Quejas de los sefardíes que solicitan la nacionalidad española

30.05.2017

JAVIER MÁRQUEZ

En 2015, el Parlamento español aprobó una Ley que concede la nacionalidad española a los judíos sefardíes que puedan acreditar que lo son, sin necesidad de renunciar a su otra nacionalidad, sea la que sea, ni tampoco obligatoriedad de residir en España. La Ley 12/1995 de Nacionalidad española para sefardíes ya se está aplicando, pero el proceso está suscitando muchas quejas por lo irregular del mismo. La Ley es un intento de España por resarcir a los sefardíes del agravio histórico cometido con ellos en el siglo XV, cuando se les expulsó. Pero no solo si acreditan su origen sefardí pueden optar a la nacionalidad española, si hacen una inversión de 500.000 €, por ejemplo adquiriendo una propiedad, demostrarían un vínculo con España al igual que se hace con personas de otras nacionalidades que hayan invertido en un negocio en España, acelerándose el proceso de nacionalidad si la solicitan. Y esta es la primera de las quejas: no todo el mundo tiene semejante cantidad de dinero. Pero es algo que se permite no solo a los sefardíes sino a personas de cualquier origen que deseen adquirir la nacionalidad española. También puede probarse por la vía laboral: conseguir un puesto de trabajo en una empresa española y después de varios años acreditando ese trabajo en España solicitar la nacionalidad. Pero trabajar en España no es muy atractivo con la crisis económica y los salarios tan bajos además de que las opciones son pocas pues hay mucho desempleo. Luego está el visado de larga duración no lucrativo, pero tienen que demostrar que cuentan con medios suficientes como para sustentarse durante el tiempo que deseen estar en España.

Con la Ley nueva para los sefardíes, la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) ha de certificar el origen sefardí de los solicitantes que supone un estudio de los apellidos por parte de rabinos otorgando el "derecho de procedencia de origen sefardí" como paso previo a las indagaciones que haga también, por su cuenta, el Estado español (como un examen de español y acreditar que ha estado en España, al menos una vez, como turista por lo menos, mostrando tickets o billetes que lo demuestren). Hay quejas de solicitantes que dicen que no se están haciendo las comprobaciones de forma exhaustiva a pesar de que cuentan con documentación. 

Un notario deberá certificar, a su vez, toda la documentación que la FCJE entregue al interesado; hay que pagar al notario sin garantías de que vayan a coneder la nacionalidad, con lo que si no la conceden, es dinero perdido. 

Desde que se solicita hasta que se concede, el tiempo máximo para acreditar todo es de tres años. No es fácil porque piden documentos anteriores a 1920 que acrediten la procedencia sefardí y pocos los conservan de sus familias. Ayuda mucho el "carnet de inmigrante" que expide el Estado de Israel y un certificado acreditativo de la Federación de Comunidades Judías del País cuya nacionalidad se tenga en la actualidad (los sefardíes no la perderán por pedir la nacionalidad española) y todo documento que pueda conseguirse en Israel que acredite el origen sefardí ya que si solo se basa en un estudio del apellido, el solicitante corre el riesgo de que se le acortara al primer antecesor que llegara al País donde resida su familia desde entonces, alterando la antroponimia y es algo que les cuesta que los "expertos" que hacen el estudio del origen de los apellidos entiendan. 

Otro problema lo tienen los sefardíes descendientes de los que huyeron hace siglos a Países donde no se habla español y por lo tanto no conozcan el idioma actualmente, aunque puedan demostrar que son de origen sefardí ya que si no superan la prueba de idioma se intrrumpirá el proceso (muchos no recuerdan siquiera el español ladino, el de la Edad Media que hablaban sus antecesores). Ese problema no lo tienen los judíos sefardíes residentes en Países iberoamericanos (también España, por supuesto). 

¿De dónde viene la palabra "Sefarad"?

Una vez se le da el visto bueno, han de jurar fidelidad a la Constitución española y al rey, no obstante, el monarca español es también "rey de Jerusalén". Entre los más de treinta títulos que ostenta Felipe VI de Borbón y Grecia, se encuentra también el de soberano de Jerusalén. Cierto es que Israel ya no es un Reino, sino una República, pero el rey de España, sea quien sea, hereda de tiempos de Fernando el Católico el título de rey de Jerusalén. Cuando el papa Urbano II, con el objetivo de conquistar todos los lugares sagrados de Oriente Medio, convoca la Primera Cruzada, Jerusalén figuraba en primer lugar ya que era donde murió Jesucristo, pero el problema era que tanto judíos como cristianos y musulmanes consideraban y consideran a la ciudad como "santa". En el caso de los judíos por ser la capital espiritual del Reino de Dios, al estar convencidos de que en el Templo de Jerusalén moraba el Dios de sus ancestros. Cuando la ciudad cayó en manos de los romanos con la consiguiente destrucción del Templo, comienza su diáspora no recuperando la ciudad hasta la constitución del Estado de Israel en 1948. Mientras que, para los musulmanes, Jerusalén es también santa porque creen que desde el lugar donde se erige la Mezquita de la Roca el Profeta Mahoma subió a los Cielos. Por eso la conquistaron y la mantuvieron en su poder durante 1.600 años (con un paréntesis cristiano de dos siglos), demasiados como para olvidarse de ella. Es el motivo por el que hay tantos conflictos en la zona. 

Los judíos llamaban a España "Sefarad", de ahí el nombre de sefardíes para los descendientes de los hebreos expulsados por los Reyes Católicos de España en 1492. Pero lo cierto es que la palabra "Sefarad" solo aparece una sola vez en La Biblia, en el Libro del Profeta Abdías. Se cree que se escribió 600 años antes del nacimiento de Cristo y menciona lo siguiente: "La multitud de los deportados de Israel ocupará Canaán hasta Sarepta y los deportados de Jerusalén que están en Sefarad ocuparán las ciudades del Neguev". Nos hallamos en la época del Imperio Neobabilónico que conquista el territorio de Jerusalén y deporta a sus habitantes por distintos lugares como solían hacer los conquistadores de entonces para debilitar al enemigo. No se registra más la palabra "Sefarad" hasta que vuelve a aparecer en el siglo I en el Targum Jonathan, la traducción al arameo de una parte del Antiguo Testamento. En este texto se la traduce como "Aspamia" que es como llamaban a la Península Ibérica los judíos de entonces; nótese la similitud con "Hispania" de los romanos. El por qué se identificó Sefarad con Aspamia se desconoce porque no parece que se refieran al mismo lugar, de ahí que se crea que se trató de un error de traducción o transcripción. Pero el Targum Jonathan lo utilizaba como texto canónico toda la diáspora judía por lo que el "error" se expandió y ya en la Edad Media, con tantas generaciones utilizando la palabra "Sefarad" para identificar a la Península Ibérica, el término se volvió natural con lo que aparece comúnmente en los documentos de los judíos que vivían en al-Andalus, la zona controlada por los musulmanes en la Península, durante el Medievo. El insigne filósofo judío Maimónides, residente en al-Andalus en el siglo XII, firmaba sus escritos como "el sefardí".

Hay autores que defienden la idea de que el sujeto que tradujo Sefarad como Aspamia tal vez lo hizo intencionalmente dando a entender a los judíos contemporáneos que siglos atrás habían deportado a sus correligionarios a los lugares más remotos poniendo como ejemplo Hispania, que en la época en la que lleva a cabo la traducción era el lugar más lejano para un judío residente en Palestina. Al transcribir el texto, los siguientes autores tal vez no tuvieron en cuenta que se trataba solo de un ejemplo para hacer más comprensible la explicación a los estudiosos de su época (primeros años del Imperio Romano) y creyeron que "Sefarad" ciertamente se refería a Hispania. Ahora bien, cuando más se utiliza es después de la expulsión de los judíos por parte de los Reyes Fernando e Isabel, de Aragón y Castilla, a finales del siglo XV, como término evocador de la tierra perdida.

Pero si Sefarad no es en realidad la Península Ibérica, ¿a qué lugar se refería la Biblia? Es comúnmente aceptado en la actualidad que señalaba "Sardis", la capital de Lidia, en la actual Turquía. Una excavación arqueológica mostró una inscripción con la misma forma en la que se escribe Sardis en la Biblia: s-p-r-d, sin vocales (no se utilizan en las lenguas semíticas). Pero no demuestra al cien por cien este hallazgo que se tratara de la bíblica Sefarad, por lo que otros autores la sitúan en Libia o incluso en Media, un Imperio que perduró más de cien años en la mitad del primer milenio antes de Cristo. Aunque en defensa de la posibilidad de que "Sefarad" sí se refiera a España está el hecho constatado de que hay comunidades judías desde muy antiguo en la Península Ibérica, incluso desde la época de la colonización griega. Pero en varios Libros bíblicos, incluido el que analizamos de Abdías, se menciona también a "Tarsis" como un reino lejano al que iban los fenicios de Tiro con asiduidad. Los fenicios se expandieron por todo el Mediterráneo y el lugar más lejano de este Mar era la Península Ibérica, de ahí que se identificara a Tarsis con el mítico Reino de Tartessos (aún se desconoce a ciencia cierta si Tartessos existió o es un mito). Fuera como fuese, "Sefarad" acabó siendo el término geográfico con el que se identifica a Hispania, desde el siglo I y sefardíes a las comunidades judías que vivían en ella. Cuando los Reyes Católicos les expulsan, buscando la unidad religiosa de su Reino, emigran al norte de África, a Oriente Medio, Turquía a Portugal e incluso al continente americano cuando los españoles y portugueses asentaron posteriormente colonias. De hecho, Panamá tiene actualmente una de las comunidades judías más influyentes de toda Latinoamérica, incluso ha tenido dos presidentes judíos. También los hay en Colombia y Venezuela, pero en realidad el mayor número de judíos que habitan América proceden de la corriente ashkenazim (oriundos de Europa Central y Oriental).


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