La Gran Guerra que no debiera repetirse

12.11.2018

Tras la PGM, todos se comprometieron a que no volviera a suceder, pero no lo consiguieron. 

Se usó armamento químico
Se usó armamento químico

El 11 de noviembre de 1918 se firmó en un vagón de tren, parado en la localidad de Compiègne, al norte de Francia, el armisticio que puso fin al que hasta ese momento había sido el peor conflicto bélico de la Historia de la Humanidad: la Primera Guerra Mundial. En la firma de la paz estaban representados las principales potencias beligerantes. Por un lado, el Imperio Alemán, que admitía haber sido derrotado y que se encontraba en ese momento en proceso de desintegración. Por otro, la Triple Entente, la alianza entre la III República Francesa, el Imperio Británico y el Soviet de Comisarios del Pueblo Ruso, que libraba una guerra civil en su País.

Todas las potencias perdieron demasiado: diez millones de soldados en total más otros ocho millones de los que nada se sabía (desaparecidos) más otros veinte millones de mutilados y heridos. A estas espeluznantes cifras, debemos añadir trece millones de bajas civiles y más de 23 millones de heridos, llevándose la peor parte Alemania. Este País, además, tuvo que indemnizar a las otras potencias: una cantidad de dinero abrumadora que la República Federal Alemana, heredera de aquel Imperio alemán, de la República que le sucedió y del III Reich, terminó de abonar en 2010.

Caída de Alemania y auge de EEUU

Los aliados de Alemania no corrieron mejor suerte: el Imperio austrohúngaro se desmembró en tres Repúblicas (Austria, Checoslovaquia y Hungría) y dos Reinos, el de Rumanía por un lado y el de Serbia, Croacia y Eslovenia por otro, éstos últimos unidos bajo una misma monarquía. Por su parte, el Imperio Otomano quedó reducido a lo que hoy es Turquía, repartiéndose sus vastos territorios las potencias europeas, principalmente Gran Bretaña y Francia.

El Reino de Italia, aliado de la Triple Entente, recibió territorios a costa del desahuciado Imperio austrohúngaro, pues los italianos habían luchado activamente contra los austriacos en el norte de Italia desde 1915, cuando cambiaron de bando. Y no solo nacen nuevos Países soberanos en el sureste de Europa, también en el norte: Polonia y las Repúblicas Bálticas de Lituania, Letonia y Estonia.

La Gran Guerra, como fue conocida entonces, pues nunca antes se había producido una devastación de tal calibre, dio lugar a Gobiernos más fuertes que acumularon el poder económico: se nacionalizaron muchas empresas que necesitaban para producir útiles con el fin de ganar la guerra y el resurgir de la socialdemocracia. Esta corriente política fue la que gobernó después en Alemania y Austria.

La destrucción causada por la guerra afectó a la tercera parte de la capacidad industrial de los Países en liza. Las potencias ganadoras esperaban poder pagar la enorme deuda contraída con Estados Unidos, que les había financiado durante el conflicto, con la indemnización de Alemania. Así que se descargó todo el peso de esa deuda conjunta sobre el pueblo alemán que no tuvo más remedio que aceptar puesto que de lo contrario sufriría una invasión a cargo de las tropas norteamericanas que habían entrado en la guerra tan solo un año antes y estaban relativamente frescas. 

Gracias a las ingentes cantidades de dinero recibido de Europa y los contratos para financiar nuevas empresas destruidas o préstamos que siguió concediendo a elevado interés más la debilidad financiera de los antiguos gigantes europeos, Estados Unidos se convirtió en la nueva superpotencia mundial en los años 20. En esta década, posterior a la guerra, fue tal la especulación que desencadenaría la Gran Depresión de 1929, preparando el terreno para la siguiente contienda mundial.

La Gran Guerra cambió a la Sociedad

Se desarrolló el avión
Se desarrolló el avión

Lamentablemente, la guerra sirve también para acelerar el desarrollo tecnológico pues cada potencia desea contar con los medios más avanzados para ganar. Por ello, la aviación se adelantó toda una década a lo que hubiera sido su evolución normal de no haberse producido el conflicto. Tal es así que justo después de terminada la contienda, aparecían las primeras compañías aéreas comerciales, cuando hacía tan solo poco más de diez años que se habían producido los primeros vuelos a motor de aparatos más pesados que el aire. 

Las comunicaciones se desarrollaron de forma espectacular, pues eran esenciales para transmitir novedades e instrucciones entre los campos de batalla y los cuarteles generales. Por lo que, terminada la guerra, tanto el telégrafo como el teléfono se expandieron notablemente. Del mismo modo, las redes eléctricas alumbraron casi todas las ciudades que pasaron a contar con suministros permanentes de agua corriente, pues unos años atrás eran recursos vitales para los ejércitos. Sucedió lo mismo con la industria conservera que vivió un desarrollo espectacular puesto que la comida en lata era lo que alimentaba a los soldados; también las neveras ya que los puestos avanzados solían tener almacenes refrigerados, con lo que, al finalizar el conflicto, las neveras se popularizaron.

El automóvil y vehículos pesados a motor como los camiones y tractores se construirían en serie ya que durante la guerra eran capaces de transportar cargas superiores que los caballos. A partir de 1918 y sobre todo en la década de los años 20, el automóvil vivió una verdadera época dorada que ya en los años 30 dio al Mundo avanzadísimos modelos futuristas que todavía hoy asombran por sus diseños y las velocidades que alcanzaban. Los tractores, herederos de las tanquetas, revolucionaron la agricultura. En febrero de 1918, cuando aún quedaban muchos meses para que terminara la guerra, en Estados Unidos, donde la industria automovilística estaba ya muy avanzada, se construyó el túnel más largo hasta ese momento, de más de tres kilómetros, que tenía un nombre que a muchos os sonará, aunque por otro motivo: Twin Peaks.

También se comenzó a controlar más a las personas, que antes de la Primera Guerra Mundial carecían apenas de documentación personal que les identificara. Después de la guerra, se impuso la carta de identidad y el pasaporte para viajar, pues todos los Países seguían recelosos unos de otros y temían al espionaje. Pero del mismo modo se avanzó en ciertos derechos que de no haberse producido el enfrentamiento se habrían retrasado notablemente, sin duda; uno de ellos, tal vez el más importante, el derecho al voto de las mujeres. En febrero de 1918, en Gran Bretaña, se permitió a las féminas de más de treinta años votar en unas elecciones por primera vez y en 1920 se rebajó la edad a las mayores de 21. El cambio se debió al esencial papel que jugaron las mujeres durante la PGM al mantener el tejido industrial británico mientras los hombres marchaban al frente. Las mujeres se vieron obligadas no solo a seguir cuidando de sus hijos sino también a trabajar en las fábricas puesto que millones de hombres fueron alistados en el ejército. Pero las mujeres también se alistaban como enfermeras atendiendo a los soldados heridos en combate.

La Primera Guerra Mundial no terminó en 1918

La mujer fue esencial
La mujer fue esencial

Lo mismo hubo adelantos técnicos y en cuestión de libertades civiles que desgracias aún peores que la propia guerra, como sucedió con la mal llamada "gripe española", cuyo primer caso se dio en el Estado de Kansas, en marzo de 1918. Durante más de un año, este virus mató a 75 millones de personas, consecuencia indirecta de la Primera Guerra Mundial. Por ello, podemos considerar ese conflicto como el más devastador de la Historia, incluso más que la Segunda Guerra Mundial, que causó 60 millones de bajas. La pandemia ha sido la más dañina jamás registrada, ya que afectó a cientos de millones de personas, en mayor o menor medida, en todo el Mundo. Se la llamó "española" porque España era el único País que informaba de ella puesto que los demás Estados, aún en guerra (España fue neutral), no lo hacían para no desmoralizar a las tropas. 

Por lo tanto, se pensó que el origen de la epidemia, que pronto se convirtió en pandemia, era España. Sin embargo, no fue así, sino que el primer brote se produjo en Estados Unidos, cuyos soldados la "exportaron" a Europa a través de Francia, donde desembarcaban para luchar en el frente europeo.  

España fue neutral durante la guerra mundial, pero ello no supuso que estuviera libre de problemas, de hecho, pasaba por un momento de grave desestabilización política. Se sucedían las manifestaciones obreras y se complicaron ciertos movimientos separatistas. 

Se vivió un momento esperanzador con la constitución de la Liga de las Naciones, antecedente de la ONU, que impulsó el presidente Wilson, de los Estados Unidos, en su nuevo papel de líder del Mundo libre y hombre más poderoso de la Tierra.

El problema, en 1918, es que se tenía claro quiénes eran los vencedores y quienes los vencidos y en un ejercicio de cinismo e irresponsabilidad sin parangón se castigó a una sola Nación a cargar con la culpa: Alemania. Cuando, en realidad, los demás Imperios eran igual de culpables por no haber llegado a una solución dialogante, esperando conseguir algún beneficio. Sin embargo, lo que creyeron que se solucionaría en cuestión de pocos meses, se alargó cuatro años y además con una intensidad atroz que dejó a todas las cancillerías sorprendidas por el mal desatado.

Tras la guerra, en vez de poner en marcha mecanismos eficaces para evitar que volviera a suceder algo así, se alimentó el ánimo de revanchismo castigando a un pueblo a la miseria. Solo hizo falta que un loco alentara a ese pueblo maltratado, diciéndoles lo que querían oír, prometiéndoles un futuro sin miserias, para que la máquina de la guerra se pusiera de nuevo en marcha. De hecho, en 1939 comienza la Segunda Guerra Mundial, en el mismo escenario que la primera, pero en esta ocasión con una arrolladora Alemania nazi que barrió Europa en una increíble guerra relámpago. En solo cuestión de un año, el III Reich obligó al Gobierno francés a firmar su rendición en el mismo vagón donde los alemanes la firmaron 22 años atrás.

El refranero popular dice que "dos no discuten, si uno no quiere". No busquemos la confrontación, sino las formas en que podamos compartir un futuro en común. 

Hoy en día, la paz europea dura ya 73 años. Nunca antes el continente había estado tanto tiempo sin una guerra que asolara alguna de sus Regiones o todas ellas. De nosotros, los europeos, depende que sigamos construyendo la paz con programas que tiendan a la unión, dejando de lado movimientos secesionistas que tienen a la desunión y el enfrentamiento. Europa ha dado al Mundo las más grandes expresiones culturales de la Historia, pero también las dos guerras mundiales se originaron en su territorio. Escojamos que es lo que queremos dejar como recuerdo a la posteridad.


En Granada, José Alvárez, para el Club de la Historia