Una doctora de la Universidad de Maryland diagnostica la enfermedad de Goya

29.05.2017

Se considera a Francisco de Goya y Lucientes, conocido más como "Goya", el padre del arte contemporáneo. Casi todos sabemos que Goya era sordo pero la inmensa mayoría de personas que admiran su obra desconocen por qué motivo. Un estudio actual de la Universidad de Maryland ha descubierto que pudo deberse al "Síndrome de Susac" o a sífilis. La primera posibilidad es una enfermedad autoinmune que, entre otros síntomas, provoca alucinaciones que pudieran explicar la fase oscura del genial pintor. La enfermedad inflama las paredes de los vasos sanguíneos del cerebro provocando dolores de cabeza terribles. La sangre llega en menor cantidad a ojos y oídos con lo que su funcionalidad va mermando progresivamente. Pero la sífilis también puede provocar sordera y aunque hoy en día se soluciona enseguida e incluso si la sordera hubiera avanzado se le habrían impuesto implantes cocleares y habría seguido con su vida relativamente normal pero entonces, a finales del siglo XVIII, no existía tratamiento. Lo que se le diagnosticó entonces es que sufría cólicos. Algunos médicos apasionados por la Historia ya se aventuraron en decir que Goya debió padecer alguna de estas enfermedades pero ha sido ahora cuando una otorrinolaringóloga ha publicado su propia investigación asegurando que tuvo que ser el Síndrome de Susac, explicando en qué se basa.

La doctora Ronna Hertzano, en la Conferencia Histórica de Clínicopatología organizada por la Universidad de Maryland, en la que trabaja, aceptó el reto anual de dicho centro de averiguar la enfermedad de algún paciente histórico del que se desconociera exactamente lo que padecía; este año le ha tocado el turno a Goya. Pero lo más curioso del reto es que al especialista que acepta el desafío no se le dice de quién se trata, sino que se le muestran los síntomas que padeció. A Hertzano se le dijo que se trataba de un paciente de la España de los siglos XVIII y XIX que primeramente notaba zumbidos en sus oídos y problemas de audición antes de caer gravemente enfermo; en cartas escritas por sus amigos relatan que solía tener problemas para mantener el equilibrio, evitando subir y bajar escaleras. Finalmente, cayó enfermo con un notorio empeoramiento de sus síntomas incluyendo severas cefaleas, visión dificultosa y alucinaciones. La investigadora y médico universitaria comenta que dichos síntomas pudieran ser por una sífilis o por una meningitis, pero como le dicen que el paciente en cuestión no acabó con demencia, la doctora descartó la sífilis y teniendo en cuenta que sobrevivió tampoco pudo tratarse de una meningitis porque en esa época, al no haber antibióticos, era imposible. Después se atrevió a decir que la sordera pudo deberse a una contaminación por plomo, ya que entonces el vino se adulteraba con sales metales que también se echaban en aguas termales o que formaban parte de los fármacos de la época, incluso el pescado de aguas dulces contaminadas por plomo o la cantidad de este metal que se incorporaba a la pintura. Sin embargo, estas contaminaciones no terminan nada bien y en cambio Goya (recordamos que la doctora no sabía de quién se trataba) se recuperó de casi todo, aunque le quedaran graves secuelas, pero consiguió levantarse de la cama y volver a caminar continuando con su vida. También pudo ser malaria, que afectó ampliamente a la España del momento o encefalomielitis aguda diseminada, que explica todos los síntomas salvo el de que la sordera fuera de los dos oídos y además casi total, lo que no es común de esta enfermedad. Para la doctora solo quedaba una explicación posible: el síndrome de Susac. Una enfermedad autoinmune en la que el organismo humano ataca a los vasos sanguíneos que riegan la cabeza pues, por alguna razón, no los reconoce como propios. Los síntomas son los mismos que le comunicaron del misterioso paciente: inflamación en el cerebro que puede dar lugar a alucinaciones y dolores de cabeza, pudiendo provocar también ceguera y sordera, parcial o total.

Tras repasar la vida de Goya y saber que no solo sufría sordera sino también las alucinaciones mencionadas e incluso parálisis momentáneas, lo tuvieron claro publicando el resultado de su estudio en la revista New Scientist.

Los intensos dolores de Goya comienzan en 1789 y un año después inicia el período en el que pinta sus macabras obras, fase que le acompañará ya hasta su muerte, de hecho, la obra "Saturno devorando a su hijo" data de 1819; esta etapa se la conoce como "Pinturas Negras de Goya" pero no todas fueron tan oscuras, ni mucho menos.

El artista sufrió lo indecible pues quedaría completamente sordo en 1792 (después de tres años con zumbidos en los oídos) y hasta 1794 estuvo postrado en una cama (tenía 46 años de edad), prácticamente paralizado. La investigadora de Maryland lo averiguó gracias a las cartas que sus amigos escribieron sobre el estado en el que se encontraba Goya, aunque en ese momento la doctora no sabía que se referían al pintor ya que tan solo se le indicó el extracto en el que hablaban de los síntomas. Cuando por fin se recupera parcialmente pudiendo levantarse de la cama, ya nunca conseguiría recuperar el equilibrio totalmente, aquejado de vértigo siempre que subía o bajaba una escalera como el propio pintor escribiría sobre sí mismo, así como sus problemas de vista y sus horribles cefaleas. Tal era la intensidad de su dolor que se vio obligado a renunciar a las clases que impartía como profesor de la Real Academia de Bellas Artes en San Fernando.

Fusilamientos del tres de mayo
Fusilamientos del tres de mayo

En 1799 Goya publicó una colección de ochenta grabados en los que representa a espíritus, hechiceras y escenas terroríficas, aunque hay expertos que defienden que su dolencia no le afectó como artista, sino que lo que pintaba lo hacía como sátira de lo que le rodeaba, como publicó la historiadora del arte Janis Tomlinson, de la Universsidad de Delaware, también en la revista New Scientist. Y así debió ser o ¿acaso el lienzo de "Los fusilamientos del tres de mayo" fue una pesadilla que el pintor quiso recrear al despertarse? ¿También lo fue "La carga de los mamelucos"? Ambas obras las pintó en 1814 después de la Guerra de la Independencia por la que España se zafa de las tropas napoleónicas que habían invadido el País. El Museo del Prado analizó los documentos en los que se demuestra que fueron un encargo de la Regencia establecida en España hasta la llegada del nuevo soberano, Fernando VII, quién continuó con el encargo, con lo que no fueron alucinaciones. La investigación del Museo del Prado sí mostró el "tratamiento" al que se sometió el pintor, consistente en corrientes eléctricas gracias a una máquina inventada por Otto von Guericke, por la que le colocaban un electrodo en el oído lesionado empapado en una solución salina y el otro electrodo en el otro oído. Estaba así varios minutos con las corrientes eléctricas como publicó la investigadora Gudrun Maurer en el Boletín del Museo del Prado. Pero aun con esta determinación del pintor por recuperarse hasta el punto de someterse a tales tratamientos, aun así, no puede determinarse que sus pinturas negras fueran el resultado de los efectos que causaba su dolencia en su carácter. Las dos famosas escenas de la Carga de los mamelucos y de los fusilamientos sucedieron realmente, no fueron alucinaciones ni pesadillas: la carga de las tropas dirigidas por Murat, enviado por Napoleón para invadir España, que encontraría una fuerte resistencia en Madrid y la siguiente escena, una vez sofocada la resistencia, el escarmiento de los franceses fusilando a numerosas personas a las afueras de Madrid. El jardinero de Goya dejó constancia de que el pintor pudo ser testigo de todo desde su casa, la cocida como "Quinta del Sordo", observando lo que ocurría con un catalejo, aunque Goya recreó un escenario que no se corresponde con el lugar donde realmente sucedieron los fusilamientos. El jardinero se lo contó años después al cronista de la publicación "Madrid por Fuera", Antonio María de Trueba. Aunque sí resultaría tétrico que Goya, según su jardinero, realizara un primer boceto de los fusilados, antes de ser sepultados una vez se marcharon los soldados franceses que los habían ejecutado. Debió de ser cerca de la Ribera del Manzanares puesto que en esa zona vivía Goya y si lo vio todo con un catalejo no estaría demasiado lejos de su residencia el lugar en el que fueron fusilados los cabecillas de la resistencia. Goya sitúa los fusilamientos en la zona de montaña de Príncipe Pío, donde había unos cuarteles y que ciertamente puede verse con un catalejo desde la Quinta del Sordo pero la escena recreada no se corresponde con ese paraje, más bien con el "Desmonte de la Moncloa", como defiende un estudio de expertos del Museo del Prado. Se trata de un enclave cercano al Convento de San Bernardino, próximo al Palacio de Liria o la zona urbanizada por entonces entre Príncipe Pío y el Palacio Real pero no Príncipe Pío. ¿Por qué tanto Goya como posteriormente su empleado quisieron dejar claro que la pintura recrea un lugar en Príncipe Pío si no fue así? Tal vez para no dejar constancia de que Goya estuvo presente durante los fusilamientos queriendo aclarar que no pudo hacer nada puesto que estaba lejos llegando con posterioridad al lugar por si alguien le recriminaba no haber hecho nada o combatir como los demás madrileños dedicándose en cambio a pintar mientras sus conciudadanos morían. Por lo tanto, ¿estaba Goya tan aquejado de su enfermedad que imaginó las escenas de pesadilla que pintó, aunque fueran por encargo? O ¿estuvo presente, pero mintió sobre el sitio en el que recrea los fusilamientos para que no se le acusara de cinismo? 

Maja Vestida
Maja Vestida

Los que defienden que su enfermedad le cambió tanto su personalidad como su obra muestran la evolución de sus grabados de la serie "Los Caprichos" a lo largo de más de veinte años, en el siglo XVIII, pretendiendo ver evidencias de como derivó hacia una fase oscura que se refleja en sus últimos grabados; precisamente justo después de aparecer su dolencia. Pero de esta época también son la Maja Desnuda y la Maja Vestida, finalizadas en 1800 y 1808 respectivamente; ¿alguien puede decir que sean obras oscuras? Y qué decir de "La familia de Carlos IV", la cual pinta en 1800, cuando llevaba ocho o más años aquejado de su enfermedad. Incluso la serie "Los caprichos" la comenzaría antes del viaje a Andalucía que es cuando le da el brote agudo (aunque, en realidad viajó a Cádiz para que su bien amigo Sebastián Martínez le acogiera en su casa, con un clima más benigno, para que se recuperara puesto que llevaba ya dos o tres años aquejado de serias molestias). En sus grabados, antes de quedarse sordo del todo, ya se refleja la contemporaneidad de la que Goya sería pionero a escala mundial. Vale que podamos pensarlo de otras obras, "El aquelarre" por ejemplo, pero no terminan de encajar las majas en esa supuesta relación entre su enfermedad con intensas migrañas y ataxia (dificultad para coordinar los movimientos). Incluso el diagnóstico del síndrome de Susac está siendo discutido porque es una de esas enfermedades raras que padecen tan solo unos pocos cientos de personas en el Mundo cuyo origen se desconoce pero que ciertamente se recuperan de casi todos los síntomas, después de una fase aguda, aunque puede quedarles alguna secuela que, en el caso de Goya, según la doctora Hertzano, fue la sordera. Lo cierto es que no ha sido Hetzano la primera en atreverse con este diagnóstico con Goya, hubo otros profesionales anteriormente que lo insinuaron. También hay autores que señalan un episodio de psicosis o esquizofrenia, lo que por cierto pudiera tener relación con el Síndrome de Susac. Un estudio anterior de su mal refleja la posibilidad de que le aquejara una crisis psicótica o una sífilis, siendo esta última la teoría que más adeptos tiene pues se cree que una esquizofrenia hubiera convertido al pintor en alguien con una personalidad inestable y continuamente alterado, lo que no llegó a ocurrir. En cambio, una sobredosis de mercurio que entonces se creía erróneamente que curaba la sífilis sí pudiera concordar con los síntomas que manifestaba Goya: vértigos y otras afecciones neurológicas. Es cierto que el medicamento cuya composición era en su mayor parte mercurio utilizado para curar la sífilis conseguía eliminarla, pero provocaba un envenamiento que no pocas veces terminaba en la muerte del sujeto. Otros autores como el psiquiatra Niederland apuntan a la idea de que el plomo que Goya usaba en sus pinturas pudo haberle provocado la enfermedad, pero lo cierto es que, como sostiene Juan Antonio Vallejo-Nájera, no era Francisco de Goya quién preparaba las pinturas sino un ayudante que sin embargo nunca tuvo problemas de salud. Sencillamente, afirma Vallejo-Nájera, Goya entró en una depresión a raíz de su enfermedad que marcó su obra desde entonces volviéndose su visión menos amable pero no por ello deja de ser grandiosa, todo lo contrario. Fuera como fuese, podemos ver parte de su magnífica obra en el Museo Goya de Zaragoza y ahora en mayo de 2017 también, de forma temporal, el "Retrato de Don Luis María de Borbón y Vallabriga" que habitualmente puede admirarse en el Museo de Zaragoza. En el Museo Goya se expone, permanentemente, su autorretrato y un óleo, el "Retrato de José de Cistué y Coll" que permite a los estudiosos de su obra analizar su evolución artística a lo largo de su vida. También podemos estudiar sus grabados en las distintas series que dibujó el pintor: Los Caprichos (1799), Los Desastres de la Guerra (1810-1814), La Tauromaquia (1816) y Los Disparates o Proverbios (1816-1824) e incluso veremos también las cuatro litografías de los Toros de Burdeos (1825).

En la Provincia de Granada, concretamente en Armilla, puede contemplarse una magnífica exposición sobre Goya, en la Casa García de Viedma, hasta el 18 de junio. Se trata de grabados dibujados entre 1810 y 1815 pero no son los originales sino las copias elaboradas en 1930 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Hicieron cien copias de los 80 grabados y una de ellas es propiedad de la Diputación Provincial de Granada que ahora la ha cedido para la exposición.

Francisco de Goya y Lucientes nació en la localidad de Fuendetodos, en el Reino de Aragón, el año que comienza a reinar Fernando VI de Borbón. Pintor prolífico cultivó tanto la pintura de caballete como los murales e incluso los grabados y otros dibujos utilizando las técnicas al buril y al aguafuerte. Con él llega el Romanticismo a la pintura española (etapa del Prerromanticismo) hacia 1790 pues con 44 años ya era un pintor de reconocido prestigio.

La Guerra de la Independencia de España le marcó notablemente lo que se refleja en sus obras en las que mezcla fantasía rayana en la pesadilla y escenas reales. Lienzos como La Carga de los Mamelucos o Los Fusilamientos del tres de mayo están consideradas entre las pinturas más grandiosas de la Historia. En realidad, se puede afirmar que con Goya comienza la pintura contemporánea si bien estuvo influenciado en sus inicios por el estilo neoclásico y el Rococó.

Cuando llega a Madrid, capital del todavía Imperio Hispánico, comienza a trabajar para la Real Fábrica de Tapices; entonces los pintores más destacados eran el checo Anton Raphael Mengs y Francisco Bayeu en España, éste último cuñado de Goya. De hecho, Mengs llamó a Bayeu para que colaborara en el encargo que el rey Carlos III le hizo al pintor checo para que decorara el Palacio Real. Sería en la Real Fábrica de Tapices donde Bayeu conocería a Goya introduciéndole en el Corte de los Borbones casándose posteriormente el pintor aragonés con la hermana de Bayeu. A la edad de 45 años Goya sufre una grave enfermedad que marcaría un antes y un después en su obra surgiendo la serie negra y sus caprichos, con una imaginación desmedida. La dolencia que padecía le dejó completamente sordo. Se retira a la ciudad de Cadiz donde su amigo Sebastián Martínez y Pérez le acogió en su casa. Se trataba de un próspero hombre de negocios, tesorero del Comité de Finanzas de la Ciudad que por aquel entonces contaba con más de 95.000 habitantes siendo la más próspera del Reino gracias al intenso comercio lo que la convirtió en una ciudad cosmopolita al aflorar comerciantes de varios Países que se afincaban en Cádiz, sobre todo italianos, flamencos y franceses convirtiendo a la ciudad en un enclave de primer orden, a escala europea, de ideas ilustradas. La ruta comercial con América la enriqueció aún más y era normal ver una escuadra naval española fondeada en su Puerto protegiendo los intereses de la Corona pues las dos flotas comerciales que todos los años salían hacia América requerían protección militar ya que podían ser atacadas por contrabandistas. Los astilleros gaditanos funcionaban a pleno rendimiento y en el Puerto entraban y salían mil barcos anualmente. Esta era la ciudad en la que se afincó Goya para recuperarse de su enfermedad.

Verdadero reportero de su época, su serie de estampas conocida como Los desastres de la Guerra se adelanta a su tiempo pues refleja con una increíble crudeza las barbaridades del conflicto que le toco vivir. Ahora bien, son otros cuadros los que más fama le han reportado como la Maja Desnuda, sobre todo por la incógnita que todavía hoy encierra al no saberse exactamente a quién retrata. Se la llegó a conocer como "la gitana" y se rumoreó que se trataba de la Duquesa de Alba ya que tanto dicho cuadro como su réplica con ropa conocida como La Maja Vestida fueron adquiridas por Manuel Godoy, primer ministro del rey Carlos IV; de Godoy se dice tuvo un romance con la aristócrata, de ahí el que se creyera que las dos "Majas" retrataban a la duquesa.

Su verdadera obra culmen es la serie de óleos que decoraban su casa de campo, la Quinta del Sordo, denominados Pinturas negras con los que de nuevo Francisco de Goya se anticipa al resto de pintores contemporáneos convirtiéndose en uno de los más grandes artistas universales.

Con la reinstauración de la monarquía absoluta en España tras el trienio liberal, Goya teme ser apresado pues había defendido la causa junto a su amante, Leocadia Weiss, 44 años más joven que él y que se convirtió en su pareja una vez ésta se separó de su marido, estando Goya viudo, acompañando al pintor hasta su muerte en Burdeos. Marcharon allí en 1824 viajando a Madrid una sola vez para firmar Goya su jubilación cuyas condiciones no discutió el nuevo rey Fernando VII, recibiendo anualmente 50.000 reales de las arcas de la Corona que era como decir del Estado, una verdadera fortuna para la época.