La Babilonia de Hammurabi

28.04.2017

En 1894 a.C., el amorreo Sumu-abum ocupa Babilonia e instala en ella su capital desde donde extiende su influencia por todo el sur mesopotámico naciendo la primera dinastía babilónica. Asiria contempla preocupada lo que sucede en el sur. Los asirios son un pueblo guerrero, conquistador y en ese momento dominan la situación en la región, por lo que no pueden permitir que un nuevo poder se instale en el sur. Han de evitarlo a toda costa. Pero Babilonia crece sin parar hasta que uno de sus reyes, Hammurabi, que gobernó durante nada menos que 42 años, se convierte en el monarca más poderoso de todo el sur de Mesopotamia. Su intención es reinar sobre toda ella para lo que vence en sucesivas campañas a los reyes de Uruk, donde se erigen impresionantes momumentos, Larsa, que había dominado la situación geopolítica durante todo el siglo XIX a.C., Eshnunna, cuya diplomacia era clave para mantener el equilibrio en la región, la riquísima Mari e incluso a la todopoderosa Asiria.

Hammurabi (1792-1750 a.C.)

Sus proezas fueron varias como convertir un reino de tan solo 50 kms. cuadrados en un vasto imperio cuyos territorios incluían zonas extramesopotámicas. El único rey que puede hacerle frente en ese momento es Rim-Sin de Larsa. Los demás están demasiado debilitados, sobre todo los asirios. Hammurabi lo sabe, su servicio de espionaje es eficaz por lo que decide atacar, aunque lo hace con cabeza, poco a poco. Conquista una ciudad, la reorganiza y explota económicamente y una vez fuerte de nuevo conquista otra.

Hammurabi administra el reino en provincias, gobernadas por los shakkanakku o gobernadores, pero resta importancia a las ciudades para instaurar la idea imperial. Babilonia es la ciudad, la capital, el Imperio; todos son babilonios, el resto de ciudades son centros administrativos desde donde se imparte el poder babilónico. Hay controles militares por todas partes y el ejército es profesional. Los salarios eran en especie y en el caso de los altos cargos también tierras que con el tiempo convertirían en propiedades privadas que se pasarían en herencia.

Mesopotamia se divide en dos zonas de influencia: al sur la Babilonia de Hammurabi y al norte Asiria que renuncia a sus pretensiones en el sur, naciendo entre los dos reinos una relación de respeto-odio que terminaría con la intervención hitita siglos después.

Otra reforma de Hammurabi, tal vez la más conocida, es la organización judicial: los jueces pasan a depender del monarca, no de los templos, los cuales más que centros religiosos y judiciales pasan a ser económicos. La economía y el comercio son cruciales para el mantenimiento del Imperio por lo que Hammurabi permite que los comerciantes se asocien y sus beneficios solo están limitados por el gravamen impuesto por el rey, pero la agricultura se ve profundamente afectada por las continuas guerras y las levas para alistar soldados entre los campesinos.

Estela de Hammurabi
Estela de Hammurabi

La herencia más importante de Hammurabi es su famoso código, que avala el mismísimo dios Shamash quién aparece en la escena superior de la estela que se encontró en Susa. Resulta curioso porque es posible que la idea de que los diez mandamientos judíos fueran entregados por Dios a Moisés se tomara de esta imagen en la que Hammurabi recibe de su dios el código legal que impondría a sus súbditos, aunque para ser sinceros, su efectividad no fue demasiada ya que apenas se llevó a la práctica, pero nos permite conocer la mentalidad del rey y de los babilonios, incluso de los sumerios. La estela recoge tradiciones pasadas, si bien también aquí este magnífico monarca introduce cambios con respecto a épocas anteriores ya que no se trata ahora de reparar económicamente el daño causado sino de aplicar un castigo lo más parecido posible a la afrenta, la conocida como Ley del Talión, "ojo por ojo, diente por diente".

El código nos permite conocer la mentalidad babilonia y la sociedad de dicha época, primer cuarto del siglo XVIII a.C. Existen tres grupos sociales: los awilum que son los ciudadanos libres, los mushkenu, siervos o asalariados y los wardum o esclavos. De entre éstos últimos estaban los que debido a sus deudas no tuvieron más remedio que convertirse en esclavos para pagarlas con su trabajo debiendo satisfacer unos intereses que son regulados, por primera vez, y recogidos en el Código de Hammurabi estableciéndose un tope máximo a dichos intereses además de un límite de tres años para su condición de esclavitud, si era contraída por deudas.

El Código establece la protección de las mujeres, niños y desamparados como los huérfanos pero se cree que se debía al interés de evitar conflictos de carácter social entre los mushkenu y los awilum. Para combatir en el exterior, era necesaria la paz interior.

El rey quería un imperio unificado, con una sola religión (el culto a Marduk, que en la práctica no era muy seguido ya que tenía más éxito el culto a los dioses tradicionales de cada lugar) y una sola lengua, el acadio. Su obsesión era la estabilidad interna con la que poder mantener su influencia exterior.

A la muerte de Hammurabi, los monarcas que le suceden se ven envueltos en numerosas guerras que minarían la capacidad económica del reino. En el sur aparece el País del Mar, formado por sumerios y acadios (no había diferencias entre ellos prácticamente salvo por el idioma y poco más) descontentos con Samsu-iluna, sucesor de Hammurabi.

Ciencias, letras y arte

Herederas de la literatura sumeroacadia, las letras babilónicas nos han dado himnos, poemas, tratados administrativos y religiosos como los himnos a Marduk, Ishtar y Nabu o el mito de Etana, el de Zu y el del diluvio universal del que sin duda los hebreos tomaron prestada su historia de Noé, copiado del poema de Atrakhasis, que como aquel, escapó al desastre junto con su familia.

En la época paelobabilónica se conocían las raíces cuadradas, las potencias y las ecuaciones y su geometría sería posteriormente adoptada por los griegos para sus cálculos de ingeniería.

Conocían cinco planetas, sus elípticas y otros fenómenos celestes gracias a la observación de las estrellas y a los cálculos astronómicos que realizaron que les permitieron establecer un calendario lunar, pero sobre todo la semana que conocemos de siete días con 24 horas cada día.

Tenían mapas, medidas de distancia, tablas de pesos diversos y una avanzada medicina que incluso practicaba operaciones de cierta complejidad.

No se conservan restos arquitectónicos de la época amorrea; lo que sabemos se debe a los textos recuperados en tablas de arcilla.

Adorador de Larsa (Museo del Louvre)
Adorador de Larsa (Museo del Louvre)

Las estatuas que se han hallado de la época de Hammurabi se realizaban en terracota, piedra o metal como la escultura del súbdito arrodillado en señal de ofrenda votiva al rey, que se conserva en el Museo del Louvre.

Los cassitas aparecen en escena como nuevo poder a tener en cuenta que no cesa de atosigar a las fuerzas babilonias, aunque serían los hititas los que les darían el golpe de gracia ya en el siglo XVI a.C. Los hititas solo querían botín y dejar claro quienes mandaban desde entonces por lo que se retiraron al Anatolia de donde procedían, hecho aprovechado por los sumerios y acadios del sur para instalarse en Babilonia durante algunos años hasta que los cassitas instauraron su primera dinastía en la ciudad. El período paleobabilónico (2003-1595 a.C.) había concluido para dar paso al periodo mesobabilónico de las dinastías II, III y IV de los cassitas.