COVID-19 vs Gripe española

11.08.2020

Si hace un siglo les hubieran dado la opción de poder trabajar en casa a la población que por entonces padecía los efectos catastróficos de la mal llamada "gripe española", no lo hubieran dudado.

Hospital improvisado (1918)
Hospital improvisado (1918)
Hospital improvisado durante la COVID-19
Hospital improvisado durante la COVID-19

Entre 1918 y 1920 el Mundo sufrió la peor pandemia de la Historia contemporánea. Si el actual coronavirus ya ha dejado a su paso cientos de miles de fallecidos, aquella enfermedad causó decenas de millones. Además, se repitió tres veces en sucesivas oleadas estacionales, siendo la peor la segunda, pues el virus había "aprendido" a sortear la inmunidad surgida tras el primer embate del patógeno.

Eran años convulsos, pues la Primera Guerra Mundial aún se libraba en Europa y otras regiones, durante 1918, cuando la gran gripe (como debiera llamarse realmente) azotó con virulencia a las tropas. Lo que sucedió es que, durante el otoño de aquel año, las tropas regresaron a sus Países de origen al terminar la contienda, expandiendo la enfermedad, causando más muertes que la propia guerra. El patógeno se había hecho más fuerte con cifras de fallecidos que todavía hoy, en plena pandemia global, nos hacen palidecer, uno de los peores virus de la Historia.

Aún hay personas que recuerdan aquellos fatídicos momentos, como la mujer brasileña que se ha dado a conocer en los medios y redes sociales como la superwoman que es, ya que superó la gran gripe cuando solo tenía cuatro años. Lo más impresionante es que también ha superado el coronavirus, que casi acaba con ella, pues llegó a ser hospitalizada en una UVI, sin esperanzas de que sobreviviera y sin embargo lo hizo (además, fue operada de una lesión cerebral hace algunos años).

Manifestaciones populares en tiempo de pandemia

El estudio de la Historia no debiera servir para retener datos inútiles y estadísticas aburridas sino para no repetir los errores del pasado. Se ha criticado y mucho las manifestaciones del ocho de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el virus expandiéndose por todo el Mundo, por lo que no pocos creen que dichas reuniones ayudaron en su propagación. Pero ya antes había sucedido.

Dos ciudades de los Estados Unidos suelen compararse cuando se estudia la relación entre manifestaciones y encuentros multitudinarios con la expansión de una pandemia. El 28 de septiembre de 1918 tuvo lugar un desfile en distintas ciudades para fomentar la compra de bonos especiales, por parte de la ciudadanía, para financiar el mantenimiento de las tropas en Europa y otros escenarios bélicos durante la Gran Guerra (como se conoció a la Primera Guerra Mundial ante de que se produjera la segunda). Las autoridades sanitarias advirtieron de que era arriesgado asistir a la manifestación puesto que la influenza estaba desatada y morían personas por dicha enfermedad. En Filadelfia, cientos de soldados marineros que habían regresado a su hogar estaban en cuarentena.

Filadelfia no canceló las manifestaciones populares a causa de la gran gripe, como otras ciudades y unas pocas semanas después había más de 11.000 muertos  

Cien años después, se organiza en todo el Mundo manifestaciones en apoyo de las mujeres trabajadoras, a pesar de la pandemia del coronavirus. Lo que sucedió después, todos lo sabemos. Aún se debate sobre si verdaderamente dichas manifestaciones populares actuaron como vectores de propagación del agente causante de la COVID-19. Pero tanto en 1918 como en 2020, resulta cuanto menos contradictorio pensar que el incremento tan notable de fallecidos, transcurrido apenas un mes de ambos eventos, fuera solo casualidad.

En 1919 - y también actualmente - se reguló el uso generalizado de la mascarilla, se prohibieron reuniones multitudinarias y se redujo el aforo de locales e instalaciones de todo tipo (o directamente se ordenó el cierre), incluidos los centros educativos.

Pero tanto hace un siglo como en el actual, no pocas personas protestaron por las medidas que consideran excesivamente rígidas e incluso innecesarias, especialmente la juventud. Los adolescentes y adultos jóvenes se creen indestructibles cuando resulta evidente que no es así: la gran gripe de 1918-20 se cebó entre ellos y el coronavirus actual, aún con todas sus diferencias con aquel patógeno tan dañino, también está causando estragos en dicho segmento de edad. 

El sistema inmune de los más jóvenes pudiera ser su enemigo ya que al crear muchas más citocinas (proteínas que actúan como reguladoras de la respuesta inmunitaria) para combatir la inflamación causada por el virus, el efecto pudiera ser el contrario, que las partes afectadas se inflamen aún más. Aunque no hay una explicación convincente al cien por cien de por qué determinados patógenos afectan más o menos a distintos grupos de población.

Qué se hizo y qué se hace para frenar la pandemia

El caso es que tanto en aquellos años de azote de la "gripe española" como en la actualidad, los ciudadanos debían y deben seguir sobreviviendo, lo que choca con la prevención necesaria para no contagiarse. Un plan de prevención epidemiológica resulta de gran complejidad pero lo cierto es que actualmente disponemos de los recursos; asunto distinto es si están siendo correctamente gestionados. 

Tampoco hubo una planificación adecuada hace un siglo ni se supo llevarla a la práctica, como sucede hoy en día. ¿De qué sirve un plan bien estructurado si no hay medios o intención real de implementarlo?

Sin duda, si en 1918 se hubiera podido trabajar desde casa, se habría aprovechado esa opción, pero entonces no existía Internet, ni los ordenadores o smartphones. Así que a la gente no le quedaba otra que salir a la calle a buscarse la vida, exponiéndose al virus, lo que provocó millones de muertes en todo el Mundo. Un dato, para hacernos una idea: solo en Francia, la gran influenza causó más de 240.000 muertes en los tres años que duró (1918-20).

En 1918, el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos no cesaba de repartir folletos y pegar panfletos en lugares visibles para que los ciudadanos tuvieran claro lo que debían hacer para no propagar el virus. Pero no consiguieran resultados efectivos, ni siquiera llamando a la misma responsabilidad civil de la que habían echado mano para llamar a las filas y participar en la guerra mundial.

Se decía que el uso de mascarillas era un deber civil y patriota para no contagiar a los conciudadanos. Incluso (como ahora) se explicaba como confeccionar las mascarillas en casa, pero si eran las propias autoridades las que no las usaban, al resultarles incómodas, como estamos viendo también actualmente, resulta muy complicado conseguir que todas las personas se conciencien y mucho menos los jóvenes, a los que los adultos han de dar ejemplo. Los casos de irresponsabilidad son tantos que la Policía carece de recursos suficientes para controlarlos.

Policía de Seattle (1918)
Policía de Seattle (1918)

En los Estados Unidos se daban casos de juicios celebrados en la vía pública pues los juzgados se habían cerrado para frenar la temida gripe, pero los asistentes igualmente se agolpaban en la calle y sin mascarilla. Luego estaban las autoridades que consideraban anticonstitucional obligar a colocarse una mascarilla, ya que resultaba ridícula por lo que no pocos Ayuntamientos, a los que se derivó la decisión, decidieron no imponerlo.

Como sucede en 2020, hace un siglo muchos comerciantes no impedían que los clientes entraran en sus negocios sin mascarilla ya que temían se fueran a la competencia. Podemos verlo también hoy en día en todo tipo de locales comerciales y de hostelería. Los propietarios dicen no poder controlar que todos sus clientes usen la obligada mascarilla.

En 1918, en algunos Estados de EEUU se reclutaron voluntarios para colaborar con la Policía en la detección y arresto de infractores que no usaban la mascarilla, pero eran tantos que las celdas se llenaron enseguida con lo que el problema se agravó ya que los presos, agolpados, eran carne de contagio. 

Durante la gripe española, en Estados Unidos se fundó una "Liga anti-mascarilla" de la que formaban parte algunos médicos 

A pesar de los cientos de miles de ciudadanos muertos por la gran gripe de 1918-20, las personas contrarias al uso del "tapabocas" siempre tuvieron su fundamento, como está ocurriendo de nuevo en los tiempos actuales. Son excusas insostenibles, la mayoría, pero a ellos les valen no dándose cuenta - o no queriendo darse cuenta - de que afectan a otros.

Hace un siglo hubo más de treinta millones de muertos en todo el Mundo por la peor pandemia de influenza. En agosto de 2020 ya van más de 735.000 fallecidos por la COVID-19 (casi 29.000 confirmados, solo en España) y sigue habiendo reacios a la utilización de la mascarilla. La cuestión es muy sencilla: si usarla no afecta a nuestra salud mientras que si no la utilizamos es probable que nos perjudique, ¿vale la pena arriesgarse?


Artículo elaborado por el equipo de redacción del Club de la Historia