La Monja y los verdaderos demonios

15.09.2018

La película "La Monja" ha traído de nuevo al imaginario colectivo el mundo de los demonios.

Es uno de esos temas tabú que están ahí, de los que no gusta hablar pero que atrae irremediablemente, ya sea por temor, respeto o simplemente por considerarlo una superchería demasiado extendida. Esta nueva película está encuadrada en el conocido como "universo Warren", por las otras películas relacionadas que desde "El Conjuro" (The Conjuring) en 2013 deleitan a legiones de seguidores que siguen las andanzas del matrimonio Warren y su lucha contra el maligno y sus secuaces, inspirada en la historia "real" de Lorraine y Ed Warren que desde adolescentes decidieron unir sus conocimientos y experiencias en la lucha contra todo tipo de diablos, o al menos es lo que decían hacer. Creamos o no en su lucha contra el mal lo que no cabe duda es que las películas inspiradas en sus controvertidas hazañas están siendo taquillazos de órdago: a la primera película siguió Annabelle, el Caso Enfield, Annabelle: Creation y ahora "La Monja".

En la última peli del espeluznante universo de terror de los Warren, la escena se traslada a Rumanía, un País que acoge otras historias de miedo clásicas como Drácula, por lo que el escenario resulta ideal. En "La Monja" no hay vampiros ni hombres lobo ni falta que hace ya que el entorno deprimente y oscuro no requiere de otros elementos salvo los asegurados repullos que todos nos llevamos al ver las escenas más impactantes. El ser sobre el que gira la trama es Valak, un poderoso demonio que pareciera ultrajar a la Iglesia Católica por considerarla su principal enemiga en su afán de poseer a los seres humanos, de ahí que ataque a miembros del clero o cofradías de monjas en remotos conventos. En el Vaticano no pasa desapercibida esta batalla por lo que envían a Rumanía, donde se ha producido el suceso más extraño, a uno de sus expertos acompañado de una religiosa que aún no ha jurado sus votos pero con una especial sensibilidad espiritual.

Los demonios "verdaderos" más poderosos

En realidad, Valak es conocido desde la Edad Media o al menos eso decía el demonólogo francés Jacques Auguste Simon Collin de Plancy en su "Diccionario Infernal", publicado en la segunda década del siglo XIX, aunque no sería hasta la edición de 1863, ilustrada por Louis Le Breton, cuando se daría a conocer más ampliamente. Pero en el libro no se muestra ni mucho menos como una monja sino como un niño que montado en un dragón de dos cabezas aterroriza a cuantos intenta poseer, siendo su nombre verdadero "Volac". A pesar de su apariencia infantil está al mando de numerosas legiones demoníacas. Ahora bien, el tal Valak o Volac no figura en la Biblia ni en ningún otro libro sagrado de religión alguna que hable de estos oscuros seres. Sí, en cambio, otros más o menos conocidos de los que ahora pasamos a elaboraros nuestro particular listado de los cuatro demonios más poderosos del inframundo.

  1. Satanás: príncipe indiscutible del mal. Según el Papa Francisco dijo en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, Satán fue vencido por Jesucristo cuando Éste fue crucificado y desde entonces permanece encadenado, pero acechando desde el infierno al que fue recluido para aprovechar las debilidades humanas que le permitan regresar a la superficie. Es también llamado de forma genérica Diablo y en otras ocasiones Belcebú o Lucifer, pero al parecer, según los que saben de estas cuestiones, no son el mismo demonio.
  2. Belcebú: Si hacemos caso del inquisidor Peter Binsfeld, un supuesto experto en denomonología y brujería del siglo XVI que vivió en Alemania, de la orden jesuita, cada demonio importante está asociado a un pecado capital, siendo Satanás el responsable de la ira y Belcebú de la glotonería.
  3. Lucifer, demonio causante del orgullo. 
  4. Lilith: Para Binsfeld, esta diablesa es la que el príncipe del mal utilizaba para las posesiones demoníacas, con las que poder dominar a más humanos. Lilith envía a sus hijos (íncubos) e hijas (súcubos) para yacer con mujeres u hombres y así extender sus legiones sobre la tierra.

Pero según otros tratados, en realidad sí son el mismo ser, solo que según las diferentes culturas se le conoce de un modo u otro; por ejemplo, para los judíos, Asmoday sería el señor de los demonios, también llamado "Samael", o ángel de la muerte. Su origen se pierde en los tiempos más ancestrales, creyéndose que los judíos lo adoptaron procedente de las creencias zoroástricas durante su cautiverio en Babilonia. Zoroastro vivió en torno a la época en la que el pueblo judío fue apresado y conducido a Mesopotamia, si bien él vivió en Persia, al norte, aunque muy posiblemente su doctrina ya se extendía por Caldea por entonces. A su regreso a Jerusalén, los judíos habían añadido nombres de demonios a su panteón infernal que después serían transmitidos a la cultura cristiana posterior. De hecho, el arcángel Samael no es otro que el Lucifer cristiano que envidioso de la importancia que Dios concede al primer ser humano, Adán, al que el Altísimo ordena adorar, Samael decide rebelarse dando lugar a la gran guerra en los cielos entre las huestes del otro gran arcángel, Miguel y los seguidores de Samael o Lucifer. Los musulmanes también adoptarían esta nomenclatura demonológica y angélica de manos de los cristianos.

Seirim sería la forma esa tan extendida de ver al Diablo como un macho cabrío, con cuernos y todo, ya que la palabra Se'irim significa "cabra". En el libro de la Biblia Levítico, 17, 7, se dice: 

"No harán más sacrificios a los demonios, por los cuales se prostituyen. Este será estatuto perpetuo para ellos a través de sus generaciones " 

En la versión hebrea, se llama a esos demonios Se'irim.

Recientemente, en el Estado de Arkansas, la organización denominada "Templo Satánico" ha erigido una estatua de Baphomet, un misterioso ser que se cree es una burla cristiana de Mahoma que data del siglo XI pero cuya representación artística en forma de macho cabrío se dio a conocer a mediados del siglo XIX por Alphonse Louis Constant, más conocido como Eliphas Lévi, un ocultista con una trayectoria de lo más rocambolesca. 

Luego tenemos a Belial, que desde los inicios del cristianismo ya era sinónimo de Satanás, recogido en la segunda carta de Pablo a los corintios. Su nombre viene del hebreo y significa "sin valor" y es mencionado también en los manuscritos del Mar Muerto, en el llamado "Evangelio de Bartolomé", siendo uno de los 666 ángeles cáidos. Esa cifra está asociada a la demonología: 666. Un dato curioso, la estatua del ángel caído del Parque del Retiro, en Madrid, erigida en 1877 por el escultor Ricardo Bellver, se encuentra a 666 metros de altura sobre el nivel del mar. 

Apollyon, también llamado Abaddón (su origen hebreo), se nombra en el Apocalipsis de San Juan como rey de un ejército de demonios-langosta del que no está claro si es un demonio o un poderoso ser angélico que guarda las llaves del infierno en el que está encerrado Satanás.

Pero, ¿quién fue Valak?

Como vemos, Valak no parece que sea el mismísimo Satanás sino, en todo caso, uno de sus demonios subalternos, pues no aparece su nombre en los textos clásicos de las diferentes grandes religiones, a diferencia de otras denominaciones de Lucifer que sí podemos encontrar en esos escritos. Valak, o mejor dicho Volac, aparece en el libro "La llave menor de Salomón", escrito en el siglo XVII que asegura que el rey Salomón convocó a 72 demonios a los que encerró en jarras de bronce. Uno de ellos sería Volac, quién posee grandes conocimientos.

En cualquier caso, los demonios son ángeles caídos o al menos es lo que asegura la Biblia, seres superiores revelados contra el mismísimo Dios que les creó, siendo su líder Luzbel o Lucifer, nombre que significa "portador de luz", pues era considerado el más bello de los arcángeles. Cuando se rebela contra Dios, el capitán de las huestes celestes, Miguel, el otro gran arcángel, le expulsa de los cielos al infierno en la Tierra, cerca de los hombres a los que maldijo y sometido a una pena eterna por la gloria perdida.

En la cultura occidental, otra obra ha influido notablemente a la hora de construirse un concepto sobre el Demonio, un poema del siglo XVII escrito por John Milton, se trata del Paraíso Perdido. Para el escritor, Satanás es el príncipe del infierno y su segundo es Belcebú, quién le siguió en su rebelión contra Dios y por ello condenado también a las llamas eternas. Por cierto, ¿se acuerdan los lectores de algunas películas sobre demonios en los que las moscas tienen una especial significancia? Se debe posiblemente a Belcebú, nombre derivado del hebreo בַּעַל זְבוּב‎, Baʿal Zəvûv, que significa "señor de las moscas" con el que los hebreos se reían de la deidad filistea Baal ya que sus santuarios estaban plagados de moscas por los restos de animales que a modo de sacrificios dejaban sus fieles.

Hay otros príncipes del Infierno pero seguramente son apreciaciones que en la Edad Media se hizo de pasajes del Nuevo Testamento, como Mammón, al que Mateo menciona en su evangelio: 

«Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón». 

El evangelista asocia ese nombre con la avaricia por lo que en la Edad Media se le convierte en un demonio que personifica ese pecado capital. Y es que los pecados capitales fueron asociados a demonios en la Edad Media, como Belfegor, cuyo origen es Baal-Peor, un dios moabita que los hebreos asociaban a la lujuria y que como tal llegó a los tiempos medievales. Pero Asmodeo (que mencionamos antes como "Asmoday") es otro de los nombres del demonio asociado a los excesos y la lujuria, por lo que como vemos, la teoría de que son nombres para los mismos demonios cobra fuerza.

Leviathán es otro de los príncipes del infierno nombrado por el profeta Isaías en el Antiguo Testamento, como un ser infernal con forma de serpiente, si bien realmente menciona dos tipos de leviatán, por lo que la palabra tal vez sea una forma de nombrar a seres monstruosos. Pero en el Salmo 74,14, sí se le nombra como un solo ser:

"Rompiste las cabezas del Leviatán; y lo diste por comida a las tortugas de mar"

Leviatán muy posiblemente, como casi todos los demonios hebreos, es tomado de los tiempos que los judíos estuvieron en Babilonia desterrados, ya que son nombres anteriores a la época hebrea. Más parece que esos demonios describan las debilidades humanas y por ello la expresión "vencer nuestros demonios" sea correcta, refiriéndose a superar nuestras debilidades. Pero en la Edad Media, la forma de mantener a la masa ignorante fiel a los preceptos de la Iglesia cristiana que dominaba sus vidas (sucedía también en otras culturas) era atemorizarles con demonios "reales" que controlaban sus flaquezas.


REDACCIÓN