intentaron. Los soldados españoles tomaron el castillo de Eilean Donan, donde dejaron una guarnición de cincuenta infantes de Marina (la Infantería de Marina española es la más antigua del Mundo) marchando los otros 300 a Glen Shiel a combatir contra los ingleses, y aquí sí hablamos de 300 reales, no los famosos espartanos que en realidad estuvieron acompañados de 1.100 soldados en sus últimos momentos. En cambio, los españoles, a pesar de que ayudaban a los escoceces, se vieron solos ante el enemigo.

El castillo sería bombardeado por tres fragatas inglesas con lo que cayó a los pocos días. Finalmente, algunos clanes escoceses, impresionados ante el arrojo español deciden ayudarles y se unen a ellos en la Batalla de Glen Shiel. Pero los ingleses sabían muy bien como combatían los españoles por lo que concentraron su artillería en ellos para evitar que llegaran a las líneas inglesas marchando contra los escoceses que acabaron retirándose despavoridos, quedándose los españoles solos quiénes aguantaron todo el día el acoso inglés. En la zona se sigue conociendo algunos paisajes con nombres españoles en recuerdo de aquella gesta.