La diáspora sefardí

24.04.2017

Ni siquiera los judíos ilustres que trabajaban para las Coronas de Castilla y Aragón fueron perdonados por los Reyes Católicos cuando ordenaron la expulsión de sus reinos de todos los judíos, dejando atrás sus pertenencias, aunque hubo algún caso en el que se les permitió salir de España con parte de sus riquezas, en pago a sus servicios. 130.000 personas abandonaron España rumbo a destinos tan dispares como Marruecos, Holanda, Italia, Turquía, Yugoslavia, Reino Unido, Grecia, Rumania, Bulgaria e incluso América. Muchos quedarán asombrados al saber que el decreto de expulsión fue abolido en 1978, estando en vigor nada menos que 488 años. De hecho, el Régimen dictatorial de Franco no tenía relaciones diplomáticas con Israel.

La Inquisición llega a Castilla en 1482 y desde entonces se afana en perseguir todo tipo de herejías, tanto las reales como las que figuraban en la mente de los inquisidores, hombres corruptos obsesionados con la religión (verdaderos fundamentalistas). Persiguieron a los judíos primero y posteriormente a los musulmanes conversos por si seguían practicando en la intimidad sus religiones anteriores. Muchos judíos se convirtieron al cristianismo para poder quedarse en España como hicieron los moriscos posteriormente y así no perder sus propiedades y en definitiva su vida y tradición familiar vinculada a España durante tantas generaciones, pero en la intimidad de su hogar, reunidos con los suyos, rezaban con la Torá o el Corán presidiendo la estancia.

La lengua que los safardíes hablan todavía hoy en día, aunque corre el riesgo de perderse ante el empuje del hebreo, es el ladino, más bien de carácter litúrgico y el judeo-español vernáculo que es un castellano anterior a las reglas actuales, digamos un castellano medieval, pero al que se han unido vocablos procedentes de los Países de la diáspora sefardí.

Todavía hoy muchas familias conservan como un tesoro la llave de su casa en la mítica Sefarad e incluso, al comenzar la Guerra de la ex-Yugoeslacia, muchos sefardíes que vivían en la zona escribieron al rey de España pidiéndole poder venir a Sefarad pues ellos se consideraban súbditos de don Juan Carlos, puesto que entre otros títulos ostentaba el de rey de Jerusalén (como ahora Felipe VI), accediendo el Gobierno español a permitirles la entrada.

En España hay unos quince mil sefardíes, el 0,5% de la comunidad sefardí mundial. Llevan a cabo congresos internacionales y reuniones con las que mantener viva su tradición y costumbres ancestrales.

Muchos palestinos les recuerdan a los judíos ultraortodoxos cómo se comportaron los Países en los que había comunidades hebreas, en el pasado, para que no actúen del mismo modo actualmente y permitan un Estado palestino en territorio de Israel y que regresen los que hoy conforman la diáspora palestina; como en su día, la diáspora sefardí. Los sefardíes llaman a Toledo la Jerusalén de Occidente pues ya había judíos en la Península Ibérica antes de la llegada de los musulmanes en el siglo VIII y éstos no les expulsaron de al-Andalus.

La Ley 12/2015 de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes ha permitido que cientos de sefardíes recuperen la nacionalidad española tan ansiada por generaciones anteriores. Pero hay varios miles más que esperan que se resuelva su solicitud aunque ya tienen pasaporte español. Solo en Israel hay 1.400.000 sefardíes y entre Estados Unidos y Francia otros 350.000. En el resto del Mundo hay 1.750.000 sefardíes más. Pero el proceso para conseguir la nacionalidad española, a pesar de la Ley, es muy engorroso lo que ha echado para atrás a decenas de miles de ellos que lo deseaban al principio. Han de acreditar un vínculo con España, certificar mediante su rabino local su origen sefardí, demostrar que saben hablar la lengua sefardí o ladino y aportar una serie de documentos tales como partida de nacimiento, certificado de matrimonio (en su caso) y un informe que demuestre que el apellido familiar es sefardí. Miles de familias sefardíes perecieron en el Holocausto nazi por lo que no es sencillo conseguir toda esa documentación para muchos aspirantes a obtener la nacionalidad española; además, deben traducir y legalizar ellos mismos los documentos y remitirlos a la Dirección General del Registro y del Notariado de España. Un notario citará al interesado quién tendrá que viajar a España solo para personarse ante el mismo y ha de superar un examen de lengua española, así como otro de conocimientos de la Constitución, Sociedad y Cultura de España, salvo que sea mayor de 70 años de edad. Tramitar toda la documentación puede costar alrededor de 4.000 € pero sin garantías de que la solicitud sea resuelta satisfactoriamente.

Claro que sefardíes millonarios como el propietario de MANGO no tienen el problema económico que muchos otros correligionarios suyos sí tienen. Nahman Andic Ernay nació en Estambul en 1951 pero a finales de los 60, siendo todavía menor de edad, regresó a Sefarad (España) con su hermano Isak y blusas bordadas en Turquía. Casi veinte años después crearon un imperio textil con más de 2.300 millones de euros en ingresos anuales y que vende prendas incluso en China. El dueño, Andic Ernay, reside en Cataluña, pero ha llamado a su finca-criadero de caballos en Andalucía "La Otomana" como recuerdo de la expulsión de sus antepasados de la Península Ibérica, en 1492, marchando la mayoría al Imperio Otomano. En territorio otomano nacería también, a finales del siglo XIX, el importante compositor sefardí Alberto Hemsi, muerto en 1975.