La agonía de Franco

05.05.2017

A finales de septiembre de 1975, el general Franco sufre un infarto. No sería el último. Entre esas fechas y el doce de octubre sufre otro. El día de la Hispanidad cae enfermo de gripe y sus médicos le recomiendan reposo absoluto. El jefe del Estado tiene 82 años de edad y un acusado Parkinson. Todos ven su deterioro pero aparentemente Franco está aún sano por lo que nadie se atreve siquiera a plantearle que releve la Jefatura del Estado en el príncipe de España, Don Juan Carlos, entre otras cuestiones porque no se tiene claro que su alteza esté capacitado para ostentar ese cargo.

Mientras tanto, en Marruecos, Hassan II planea dar un golpe maestro a la dictadura franquista aprovechando la enfermedad y claro declive del caudillo para impedir que el Sáhara Occidental se independice a la muerte de Franco, como se prevé. Si esto ocurriera, los saharauis, en agradecimiento, recurrirían a las empresas españolas para que explotaran sus recursos naturales que parecieran inagotables. Dichos recursos han de ser para Marruecos, piensa Hassan, por lo que se dispone a mover ficha en el intrigante tablero de ajedrez en el que se habían convertido las relaciones diplomáticas hispanomarroquíes con la participación de otras potencias que permanecían expectantes ante lo que pudiera ocurrir en España y el futuro del Sáhara (ni Francia ni los Estados Unidos avisaron a España de lo que el rey de Marruecos urdía a pesar de ser aliados pues ellos también tenían claros intereses en la zona; Francia porque ejercía una gran influencia en toda África Noroccidental y Estados Unidos porque consideraba la región como muy estratégica -en la actualidad, en Marruecos se encuentra el mando militar regional norteamericano de África, desde donde controlan sus bases e intereses militares, económicos y políticos en todo el Continente-).

Marruecos prepara la famosa "marcha verde" que movilizará a 300.000 marroquíes, supuestamente desarmados, a la frontera con el Sáhara Occidental. Al otro lado les esperan 20.000 soldados españoles con mejor preparación y medios que el ejército marroquí que de todos modos ha concentrado también a otros 20.000 soldados cerca. Las autoridades españolas advierten que la frontera está minada y que de continuar la marcha verde pudiera ser una masacre. La situación es muy tensa y aunque en principio Arias Navarro, presidente del Gobierno, no quiere informar al jefe del Estado, debido a su precario estado de salud, éste se entera por su médico personal y yerno, el marqués de Villaverde.

Los españoles no saben nada de lo que ocurre. Ignoran que Franco ha sufrido ya tres infartos y los planes marroquíes hasta que la presión de Hassan II es insoportable y el Consejo de Ministros decide comunicarlo pero con muchas reservas. No quieren dar la impresión de que el Movimiento Nacional Católico que les sustenta en el poder está en las últimas ya que podría provocar manifestaciones y movilizaciones de los partidos de izquierda que permanecen en la clandestinidad e incluso atentados de la organización terrorista ETA que ya había matado a 47 personas afines o funcionarios del Régimen, incluyendo al presidente Carrero Blanco en 1973, lo que le confirió a la organización vasca cierto aura de banda extremadamente peligrosa. Las Fuerzas de Seguridad ya se la estaban tomando en serio pues sabían de lo que eran capaces esos terroristas que por entonces son más un grupo antifranquista que independentista.

El 30 de octubre, don Juan Carlos asume la jefatura del Estado. No es la primera vez que lo hace en vida de Franco, el año anterior ya lo había hecho pero los altos mandos militares y jefes del Movimiento desconfían del joven príncipe. Creen que no está a la altura de la situación. Se equivocan: don Juan Carlos demostrará ser un hombre sumamente astuto y jugará con ellos en su propio terreno hasta convertir a España en una democracia plena sin derramar sangre ni confrontaciones y traspasando el poder de los anteriores órganos falangistas a los nuevos democráticos de manera legal, instaurando nuevas ordenanzas y todo de un modo progresivo pero dando pasos firmes y seguros.

Sin embargo, en esos momentos, la situación es de mucha incertidumbre. Las fuerzas españolas en el Sáhara esperan orden para defender el territorio y se preparan para entrar en combate. Nadie sabe qué hacer. El príncipe cree en ese momento, como todos, que la guerra es inevitable y será él quién tenga el papel detestable de declararla.

Los médicos que atienden a Franco tienen mucho miedo a que se tergiverse lo que ellos dicen sobre el estado de salud del generalísimo o que se les acuse de no atenderle como es debido por lo que firman ante notario y en secreto un documento en el que narran todo lo que acontece en torno a la agonía del dictador, un verdadero vía crucis que comienza realmente el día dos de noviembre, cuando Franco sufre una hemorragia incontenible (los médicos dirían más tarde que sangraba más de lo que les daba tiempo a transfundir).

El cirujano Juan Abarca, testigo de la agonía de Franco recuerda que el procedimiento que siguieron desde un principio dejó mucho que desear. Probablemente por la importancia del paciente y el miedo a que algo saliera mal lo que motivó que las cosas se hicieran aprisa y corriendo y sin meditarlas lo suficiente: había que buscar soluciones inmediatas antes de que los jerarcas del Régimen pensaran que el equipo médico es incompentente o creyesen que pretenden matar al generalísimo por afiliación política de alguno de los miembros de dicho equipo o a saber que otra cosa pudieran cavilar en momentos tan delicados en los que todos desconfiaban de todos. En cualquier caso el miedo en el equipo médico era palpable debido a lo cual y ante la urgencia del momento deciden operar a Franco en el Pardo para lo que acondicionan de mala manera un cuartucho que servía como dependencia para la guardia del palacio y que llevaba cerrado varios años produciéndose una escena inaudita: la habitación de Franco y el pasillo contiguo así como la escalera no permiten que sea trasladado en camilla ya que son estrechos por lo que se lleva al dictador en una sábana empapado en sangre y completamente desnudo. Francisco Franco, vencedor de la Guerra Civil española, caudillo del bando nacional español y capitán general de sus ejércitos, conducido como si fuera un mendigo al que hayan encontrado tirado en la calle desangrado y operado de cualquier manera como solución de urgencia.

En vez de practicar una resección total del hígado dañado de Franco, o sea, su extirpación, se le practica la resección de una tercera parte del órgano defectuoso, concretamente lo que se cree está dañado cuando el manual recomendaba en esos casos extraer todo el órgano con lo que se hubiera extirpado el mal del todo y Franco hubiera vivido con casi toda seguridad, desorientando a todos incluido a Hassán II que esperaba ansioso su muerte. Pero el destino y la Historia son así.

Tal vez Franco debía morir entonces porque de haber sobrevivido es más que probable que hubiera ordenado que el Sáhara se defendiera militarmente y la declaración de guerra a Marruecos, conflicto que con casi toda seguridad hubiera ganado España pero con un saldo de muertos importante, sobre todo civiles marroquíes que hubieran caído en la marcha verde hacia el Sáhara (el rey de Marruecos demostró que sus súbditos no le importaban lo más mínimo cuando les comunicó a las autoridades españolas que calculaba que morirían 30.000 marroquíes de la marcha verde y que sería la excusa que necesitaban para entrar en guerra con España). El conflicto le hubiera pasado factura a España pero también pudiera haber reforzado al Régimen al salir victorioso de la guerra dando una imagen de poder ante el Mundo con lo que la Historia de España hubiera sido distinta. La transición política se habría retrasado, los poderes del Movimiento hubieran tramado para encontrar un mejor sustituto que don Juan Carlos, alguien que mantuviera vivo el espíritu franquista o era tal el miedo que se le tenía al carisma de Franco (que a fin de cuentas es quién eligió al príncipe) y a su aparato represor que el rey lo hubiera sido de todos modos pero sabemos que el marqués de Villaverde quería a su hija emparentada con la realeza (se casó con Alfonso de Borbón, primo del rey) y por lo tanto, con un generalísimo todavía vivo el marqués hubiera tenido tiempo suficiente para que Franco cambiara su testamento y dejara al frente del Estado a su yerno. De hecho se dijo que la pretensión de los altos dignatarios del Régimen era mantener a Franco vivo, aunque fuera de forma artificial, hasta el 26 de noviembre al menos para que diera tiempo a nombrar al presidente de las Cortes, el tercer cargo en importancia del Régimen franquista después del de jefe del Estado y presidente del Gobierno (éste último, Carlos Arias Navarro, que esperaba que su cargo se alargase, como dictaba la Ley de entonces, hasta 1979 y con su mandato continuara también viva la dictadura). Los franquistas proponían para el cargo de presidente de las Cortes a Alejandro Rodríguez de Valcarcel y Nebreda y sabían que si Franco seguía vivo nadie osaría contradecir dicha propuesta pero Franco murió antes con lo que no se produce el nombramiento de Valcarcel. De todos modos, este alto dignatario del Régimen franquista era Presidente del Consejo de Regencia creado mientras se procedía al nombramiento del nuevo jefe del Estado, y como tal, durante dos días (entre el 20 y el 22 de noviembre) fue el hombre más poderoso del País.

La mayoría de analistas e historiadores opinan que don Juan Carlos hubiera sido proclamado rey de todas maneras pero, si Franco hubiese sobrevivido un poco más evidentemente el nombramiento del de Borbón se habría retrasado; todo hubiese sido como ha ocurrido pero en una época más tardía. Ahora bien, imaginemos por un momento que Franco no muere en 1975; ¿qué hubiera pasado con Hassán II? El ejército español invadiendo Marruecos en momentos de crisis energética y por lo tanto con un Sáhara convertido en Comunidad Autónoma española como posteriormente lo serían Andalucía, Cataluña, Aragón, etc. y un protectorado en Marruecos como lo tuvo España en los años 40. Las empresas españolas se hubieran hecho con los enormes recursos naturales saharauis y España se habría convertido en una gran potencia en todos los aspectos.

Pero nada de lo anterior ocurrió por que el destino no lo vio prudente. La época imperialista española había pasado hacía tiempo y don Juan Carlos estaba llamado a superar una dura prueba: la transición española de la segunda mitad de los 70 y primeros años 80. Franco, por lo tanto, tenía que morir. Con esta premisa hay quiénes han escrito en plan conspiranoico diciendo que alguien tramó para que Franco muriera pero con los datos que tenemos en nuestro poder no se puede afirmar ni negar, lo que sí está claro es que se le mantuvo agonizando en lo que ya resultaba una crueldad incluso para un dictador y el marqués de Villaverde tuvo mucho que ver en su horrible agonía. Se cuenta que el marqués era un hombre muy ambicioso y probablemente esperaba algún trato de favor por parte del rey pues cada vez se veía más claro que el Régimen iba a desaparecer con Franco, pero éste no terminaba de morir. El general siempre gozó de un envidiable estado de salud, incluso en sus últimos días.

La madrugada de la operación en El Pardo, la luz se fue y tuvieron que despertar de urgencia al electricista del pueblo para que solucionara la avería. Además el suelo del improvisado quirófano estaba mojado por lo que los cables chisporroteaban y se mantenía iluminada la operación de vientre abierto con linternas. Aún así, Franco sobrevivió a las tres horas de intervención.

El cinco de noviembre, Franco entra en crisis de nuevo pero en esta ocasión es trasladado al Hospital de la Paz. El traslado en ambulancia es peligroso pero Franco llega vivo. Pareciera que nada ni nadie pudiera con este soldado que se resiste a morir.

Según declararía el periodista Jaime Peñafiel a quién llegaron las fotografías que mostraban la grotesca agonía de Franco, tras consultar al doctor Hidalgo Huertas, quién intervino quirúrgicamente al jefe del Estado del anterior Régimen en tres ocasiones, a vida o muerte, el médico le diría que las fotografías fueron tomadas entre el 14 y el 19 de noviembre. Lo sabía con certeza por que en dichas imágenes puede verse un drenaje que le pusieron a Franco aclarando el doctor que era para que no pasara la bilis y que sería colocado precisamente el día 14 de noviembre. Del marqués de Villaverde, yerno de Franco y también médico, el doctor Hidalgo Huertas le diría a Peñafiel que se comportó con su suegro como lo haría un hijo con un padre. El propio doctor Huertas le pediría a Peñafiel que no publicara las fotografías porque le causaría un gran perjuicio pero el periodista no le hizo caso y procedería a su publicación en "La Revista", en 1984. El marqués de Villaverde, al ver la publicación, reconocería que él hizo las fotografías de Franco convaleciente rodeado de tubos y máquinas. El yerno del dictador alegaría que le robaron las fotos de su despacho en el Hospital de La Paz, donde fue atendido Franco en sus últimos días y donde murió. La publicación de las fotos supuso el despido inmediato del marqués del Hospital denunciando a Peñafiel pero perdiendo el juicio.

El 19 de noviembre, después de dos largas semanas de agonía sin fin, se produce otro hecho que ha dado mucho que hablar y que sostienen los partidarios de la conspiración que aseguran se llevó a cabo un complot para acabar de una vez con el dictador y hacer posible el cambio de Régimen: tanto el presidente de las Cortes como el del Consejo del Reino, los dos más altos cargos del Movimiento (junto al presidente del Gobierno, Arias Navarro), verán prorrogados sus mandatos por seis años más si Franco sobrevive ya que el 26 de noviembre expira el mandato de los dos jerarcas franquistas que esperan sea renovado como ocurrió con Arias un año antes, confirmado en su puesto por el mismo Franco.

Los problemas graves de salud que llevarían a Franco a la muerte comenzaron, realmente, más de un año antes cuando fue ingresado en el Hospital que llevaba su nombre (Hospital Francisco Franco). Por entonces, ya comenzaron los problemas con el marqués de Villaverde que se encontraba en Filipinas alternando con otro dictador, Ferdinand Marcos. El ingreso de Franco fue de urgencia con lo que no pudo consultarse al marqués quién cuando regresa a España protagonizó un lamentable enfrentamiento con el equipo médico que trataba al general. El marqués ordenó que se instalara un equipo médico con medios técnicos y dos enfermeras en el Palacio de El Pardo, residencia de Franco, para que se le atendiera allí sin necesidad de ser trasladado a ningún Hospital si se repetía uan crisis. De ese modo no volvería a haber injerencias de nadie en las decisiones que tomara el marqués. Pero la crisis se repite un año después, ya en 1975: a pesar de un primer infarto que diagnosticaría, sin lugar a dudas, el doctor-cardiólogo Ernesto Castro Fariñas, y que aquejó al general en la madrugada del 15 de octubre, no se le haría un electrocardiograma hasta la noche de dicho día, transcurridas muchas horas. Aun así, preside el Consejo de Ministros del día 17 de octubre, siendo su último acto oficial tras el que redactaría su testamento: (...) "Os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado (...)"; tras "España" aparece, con letra distinta: "D. Juan Carlos", siendo escrito por la hija del general, la marquesa de Villaverde, según confesó uno de los ministros franquistas. Parece que Franco, en sus últimos momentos, quería dejar claro (y su letra, aquejado de parkinson, no era demasiado clara) que su único sucesor era el príncipe Juan Carlos de Borbón, por lo que pudiera pasar tras su muerte. Tanto los ministros como demás altos mandos militares y civiles del Régimen se veían obligados a tratar con el marqués de Villaverde pues mantenía a Franco bajo su supervisión médica sin posibilidad alguna de comprobar su verdadero estado de salud sin la autorización del marqués, así que durante la agonía de Franco, el hombre más influyente del Régimen fue Cristobal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde. Él era el único que sabía si Franco viviría o moriría, el único con acceso al jefe del Estado junto a su equipo médico.

El primer parte médico del 21 de octubre en el que se decía que Franco padecía una simple gripe aunque le había provocado una crisis coronaria, fue malinterpretado por los periódicos de todo el Mundo llegando a publicarse que había muerto; incluso en Times Square, en Nueva York, en los letreros luminosos que puden verse todavía hoy dando noticias, se pdo leer: Franco is died.

El tres de noviembre, Franco sufre una hemorragia gástrica. Mientras se desangra en El Pardo, un lugar oscuro y antiguo, los médicos no se ponen de acuerdo sobre cómo intervenir: el doctor Hidalgo Huertas y el marqués deciden la intervención quirúrgica con la que no están de acuerdo los otros médicos ya que opinan que supondrá una carnicería sin garantías de mejora debido al avanzado deterioro y edad del enfermo. Ese tiempo precioso de indecisión supuso que se le interviniera de urgencia al no contar con la seguridad de que sobreviviera a un traslado en ambulancia a un Hospital. Se decide intervenirle en El Pardo, en el botiquín del Regimiento, pero deben recorrer 200 metros con un convaleciente chorreando sangre en una improvisada camilla. Una vez en el botiquín los medios son muy escasos. Incluso la luz es tenue por lo que deben dirigir unas lámparas hacia el enfermo para que los médicos puedan intervenirle. Para que haya más energía eléctrica en el improvisado quirófano se anula la corriente en el resto del Palacio concentrando el flujo en el botiquín pero aun así el bisturí eléctrico falla; sin embargo, el doctor Hidalgo Huertas consigue hacer un gran trabajo, dentro de la precariedad del lugar, y cortar la hemorragia; la intervención ha durado tres horas en las que Franco no ha estado consciente puesto que sufre un desvanecimiento en el traslado al botiquín. Fuera esperan el principe Juan Carlos de Borbón, algún ministro y altos mandos militares, fumando a oscuras esperando noticias delo que suecede dentro del botiquín.

Aunque se frenó la hemorragia, Franco vuelve a sangrar de forma abundante el día siete de noviembre. Los médicos consideran que para evitar el dantesco espectáculo en el botiquín del palacio, a pesar de que el marqués de Villaverde se niega, Franco debe ser trasladado al Hospital de La Paz para ser atendido con medios más dignos y avanzados.

La comitiva que escolta al "generalísimo" es impresionante y ya en La Paz llegaría en una segunda comitiva las reliquias sagradas que Franco veneraba en su residencia oficial: el brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús y un manto de la Virgen del Pilar.

La segunda intervención quirúrgica es abrumadora: cuatro horas de operación en la que se le extirpa casi todo el estómago detectándose ¡once! úlceras sangrantes.

Tras una semana ingresado en el Hospital, prácticamente inconsciente, se le interviene por tercera vez. El equipo médico que atiende al jefe del Estado lo conforman 32 facultativos: ya no se sabe si realmente cooperan u observan lo que saben es irremediable. Algunos de ellos dirían después que se le estaba alargando la vida de forma artificial en un ejercicio de crueldad como no habían visto nunca puesto que era imposible que se recuperara.

Los gerifaltes del Régimen se suceden en las visitas al moribundo recibidos en el Hospital por el ministro de Trabajo y a pesar de que cuando se marchan llegan a responder a las preguntas de la prensa sobre el estado de salud del general, en realidad ninguno ha podido verle; se les ha prohibido la entrada en la habitación en la que se encuentra Franco. En una antesala se les comunica como se encuentra pero su verdadero estado es secreto reservado.

El doctor Vicente Pozuelo Escudero, médico personal de Franco, fue nombrado por el equipo de doctores como el portavoz que anunciaría los partes. En su libro "Los últimos 476 días de Franco" menciona que se hizo todo lo  humanamente posible por salvar la vida del general, incluso tratamientos extravagantes como utilizar hormona del crecimiento para parar las úlceras sangrantes de Franco que se creía eran provocadas por el estrés. Para ello, se le cortó la medicina que una mujer de baja estatura estaba recibiendo para administrársela al dictador con la consiguiente  lógica protesta de la afectada. Incluso se mantuvo el cuerpo de Franco a 33 grados centígrados creyendo que eso solucionaría algo pero el organismo estaba muy dañado, provocando una hipotermia ya en sus últimos momentos. El doctor José Luís Palma, que formó parte del equipo médico que atendió a Franco desmintió rotundamente, en su libro "El Paciente de El Pardo", que hicieran un paco de silencio ocultando el estado de salud real de Franco.

En un ascensor del Hospital el rey le dice al marqués de Villaverde que la situación es insostenible. Éste decide echar a todos los médicos de la planta, solo queda la guardia personal de Franco y casualmente el dictador moriría a las pocas horas. Nos encontramos ya en el día 19 de noviembre. Según el único superviviente que queda del equipo forense que trató a Franco ya cadáver, el doctor Piga, el 20 de octubre, cuando aún Franco no ha sufrido las crisis que le llevarían a las intervenciones quirúrgicas posteriores, recibe la visita de uno de los médicos del jefe del Estado quién le insta a tenerlo todo preparado para amortajar al general cuando muera. El día 19, por la noche, recibe la llamada que durante todo noviembre estuvo esperandosiendo recogido por un chofer enviado por la Casa Civil a las tres de la madrugada (pero se le avisó a las once de la noche) y cuando llega al Hospital no encuentra a ningún médico. Posteriormente, una vez terminado su trabajo, tanto él como sus colegas forenses son acompañados por el jefe de la guardia de Franco. Prueba de lo maltrecho que había quedado el cuerpo de Franco fue que al introducir la solución de formaldehído, alcohol y agua en las venas y arterias del cadáver para su embalsamiento, el compuesto se fugaba por múltiples orificios.

En el comunicado oficial se diría que Franco murió a las 05:25 (aunque algún periódico diría que a las 04:40 horas y en otros a las 04:58) cuando realmente lo hizo en torno a las once de la noche anterior. El argumento que esgrimen quiénes defienden esta teoría es que en las oficinas de prensa, cuyos reporteros destacados en el Hospital registran la afluencia de personalidades y dignatarios, observan que desde las once de la noche no hay tanto flujo de personas; incluso ha llegado la esposa de Franco y el presidente del Gobierno así como el ministro de Justicia, esto último determinante puesto que es el que debe dejar constancia notarial de la muerte del jefe del Estado.

El caso es que la muerte de Franco sorprendió incluso a los reporteros ya que llegó antes a las redacciones a través, seguramente, del personal del Hospital. El cardenal Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal de España, está preparado para las cinco de la madrugada del día 20 para oficiar la homilía por la muerte de Franco.


Como datos curiosos la venta de 15.000 metros de tela con los colores de la bandera española en Galerías Preciados (una de las dos cadenas de grandes superficies comerciales que entonces competían en España) y la suspensión del film "Satanás nunca duerme", una película norteamericana de 1962, protagonizada por William Holden y Clifton Webb que Televisión Española tenía programada para la noche del 20 de noviembre. A pesar de que el film es un alegato anticomunista, la dirección de Radiotelevisión Española creyó oportuno suspender la emisión.

La esposa de Franco entregó al cardenal Marcelo Gómez, afín al Régimen franquista, el brazo de Santa Teresa de Jesús, una vez muerto su marido; cabe preguntarse si tan venerado era Franco, tal vez no lo fue tanto por Carmen Polo que lo mismo se quedó descansada al quitarse de en medio tan grotesca reliquia. Naturalmente se diría que lo hizo como donación de su familia a la Iglesia Cristiana-Católica.

El rey tenía vía libre para hacerse con el poder y nombrar a hombres de su confianza para dirigir los designios del País y así fue de hecho, nombrando a su mentor, Torcuato Fernández Miranda, considerado uno de los artífices de la transición, para ejercer los dos cargos más importantes después del de jefe del Estado y presidente del Gobierno (presidente de las Cortes y del Consejo del Reino) y un año después Adolfo Suárez sería nombrado por el rey como presidente del Gobierno a pesar de que Arias Navarro había renovado su cargo por orden de Franco hasta 1979, pero Arias no entraba en los planes del rey: enterrar el anterior Régimen con su fundador y eliminar de la vida política a los franquistas que aún quedaban. Había terminado la era de Francisco Franco Bahamonde, caudillo de un grupo de españoles; comenzaba la de Juan Carlos I de Borbón y Borbón, soberano de todos los españoles.