La CIA desclasifica informes reservados sobre España

30.05.2017

JAVIER MÁRQUEZ

Cuando en 1975 muere Franco, le sucede al frente del Estado español el rey Juan Carlos I de Borbón, pero no contaba con demasiados apoyos en el Régimen heredado del general ya fallecido. Tampoco los Estados Unidos tenían demasiada confianza en el joven rey. En un telegrama enviado desde España a Washington la CIA, el tres de agosto de 1974, un año antes de morir Franco, dice que a pesar de que se confiaba en el todavía príncipe para presidir un Consejo de Ministros, ante la convalecencia del dictador, en realidad nadie reconocía su autoridad; sencillamente se le soportaba, en ese momento, por respeto a Franco que lo había nombrado. Y recién muerto Franco, al año siguiente, los agentes de la CIA destacados en España dudaban de las cualidades del rey para acometer de forma efectiva la transición política que necesitaba España. Pero en 1983, finalizada ya la Transición política y viendo que el rey seguía en el trono, habiendo superado una intentona golpista en 1981, incluso con un partido socialista en el Gobierno al año siguiente, viviendo en democracia plena, la CIA cambia de opinión: «Ha actuado a menudo como un pararrayos para el descontento militar», es la frase que más ha trascendido del documento que la CIA envía a Washington el dos de diciembre de 1983.

Desde que la Web de la Central de Inteligencia permite acceder a cientos de miles de documentos desclasificados, se ha podido saber este año (2017) cómo evolucionó la percepción que la CIA tenía de Juan Carlos I, en sus primeros años de reinado. 12.500 de esos documentos reservados ahora de acceso público nos relatan las impresiones que los espías de Estados Unidos tenían de la transición española. Aunque los documentos llevaban desclasificados algún tiempo, para consultarlos había que ir a Maryland y en horario de visita solicitar el acceso a uno de los cuatro ordenadores habilitados para ello, que como resultará comprensible para el lector se encontraban siempre ocupados. Gracias a la Web ahora cualquiera puede consultarlos desde su casa y así ha sido como el Mundo ha sabido que la imagen que la CIA tenía del rey español (hoy monarca emérito desde que abdicó en su hijo, Felipe VI) no se correspondía con la de la prensa norteamericana de mediados de los 70, que sí le valoraba positivamente. Todo fue por el Consejo de Ministros del 74 que la prensa decía que convoca el príncipe Juan Carlos dando una imagen de autoridad analizando la CIA, en cambio, que es solo fachada pues si realmente hubiera sido un ejercicio de autoridad hubiese convocado la reunión en su residencia y no que lo hizo en el Palacio de El Pardo, donde vivía Franco. Añade el comunicado de los agentes que las últimas leyes aprobadas entonces (1974) por el príncipe Juan Carlos, en realidad eran proyectos de Ley que habían pasado el filtro del general.

Cuando muere Franco, la CIA les pide a sus agentes que sondeen la situación para saber a qué atenerse y comunican que el rey no cuenta con demasiado respaldo en el Gobierno, pero sí en la población, aunque esto último porque no hay otra alternativa ya que seguían bajo una dictadura solo que ahora el jefe del Estado era el rey. Sin embargo, en todas las cancillerías se daba por hecho que España iniciaría una transición hacia la democracia muerto Franco, pero la CIA desconfiaba de que el artífice de ese logro fuera Juan Carlos I, al no verle con suficiente carisma, señalando que la clave de su éxito o fracaso pudiera ser el caso que hiciera de los consejos de su esposa, la reina Sofía: «Desde su matrimonio parece haber ganado confianza en sí mismo. Sofía es una influencia positiva». Los espías norteamericanos admiten que Juan Carlos está convencido de que España necesita un cambio político aperturista, pero creen que tiene miedo a que los militares no estén de acuerdo; no le ven con la fuerza suficiente como para controlar a los gerifaltes del Régimen militar que todavía gobierna España y que llevan décadas en el poder. Sin embargo, en 1983, cambian por completo su percepción y le consideran el motor de la transición política. ¿Por qué ese cambio en la apreciación que tenía la CIA del rey? Según los comunicados desclasificados, por la impresión muy grata y sorprendente que les causó el manejo de la situación durante el 23-F, el golpe de Estado de 1981. Creen que mantiene a los militares tranquilos desde que superó la dura prueba de la intentona golpista lo que le dio el prestigio y autoridad que necesitaba en las Fuerzas Armadas.

Los espías de Estados Unidos analizaron a fondo la figura de Adolfo Suárez y de las personas que mandaban en el proceso que intentaba llevar a España hacia una democracia o mantenerla en una dictadura y de hecho acertaron en sus pronósticos sobre la posibilidad de un golpe de Estado debido a la tensión reinante. Informaron de que sus fuentes les hablaban del malestar entre altos mandos militares con el rey. También los mandos militares de los Cuerpos de Seguridad estaban molestos porque desde la muerte de Franco las organizaciones terroristas se estaban cebando con los policías y guardias civiles al no haber la mano dura con el terrorismo que había en vida de Franco. De hecho, saltó a la prensa que los Cuerpos de Seguridad seguían utilizando la tortura con los detenidos sospechosos de terrorismo y los militares no veían apoyo del nuevo Gobierno por lo que temían que los implicados fueran a la cárcel, lo que para ellos era una situación nueva. Los espías norteamericanos añadían que en España los golpes de Estado no eran algo extraño y que, si los militares observan que la Nación se corrompe desde su perspectiva ultraconservadora, es muy posible que intervinieran. Los agentes de la CIA veían y oían como los militares se quejaban de la incertidumbre política en la que se encontraba España, del riesgo de rotura nacional al otorgar a cada Región un Gobierno autónomo descentralizando el poder que llevaba ejerciéndose desde Madrid con mano firme y otras cuestiones que consideraban eran importadas por sectores de izquierdas como la Ley del Divorcio que acabaría, desde la óptica conservadora de la oligarquía militar, corrompiendo los valores de la sociedad española impuestos por el Movimiento ultracatólico liderado por Franco.

Resulta inquietante un comunicado de la CIA en el que dice que Tejero contaba con más respaldo del que se creyó después cuando fracasó el golpe: "La complicidad militar con los golpistas estuvo mucho más extendida de lo que pudo parecer".

En 1978 Washington nombra embajador en España a Terence Todman, un hombre curtido en mil batallas como suele decirse de las personas experimentadas. Aun así, el secretario de Estado de EEUU le dijo, cuando el embajador le informó del golpe de Estado de 1981, que era un asunto interno español. Sin embargo, se sabe que el embajador visitó al rey en el Palacio de la Zarzuela cuando Tejero aún estaba dentro del Congreso de los Diputados pistola en mano. ¿Qué se habló en ese encuentro entre el rey Juan Carlos y el embajador Todman? Nunca se ha sabido, ni siquiera por los documentos desclasificados. Resulta curioso que, a pesar de ser de la misma época, han desclasificado los comunicados de los análisis que efectuaban los agentes de la situación en España, pero no de esa reunión. ¿Acaso revelarlo pudiera afectar todavía hoy a la estabilidad de la monarquía española? El caso es que después del Golpe de Estado del que sale reforzada la figura del rey, la CIA informa a Washington en un nuevo comunicado: "Los retos a los que debe enfrentarse el Gobierno español pueden cambiar: en lugar de un golpe de Estado, es posible que los atentados sean más frecuentes, quizás dirigidos contra el rey u otros altos cargos".

Los agentes de la CIA informan también de los políticos españoles, en 1982, señalando a uno en concreto como posible problemático en un futuro próximo: Alfonso Guerra. Concretamente dicen que «podrían florecer rivalidades personales entre el abrasivo Alfonso Guerra y muchos miembros del Gobierno». Le definen como alguien de mucho carácter y demasiado polémico que pudiera dar lugar a divisiones en el Partido Socialista Obrero Español que es el que gana las elecciones generales de 1982, con mayoría absoluta, pasando a ser analizado y seguido por la CIA. Los agentes ven en las continuas discusiones entre Guerra y Boyer un posible problema de estabilidad, sobre todo desde que Alfonso Guerra se opone a que Miguel Boyer fuera elegido vicepresidente económico, pero no lo ven como excesivamente grave porque consideran que Felipe González controla muy bien la situación.

Parece que los agentes norteamericanos se relajaron en exceso llegando un momento en que espiaban de forma descarada por lo que, en febrero de 1985, el Gobierno español expulsó a Dennis McMahan, agregado político de la embajada de Estados Unidos y a Johnny F. Massey, funcionario civil destinado en la base militar de Torrejón de Ardoz, acusados de espionaje. Habían sido sorprendidos fotografiando el sistema de antenas y comunicaciones del Palacio de la Moncloa, sede del Gobierno español. En realidad, el Gobierno español no llegó a expulsarles porque los Estados Unidos repatriaron a los dos "agentes" de inmediato para evitar que les cogiera en España si trascendía la noticia, como así sucedió: la prensa se hizo eco del incidente pero los dos individuos ya estaban en EEUU. Se dijo que podían estar investigando el interés de España por la tecnología de doble uso pues importaban aparatos tecnológicos de Estados Unidos con una intención que después pudiera ser otra. Aunque no vamos a desmerecer la efectividad de los servicios secretos españoles que bien pudieran haber detectado a los espías estadounidenses con acertadas técnicas de contraespionaje ya que no fue un hecho aislado; en 1984 ya pidió el Gobierno español que Washington llamara a su jefe de estación de la CIA y a alguno de sus agentes al sorprenderles igualmente espiando. Y también expulsaron a otro individuo acusado de espiar para la Unión Soviética que estaba interesada en los avances del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España (desde 1977 España expulsó a varios espías soviéticos y cubanos).

Justo después de sorprender las Fuerzas de Seguridad españolas a los espías norteamericanos, el secretario de Estado de EEUU viaja a España para intentar convencer a Felipe González, presidente desde hacía tres años, para que no organizase un referéndum que determinara si el pueblo español quería o no formar parte de la OTAN. En un comunicado firmado por un oficial de inteligencia llamado George Kolt, de la CIA: "Durante su encuentro del 26 de septiembre, el secretario de Estado Shultz fue incapaz de persuadir al presidente González de que celebre un referéndum sobre la pertenencia en la OTAN". Pero curiosamente, González cambiaría su defensa del "No a la OTAN" por un "Sí, con matices", lo que provocó la renuncia del ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán, que consideraba que no era la opción que el Partido Socialista había defendido desde un principio. De hecho, varios de los dirigentes del Partido consideraron que Felipe Gonzáles se había vendido a los intereses norteamericanos traicionando las ideas socialistas. Es más, unos de los comunicados desclasificados de la CIA indican que se recomendaba seguir intentando disuadir a González de convocar el referéndum