La injusta Leyenda Negra sobre España

14.04.2018

Los españoles arrastran fama de seres perversos a lo largo de la Historia conquistando sin escrúpulos

ANDRÉS M., desde San Juan de Puerto Rico

Grabado de Theodor de Bry
Grabado de Theodor de Bry

Cuando los españoles llegaron al actual Chile lo que hallaron fueron comunidades primitivas dispersas. Magallanes, que estaba al servicio de la Corona de España, creía que debía existir una manera de llegar hasta las tierras de donde procedían las especias, tan preciadas en Europa, desde los dominios que los conquistadores españoles descubrían en América. Así se lo hizo ver al emperador Carlos quién no dudó en buscar financiación para tan fabulosa expedición que podría dar al Imperio español el dominio de la vía comercial más importante por aquel entonces, la Ruta de la Seda. Así se preparó la más grande aventura de la Historia: la primera vuelta al Mundo.

Cuando en España se supo de los descubrimientos de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, que sería quién completó la primera vuelta al Mundo tras la muerte del portugués, la noticia corrió como la pólvora llegando a los territorios conquistados por los españoles en América. Nuevas expediciones salieron de las colonias de Centroamérica hacia el sur ahora que sabían que el continente era más grande de lo que imaginaban, gracias a la epopeya naval de Magallanes y Elcano. 

Los conquistadores deseaban fortuna pero también la gloria alcanzada por los descubridores así que se marcaron un nuevo reto: la búsqueda de un reino en el que abundaba el oro según decían las tribus indias sometidas. Seguramente, se trató de una argucia para despistar a los soldados y que dirigieran sus miras al sur evitando así la aniquilación. Los avariciosos españoles cayeron en la trampa pues los que marchaban a "Las Indias Occidentales" eran personas sedientas de fortuna que habían caído en desgracia en España, vivían en la miseria o huían de la justicia. La mayoría, por lo tanto, unos pendencieros sin escrúpulos que no dudarían en hacer lo que fuera menester por conseguir dinero y gloria como le sucedió a Diego de Almagro que se dirigió con cincuenta soldados al sur convenciendo a otros cincuenta soldados con los que se encontró en el Lago Titicaca. 

Cuando los españoles habían perdido la esperanza se encuentran con tres soldados que se dedicaban al pillaje robando a los indios, mostrando a sus compatriotas un cargamento de oro que habían asaltado. Les dicen que los indios que lo transportaban comentaban que procedían de más al sur por lo que reinician la marcha esperando encontrar el reino dorado del que hablaban todas las tribus con las que se topaban. Muchos de estos indios, obligados por los españoles, les acompañarían como porteadores y soldados auxiliares. En el trayecto, se irían uniendo más españoles que se posicionaron al lado de Almagro en el conflicto que mantenía abierto con Francisco de Pizarro, el otro gran conquistador español por entonces en América.

Después de una verdadera epopeya atravesando Los Andes y un sinfín de problemas, se encontrarían con los indios mapuches que habían oído a los que acompañaron a los españoles como se las gastaban éstos, pero les aterraba ver a los soldados europeos montados a caballo, un animal que no conocían y que les conmocionaría. Como finalmente no hallaban el oro prometido, Almagro decide abandonar la campaña, pero ante el temor de cruzar de nuevo Los Andes deciden tomar ruta de regreso al norte por el Desierto de Atacama. Había llegado hasta donde nadie, salvo un par de desertores españoles que se adentraron en la Región unos años atrás y quiénes informaron a Diego de Almagro de lo que encontraría. El desierto fue otro infierno, como lo había sido anteriormente Los Andes, pero Almagro y gran parte de su contingente consigue regresar a Perú. 

Como vemos, los españoles no lo tuvieron tan fácil como aseguraban sus enemigos y detractores. Sufrieron también serias inclemencias e importantes derrotas. La conquista no fue, ni mucho menos, un camino de rosas en el que los soldados españoles arrasaran todo a su paso gracias a su superioridad armamentística. Ciertamente cometieron tropelías, pero no más de las que anteriormente las tribus indígenas predominantes habían cometido sobre otros pueblos indios sometidos. Uno de esos pueblos, los mapuches, sí resistieron. 

Lautaro, héroe mapuche
Lautaro, héroe mapuche

La zona que Almagro con sus hombres abandonaron, extendiéndose la leyenda entre los españoles de que era inhóspita e imposible de conquistar, volvería a ser atacada pocos años después por Valdivia y los conquistadores que le sucedieron. El propio Valdivia caería derrotado y muerto por el líder mapuche Lev Traru (o como le llamaban los españoles, Lautaro). Este cacique adiestró a las tribus mapuches organizándoles adecuadamente para enfrentarse a los disciplinados españoles, pues había estado al servicio del gobernador español Pedro de Valdivia con lo que conocía a los conquistadores perfectamente. Una vez regresó con su pueblo lo organizó militarmente al estilo europeo, infligiendo varias importantes derrotas a los españoles, muriendo él mismo en una de las batallas. Algunas décadas después, los mapuches se rebelaron de nuevo contra los españoles consiguiendo expulsarles e incluso haciendo cientos de prisioneros. 

España no fue distinta a otros imperios 

Durante más de 200 años el sur de Chile quedó a salvo de las injerencias de los españoles, viviendo los mapuches a salvo en la zona. Los gobernadores llegados desde España recordaban las gestas indias del siglo XVI y no se atrevían a incordiar a las tribus al sur del río Biobío. Pero en el resto del continente, millones de aborígenes americanos sucumbirían ante el avance de los europeos, no solo españoles, también los portugueses en Brasil, los ingleses y franceses en Norteamérica. Curiosamente, los mapuches tendrían más problemas con los gobernadores de los Países que se formaron tras la independencia de España, en el siglo XIX, que acabarían sometiéndoles, que con los propios españoles, en los siglos XVII y XVIII, quiénes sencillamente se olvidaron de ellos.

La conquista española fue terrible, pero ¿acaso no lo han sido todas las conquistas? Se trata de una potencia que en su afán de conseguir recursos para cimentar su preeminencia ataca a cuantos pueblos ve en su camino. Rara vez han existido relaciones pacíficas de intercambio comercial y cultural. El fuerte ha subyugado al débil y si bien es un ejercicio lamentable y éticamente despreciable, también es cierto que la Historia nos ha mostrado esa "ley" en innumerables ocasiones. Desde los imperios mesopotámicos, pasando por la expansión egipcia, el Imperio de Alejandro, el posterior poder omnímodo de Roma, Persia, los mongoles y China haciendo lo propio en Asia e incluso los imperios azteca e inca en América; todos se han originado sobre las cenizas de anteriores grandes reinos a los que sometían o simplemente reunían una importante cantidad de recursos que les otorgaban un gran poder gracias al que someter a otros muchos pueblos. 

Los españoles no eran distintos, como no lo fueron los imperios europeos posteriores y ya más recientemente los imperialismos de Estados Unidos y la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Todos amasaron un gran poder gracias a la debilidad de otros a los que explotaban y todos acabarían sucumbiendo por su propia debilidad estructural interna, cuando llegaban al colapso económico. El Imperio Hispánico conquistó casi todo el continente americano. En su momento de máxima expansión por América, en el siglo XVIII, los españoles dominaban una enorme franja de terreno continua desde la actual California hasta el centro de Chile. Prácticamente todo el Caribe pertenecía a España y estuvieron durante más de 300 años. Durante todo ese tiempo, se cometieron abusos, como sucedió en todos los imperios anteriores y posteriores, pero también hubo grandes pensadores y legisladores que abogaron por las tribus indias. 

Lamentablemente, había muy pocos inspectores en América que certificaran que esas leyes humanitarias se cumplían. Pero con el paso de los siglos se cimentó una nueva cultura que hoy en día es orgullo de todos los pueblos que la compartimos y al igual que sucedió con la romanización, que también se erigió sobre bases de conquista y sometimiento, daría lugar a un nuevo mundo mucho más rico y complejo. Las magníficas obras arquitectónicas que han dejado los ingenieros y constructores tanto del Imperio Romano como del Hispánico nos recuerdan que no todo fue negativo, ni mucho menos. Lo deseable es que las ancestrales culturas indígenas americanas hubieran coexistido, en armonía, con la europea. Pero eso nunca ha sucedido en la Historia. 

Ni siquiera el esplendor cultural y artístico de una pujante civilización como la griega sobrevivió al empuje romano que arrasaba todo a su paso absorbiendo lo que le parecía interesante para cubrir sus propias carencias. La diferencia es que los españoles ya contaban con un bagaje enorme de conocimientos y experiencia cuando llegan al continente americano. Unieron pueblos que no se conocían entre ellos y les dio un idioma común gracias al que hoy cientos de millones de personas de diversos Países podemos entendernos sin problemas. Ha sido un logro que ni siquiera los romanos con su lengua latina consiguieron pues a la caída de Roma surgieron las lenguas romances debido a lo cual, en Europa, a pesar de tener un origen común, nadie se entiende. 

En América se podía haber vuelto a viejas costumbres una vez se marcharon los españoles, pero la mezcla racial que se fraguó en el continente, que no se ha dado en ninguna otra Región del Mundo, dio lugar a una riqueza cultural sin precedentes ni parangón en la actualidad. El propio continente americano era desconocido para las tribus indias que solo percibían el territorio que abarcaban y las historias que les llegaban de otros lugares, envueltas en mitos. El Día de la Hispanidad es festejado por cientos de millones de personas a ambos lados del Atlántico (y en otras latitudes) aceptando que de nada sirve lamentarse de sucesos pasados, por traumáticos que fueran. El objetivo debiera ser vivir el presente para tener un futuro en común esperanzador y provechoso.

La Iglesia instaló en el actual México a su Inquisición que castigaba más a los españoles que a los indios, ya que éstos últimos estaban dispensados al tener otras creencias religiosas. En todo caso, había que evangelizarles, pero no castigarles por no cumplir los preceptos eclesiásticos que no formaban parte de su cultura. Ahora bien, una vez expandida la religión cristiana, en el momento en que era abrazada por los indios, éstos pasaban a estar bajo la tutela religiosa de la Iglesia en cuanto a costumbres y moralidad. Si no cumplían sus rígidas normas serían castigados del mismo modo que los españoles, con la diferencia de que los ojos de la Inquisición vigilarían más de cerca a los conversos como sucedió en la Península Ibérica cuando se obligó a cientos de miles de judíos y musulmanes a convertirse al cristianismo si no querían ser expulsados.

No es tan fiero el lobo como lo pintan

Familia mestiza a finales del siglo XVIII, de autor desconocido
Familia mestiza a finales del siglo XVIII, de autor desconocido

El reconocimiento de las uniones conyugales entre españoles y mujeres indias iría cambiando y aceptándose con los siglos, lo que no sucedió en Norteamérica donde la segregación racial sería la gran vergüenza de los Estados Unidos hasta que en 1965 se derogaron las leyes racistas que aun existían. 

Al comienzo de la conquista española ciertamente hubo violaciones, raptos y esclavitud, pero también los indios que asaltaban los asentamientos españoles hacían lo mismo con las mujeres blancas que raptaban.

La deleznable práctica del saqueo y violación ha sido una constante en la Historia pero son más propias de imperios efímeros o épocas de conquista. Verdaderamente son pocas las colonizaciones que se han producido, entendiéndose la influencia cultural de una metrópoli sobre sus colonias acabando éstas por asimilarla. La colonización española es una de las escasas en las que la presencia de la metrópoli se alarga tanto en el tiempo que las colonias asimilan plenamente la cultura impuesta hasta reconocer que es mejor que lo que tenían antes. España misma está construida sobre la base de una mezcla racial y cultural muy amplia con distintos orígenes (árabe, beréber, judío, ibérico, romano...) de la que surgió, con los siglos, la actual España. 

En el caso de América, la evangelización erradicó antiguas costumbres horripilantes como los sacrificios humanos que practicaban algunas tribus indias. Incluso no pocas tribus se unieron a los españoles en su conquista esperando que les libraran de sus crueles "amos" aztecas, mallas e incas que les tenían esclavizados. Sería la Leyenda Negra, esa que los ingleses y holandeses de los siglos XVI y XVII extendieron por todo el Mundo, en pleno apogeo del poder hispánico, la que desvirtuaría todo acerca de la supuesta crueldad de los españoles en América y en todos los territorios que formaban parte de ese Imperio donde jamás se ponía el Sol, como se decía entonces. 

Ni la conquista española de América destruyó tantas tribus indias, ya que muchas sobrevivieron hasta la actualidad, ni los reyes eran tan extremistas religiosos como se les pintó, sobre todo en el caso de Felipe II que albergó en la impresionante biblioteca del Palacio de El Escorial todo el saber del Mundo conocido entonces, abarcando culturas de todo tipo. Tampoco la Inquisición mató a tantas personas como decían los escritores anglosajones en su afán de desacreditar a los españoles, sobre todo cuando Inglaterra estuvo a punto de ser conquistada por España. Lo cierto es que la mayoría de los indígenas que murieron tras la conquista española se debió al contacto con los gérmenes que traían de Europa, también desconocidos por esos lares. Esa fue la peor de las armas de los conquistadores, la más dañina, la biológica. No las armas de fuego, sino las bacterias y virus contra los que los europeos estaban inmunizados después de muchas generaciones de mutaciones, pero no las tribus americanas. 

Y si no, que alguien explique por qué la población del antiguo Imperio Azteca se desplomó cuando los españoles llevaban ya más de cien años en América, no en el momento de la conquista. Sencillamente, cuando se produjeron las primeras epidemias que en caso de Europa eran cíclicas (cada siglo había una al menos), los indios que no conocían esas enfermedades caerían en masa, mientras los españoles lo hicieron en mucho menor número. En cambio, la mezcla racial de españoles e indígenas daría lugar a una nueva etnia más fuerte genéticamente si bien es cierto que los mestizos no eran, generalmente, bien vistos ni aceptados. Se daban casos en los que los hijos tenidos con mujeres indias sí eran acogidos en el seno de una familia europea o criolla (de origen europeo pero nacidos en América), pero esos derechos no incluían a las madres de esos niños. 

Por pura lógica, a los españoles o portugueses no les interesaba masacrar a los indios americanos, como difundió la Leyenda Negra, porque eran su mano de obra. Sí es verdad que en muchos lugares vivieron en condiciones infrahumanas a pesar de que la legislación dictada en España para protegerles ordenaba que se les cuidara como súbditos que eran también. Pero fue mucho peor el exterminio, casi total, de las tribus indias de Norteamérica a manos de los ingleses que el de los españoles y portugueses en sus respectivas áreas de acción. Algunas lenguas indígenas sobrevivieron porque los españoles las aprendieron y usaron para entenderse con las principales tribus, incluso las estudiarían a fondo en las Universidades.

Ninguna otra potencia colonial europea invirtió tantos recursos como España en América ni fundó tantas Universidades como las que los españoles erigieron a lo largo de todo su Imperio americano. 

Serían los propios intelectuales españoles de finales del siglo XIX los que, avergonzados del atraso industrial y de la conservación de férreas costumbres conservadoras en España, promovieron la necesidad de romper con ese pasado para dar una nueva imagen del País intentado atraer el modernismo que se imponía en esa época en otros Países europeos y americanos. Acabarían haciendo lo contrario ya que esa modernización no terminaba de llegar, pero sus escritos de repulsa y crítica sí se difundieron ampliamente puesto que el idioma español era y es uno de los más hablados del Mundo, llegando incluso a los Estados Unidos, que comparte también un pasado en común con España, que dominó casi la mitad de su territorio durante más de dos siglos; la ciudad de San Agustín, en Texas, es la más antigua de los Estados Unidos, después de San Juan de Puerto Rico, ambas fundadas por los españoles. 

Tan hondo caló la Leyenda Negra anglosajona contra España que cuando en los Estados Unidos se estudiaba, en la primera mitad de los años 40 del siglo XX, a los aliados de su principal enemigo, la Alemania nazi, existían todo tipo de insultos y mofas hacia la idiosincrasia española (España, aunque neutral en la Segunda Guerra Mundial, envió tropas de ayuda a los alemanes por orden del dictador Francisco Franco). Las élites anglosajonas de los Estados Unidos querían sacudirse su pasado hispano prefiriendo el inglés, más elitista, contribuyendo a extender aún más el desprestigio de España.

Pero en el siglo XVI era lo español lo que estaba de moda y en toda Europa vestir "a la española" era señal de distinción, como lo era aprender la lengua española y hacer negocios con los españoles. Sin embargo, al caer el Imperio en Europa, ya en el siglo XVII (aunque en América siguió expandiéndose en el siglo XVIII), las nuevas potencias, para asegurarse de que España no volvía a levantarse, hicieron leña del árbol caído. En especial, Francia e Inglaterra, los grandes enemigos de la todopoderosa España del siglo XVI, se dedicaron en cuerpo y alma a propagar la Leyenda Negra, uniéndose después los holandeses, que deseaban sacudirse el yugo español. Por lo tanto, la consigna era exagerar al máximo las tropelías españolas allá donde gobernaban.

Siendo honestos, ninguna otra potencia mundial ha llevado a cabo una colonización tan amplia y espectacular como la española en América cuya impronta forma parte de toda Latinoamérica no entendiéndose la misma sin su pasado español. Las grandes ciudades desde el suroeste de los Estados Unidos hasta la República Argentina, con sus impresionantes catedrales, fueron levantadas por los españoles. Se construyeron también instituciones que ayudaban no solo a los colonos sino también a los indígenas, tanto sanitarias como misiones donde los monjes procedentes de España ayudaban a los indios que huían de los terratenientes criollos que les perseguían para esclavizarles.

La población americana en territorio español aumentó, no disminuyó y España por sí sola no tenía suficiente potencial demográfico como para lograr algo así, con lo que solo puede explicarse por la mezcla racial que en cambio no se dio en los territorios controlados por los ingleses, franceses, holandeses y alemanes, donde comunidades indígenas enteras desparecían masacradas.

Cuando se produce la independencia de España, en las primeras décadas del siglo XIX, la densidad de población era superior a la América anglosajona, el correo llegaba de forma más veloz y segura a todos los confines del territorio, las familias podían enviar a sus hijos a las numerosas instituciones educativas que los españoles habían construido, existían más Hospitales y el comercio era más importante. En cambio, tras la independencia, toda esa prosperidad se vino abajo pues el amplio tejido comercial creado por España quedó destruido y los Países que se formaron, ya independientes, intentaron reconstruirlo sin éxito no recuperándose, arrastrando esa losa desde entonces.