La primera vuelta al Mundo

15.04.2017

En la nave "Concepción", una de las que componen la empresa marítima más importante de la Historia, se enrola como maestre de navegación Juan Sebastián Elcano, amigo de Fernando de Magallanes, a quién conoció en Sevilla un año antes. Juntos idean dar la vuelta al Mundo para evitar los mares portugueses aunque Fernando ya tenía muy maduro el proyecto. Presentan la idea al joven emperador Carlos que acepta entusiasmado a sabiendas de que el rey de Portugal se había negado a respaldar la aventura. Fernando de Magallanes sabe que con Elcano la empresa tiene muchas posibilidades de salir bien. Elcano tiene cinco años menos que Magallanes pero su experiencia es legendaria: participó con el cardenal Cisneros en la expedición a la ciudad de Árgel y posteriormente lucharía junto a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en Italia.

Primera escala: Islas Canarias. Desde aquí y pasando por Cabo Verde y Sierra Leona, atraviesan el Océano para llegar tres meses después de su salida de España a la actual Río de Janeiro.

Llegan a Río de la Plata, descubierto cuatro años atrás y una vez en Bahía de San Julián buscan el paso que les permita acceder al Mar del Sur, descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513, pero el mal tiempo les obliga a esperar a la primavera para reemprender la marcha. Durante este período, Elcano explora la Patagonia.

Pero los víveres escasean y gran parte de la tripulación piensa que la aventura debe terminar pues corren el riesgo de perecer todos. El capitán de la nave "Concepción" encabeza un motín contra Magallanes. Se le une Juan de Cartagena, molesto por la decisión de Magallanes de revelarle del mando de otra de las naves, la "San Antonio". Elcano ayuda a su amigo a sofocar la rebelión. De las cinco naves, los rebeldes amotinaron a tres pero Fernando de Magallanes y Elcano controlaron la situación, condenando el primero a muerte a Quesada y abandonando a su suerte a Juan de Cartagena en la costa.

Elcano comienza a ver a Magallanes como alguien demasiado estricto o sin capacidad de llevar a buen puerto la empresa que iniciaron meses atrás. Cuando llegan al Estrecho, el laberinto de islas y lo caótico de la meteorología casi hunde la flota. Cuando por fin salen de aquel infierno, transcurren tres meses hasta llegar a las Islas Molucas, sin tempestades, por lo que rebautizan aquel enorme mar como Océano Pacífico.

El trayecto es muy duro, apenas sobreviven comiendo ratas, masticando cuero y bebiendo agua estancada debido a lo cual la tripulación acaba diezmada por el escorbuto.

Una nueva rebelión, esta vez encabezada por Elcano, es de nuevo sofocada por Magallanes no sin dificultad ya que Elcano es un hombre de gran carisma. Sin embargo, el capitán de la flota sabe que no llegará a ningún sitio si condena a muerte a Elcano o le abandona en alguna isla. Le necesita para regresar a España puesto que su experiencia militar es crucial para salir airosos de los combates con los indígenas.

Por fin ven tierra, una isla en la que se abastecen de víveres y descansan, siendo recompensados con presentes de todo tipo por las tribus del lugar. Había transcurrido año y medio desde que zarparan de España, donde ya se habían olvidado de ellos, pensando que les había alcanzado la muerte en algún paraje lejano. Sus familias les daban por desaparecidos.

No todas las tribus eran pacíficas. Una de ellas, en la isla de Mactán, lucha contra la tripulación diezmada de lo que queda de la flota, muriendo en el combate el propio Magallanes.

Los capitanes de las distintas naves pugnan por dirigir la flota. Elcano reacciona y con otros dos destacados miembros españoles de la tripulación denuncia a los mandos portugueses por haberse compinchado para no perjudicar a Portugal, acusándoles de espías y de alejar a la flota de su objetivo primero: las Islas Molucas, con la intención de evitar que España se apoderara de la ruta de las especias, hasta ese momento controlada por el Imperio portugués.

Elcano toma el mando

En Borneo instalan un almacén y prosiguen poco después por rutas portuguesas pero procurando no ser sorprendidos por las naves lusas (recordemos que la tripulación estaba compuesta por españoles y portugueses pero al servicio del emperador español), llegando al Cabo de Buena Esperanza el 19 de mayo de 1522.

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De la increíble aventura de Magallanes solo continúan a estas alturas los navíos "Victoria" y "Trinidad", ésta última por una ruta diferente ya que se han separado por las inclemencias del tiempo. Por fin llegan a España en julio de 1522, casi dos años después de zarpar. Quiénes les ven no dan crédito y mucho menos cuando tres años después aparece la nave "Trinidad"; ni sus compañeros de la "Victoria" daban un mísero maravedí siquiera por ellos, pero la "Trinidad" también sobrevivió viviendo su propia aventura. De los 55 marinos con que contaba la tripulación de la "Trinidad" solo regresaron cuatro a España, seis años después de salir de su tierra. El resto de la flota se había perdido por el camino o perecido: tres naves y 216 muertos por los combates con los nativos, el hambre o la enfermedad; algunos amotinados fueron condenados a muerte.

En el homenaje recibido por Elcano se le concedió un escudo de armas y se le regaló un globo terráqueo en el que figuraba la inscripción Primus circumdedisti me pero la tan ansiada pensión prometida por el emperador no llegaba.

Tres años después de la epopeya de Magallanes, Juan Sebastián Elcano zarpa a otra aventura pues necesita dinero aunque también es lobo de mar. Esta vez embarca con García Yofre de Loaisa, rumbo de nuevo a Las Molucas, donde habían observado la riqueza de especias y víveres que podían ser explotados comercialmente, compitiendo con Portugal. Interesaba hacer posesión de esas tierras antes de que lo hicieran los portugueses que ya se habían hecho dueños del Océano Índico. Navegar sin ser vistos por los portugueses era ya de por sí una aventura.

Elcano reviviría lo ocurrido en la expedición de Magallanes cuando llegaron al Estrecho con el nombre de éste, pues la tripulación, asustada, a pesar de que Elcano avisó de que en ese lugar el tiempo era infernal por lo que debían prepararse para lo peor, a pesar de esta advertencia, la tripulación temió perecer y se rebeló matando al capitán, De Loaisa. Lo cierto es que pasaron por el peor de los tres grandes Cabos, el de Hornos (que no sería bautizado con ese nombre hasta 1616) y Elcano se puso por segunda vez al frente de una flota, capitaneando la nave "Santa María de la Victoria", circunnavegando el Mundo pero en esta ocasión murió él también antes de llegar a las Islas Molucas.

Juan Sebastián Elcano fue uno de los más grandes marinos de la Historia náutica mundial, reconocido como tal por todas las Academias Navales.