Homo Naledi, ¿el eslabón perdido?

16.04.2017

A mediados de septiembre de 2015 se hizo público un sorprendente hallazgo que pudiera cambiar por completo los orígenes de la Humanidad. Se ha descubierto en Sudáfrica una nueva especie de homínido al que se ha denominado Homo Naledi que por su morfología se halla entre los australopitecos y los Homo Habilis que hasta el momento eran considerados los primeros especímenes de seres humanos; el nombre le viene de la lengua local sesotho: "naledi" significa "estrella".

El descubrimiento tuvo lugar realmente hace cuatro años, cuando un espeleólogo aficionado y un geólogo le mostraron a Lee Berger, profesor de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo) un fragmento de mandíbula. El profesor experto se puso en contacto con National Geographic que financió parte de la expedición cuyos primeros resultados se publicaron en 2015, cuando se tuvo claro que se trataba de una especie nueva. Los huesos se hallaron en lo más profundo de la cueva Rising Star, a treinta metros de profundidad y después de recorrer ochenta metros de galerías subiendo finalmente una pared rocosa llegando a la grieta sumamente estrecha tras la que se hallan los huesos; teniendo en cuenta que está completamente a oscuras, quiénes depositaron esos huesos debieron ayudarse de antorchas con lo que ya conocían el fuego. La cueva está a unos 50 kilómetros de Johanesburgo. Son más de 1.500 restos óseos de todas las partes del cuerpo pertenecientes a quince individuos diferentes, tanto varones como hembras y de todas las edades. El problema es que realmente no se sabe su antigüedad debido a que resulta sumamente complicado extraer los huesos ya que debido al complicadísimo acceso al yacimiento solo pudieron llegar a los huesos mujeres muy delgadas que con cámaras retransmitían lo que hallaban a través de la hendidura sacando los huesos con sumo cuidado (todo indica que los huesos fueron depositados por sus congéneres en lo que parece una cripta funeraria). Por la morfología de los huesos incluso hay quiénes piensan que pudieran ser los primeros homínidos, anteriores incluso a los Homo Habilis.

Entre los huesos encontrados no hay traumatismos, ni restos de riadas que pudieran haber arrastrado los huesos ni señales de canibalismo o desgarro provocado por animales depredadores. Al parecer fueron depositados como parte de un ritual funerario lo que se piensa es propio de especies con una morfología más avanzada y no anteriores a 100.000 años. Las científicas que acudieron a la llamada de Berger para poder acceder a la cueva, todas mujeres menudas ya que de lo contrario resultaría imposible, afirmaban que al principio vieron huesos por todas partes con lo que resultaba complicado seleccionarlos siendo las condiciones muy difíciles y peligrosas.

Se están estudiando las extremidades de los individuos encontrados en la cueva para dilucidar si habitualmente caminaban erguidos que suele ser la principal característica que diferencia a los seres humanos de los animales. Lo que sí se ha podido determinar es su capacidad craneal, de tan solo 500 cc. (el cerebro dentro de ese pequeño cráneo no sería más grande que una naranja, la mitad del humano actual). Teniendo en cuenta su torso y pelvis se parecen más a los australopitecos que a los Homo Habilis, la especie inmediatamente posterior; los australopitecos tenían una capacidad craneana de 400 cc. Sin embargo, sus dientes y extremidades son más parecidos a los del Habilis. Los estudios publicados en la revista científica "Nature" indican que pudieron ser una especie de eslabón perdido entre los australopitecos que se desplazaban agarrándose a las ramas de los árboles, como los primates, y los homínidos posteriores que ya andaban erguidos como el Homo Erectus, compaginando el Homo Naledi ambas posibilidades. Los huesos de manos y pies les permitían coger herramientas al contar ya con el pulgar oponible propio nuestro o andar erguidos pero la ligera curvatura igualmente les adaptaban para colgarse de árboles sin problemas si bien la planta del pie aparece un poco más plana que la de su teórico antecesor, el autralopiteco. De éste se llegó a cuestionar que fueran verdaderos antecedentes de la especie Homo; el nuevo hallazgo pudiera explicar el paso evolutivo entre aquellos primeros homínidos y los Erectus posteriores.

El yacimiento es el más importante de toda África por el número de huesos encontrados y uno de los más importantes del Mundo junto con la Sima de los Huesos en Atapuerca (España); la cueva asturiana del El Sidrón (España) es otro yacimiento similar.

Su aspecto era de seres de metro y medio de estatura y un peso aproximado de 45 kilogramos con un cuerpo más estilizado que el de los australopitecos y rasgos más humanos; los dientes son más pequeños. Utilizando tecnología 3D para los huesos extraídos de torax se ha comprobado que la columna vertebral y el tronco eran muy primitivos, como los de un australopiteco (el estudio lo ha llevado a cabo un equipo científico español). Por su morfología, los responsables del hallazgo sitúan al Homo Naledi justo en el origen del género Homo, en el punto intermedio entre los australopitecos y las especies plenamente humanas como Homo Erectus. De ser así, su antigüedad no sería inferior a dos millones de años claro que hay quienes sostienen que tal vez sea un caso parecido al Homo Floresiensis de Indonesia, una especie que se hallaría en un estrato evolutivo intermedio entre el Erectus y el Neandertal que sobrevivió hasta una época muy temprana (se extinguió hace 17.000 años). El Naledi tenía una capacidad craneal propia del Erectus y dientes pequeños que sin embargo convivió en la misma época que el mucho más evolucionado Homo Sapiens Neanderthalensis. De ahí que algunos científicos, a falta de una datación de los huesos encontrados en Sudáfrica, crean que pueda ser un caso similar de homínido poco evolucionado que perduró en esa zona de África. Y es que no son pocas las cuestiones que suscita el hallazgo sudafricano. Con una capacidad craneal tan escasa, más propia de los australopitecos que de los Erectus, que tenían ya 800 cc de media, el doble, ¿cómo pudieron desarrollar rituales funerarios? ¿Utilizaban el fuego para alumbrarse cuando no hay constancia de que supieran usarlo los australopitecos? Y lo más importante, ¿cómo no han sido datados todavía los restos con las técnicas modernas actuales?

Juan Luis Arsuaga, codirector de los yacimientos de Atapuerca, cree posible que existiera en el pasado otro acceso a la gruta que con el tiempo quedó sepultado por lo que no era necesario entonces iluminarse con fuego. Kaye Reed, de la Universidad Estatal de Arizona, opina que debe cogerse la investigación con pinzas pues no hay datos concluyentes todavía.

National Geographic financia en gran parte el hallazgo junto con la Universidad de Witwatersrand, en la que enseña Lee Berger (el investigador principal del yacimiento), y el Gobierno sudafricano por lo que no se entiende que un consorcio tan importante no haya todavía datado los restos que se cuentan por cientos. La excusa es que las condiciones en las que se encuentra el sedimento desaconsejan llevar a cabo esa datación. En cambio el descubrimiento ya fue presentado en el Congreso de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana, en Londres, en septiembre de 2015. Tengamos en cuenta que el trozo de mandíbula que le enseñaron los descubridores del yacimiento a Berger sí ha sido datado ofreciendo una edad de nada menos que 2,6 millones de años. Si todos los huesos pertenecen a una misma comunidad de individuos, como así parece, nos estaría indicando que en el continente africano convivieron dos especies diferentes de Homo. Ambas tendrían al australopiteco como antecesor común pero probablemente evolucionaría hacia el Homo Naledi y en una época posterior al Habilis aunque llegando a convivr estas dos últimas especies; algo parecido a lo que sucedió con los neandertales y los cromañones, que siendo morfológicamente diferentes convivieron en la misma época e incluso se cree que se aparearon dando lugar al Homo Sapiens Sapiens. Tal vez pasó lo mismo con el Naledi y el Habilis surgiendo el Erectus aunque hoy en día se tiende a considerar a todos las subespecies anteriores al Neandertal como Homo Erectus, incluyendo el Habilis primigenio. El Naledi quedaría como un eslabón entre el australopiteco y el Erectus.

El equipo de varios centros universitarios y de investigación que conforman el grupo de científicos que trabajan en los restos hallados en Sudáfrica incluye a John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison, quién describe la nueva especie con piernas largas. Conocen muy bien las diferencias morfológicas con el australopiteco puesto que el principal impulsor del proyecto, Lee Bergen, el profesor que llamó a National Geographic, es conocido en la comunidad paleontológica por sus estudios del "Australopithecus Sediba", en 2008. Al conocer las diferencias mejor que nadie, una vez confirmada la antigüedad de los restos hallados, se demostraría que el bipedismo y la manipulación de objetos no se desarrollaron a la par que se incrementaba la capacidad craneal sino que son hechos independientes con lo que tendrían que valorarse otros criterios para determinar la humanidad de los seres que se van descubriendo; ya no se cuestionaría la humanidad del australopiteco ya que hubiera quedado claro que se trata del antepasado de los homínidos habiendo encontrado ahora el eslabón con los Homo Habilis, los primeros considerados ya verdaderamente humanos.

Los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España Markus Bastir y Daniel García Martínez forman parte del equipo científico que investiga los restos del supuesto nuevo homínido centrándose los españoles en el estudio del tórax ya que tienen experiencia al respecto: en 2011 consiguieron crear un modelo de torax neandertal prácticamente exacta a como debió ser. Han desarrollado una base de datos única sobre la estructura del tórax de los Homo Sapiens pero también de grandes simios y primates no humanos. Con este bagaje los científicos españoles han demostrado que el torax de los individuos hallados en Sudáfrica se parecen más, morfológicamente, a los de los autralopitecos que a los del Homo Erectus. En contra de lo que pueda creerse la investigación del torax es muy compleja y no fue hasta hace tan solo cuartro años cuando se demostró que la parte superior crece de forma independiente con respecto a la inferior, o sea, no son un todo uniforme. La parte superior se coordina con los brazos y la inferior con la pelvis y piernas.

Los resultado están siendo publicados a medida que se analizan participando también las Universidades de Nueva York, la de Columbia y la de kent, pudiendo ser consultados en el medio de acceso libre de Internet "eLIFE".