La tragedia del Kursk: ¿han aprendido los rusos?

01.09.2019

Recién llegado al Kremlin, Putin perdió un submarino nuclear; la tragedia no le pasó factura

Submarino de la clase Oscar II, la del Kursk
Submarino de la clase Oscar II, la del Kursk

Tras llevar tres meses como presidente, el día doce de agosto le comunican a Putin que la Flota del Norte ha perdido un submarino nuclear, el Kursk, durante las maniobras navales que llevaban a cabo en el Mar de Barents. Si bien no era de la clase de submarinos más grandes con los que entonces contaba Rusia, sí era uno de los más avanzados y con un potencial armamentístico temible. 

Se decía de los submarinos Oscar II, la clase a la que pertenecía el Kursk, que eran prácticamente indetectables. 

En las maniobras, la misión del Kursk era comprobar el funcionamiento de sus lanzatorpedos y precisamente fue un torpedo deteriorado el que causó la catástrofe al explotar provocando el hundimiento del enorme submarino de 154 metros de eslora y catorce metros de altura (con ciertas comodidades como una sauna, por ejemplo). En poco más de dos minutos alcanzaba la profundidad de 107 metros pro con tan mala fortuna que el golpe en el fondo marino elevó la temperatura de la sala de torpedos explotando los mismos. Tan potente fue que se registró un temblor sísmico de 4,2 grados en la escala de Richter. Sin embargo, los dos reactores nucleares no explotaron, pero la proa quedó destrozada, muriendo en el acto 95 tripulantes. Los otros 23 (algunas fuentes hablaban de algunos más) se refugiaron en la popa. La Flota del Norte no se percató del desastre hasta transcurridas varias horas.

Putin veraneaba en Sochi y no se dignó a marchar a Moscú para coordinar desde el Kremlin las labores de rescate. En vez de eso, continúo con sus vacaciones de lujo, pero ordenando a sus altos mandos militares que no dieran información sobre lo sucedido y que no permitieran injerencias extranjeras. Ello provocó que los supervivientes vivieran una verdadera agonía en el ataúd submarino en el que se convirtió el Kursk. Perecieron cuando ya no les quedó más oxígeno y terminó de inundarse el compartimento en el que se hallaban apelotonados, soportando la gélida temperatura del agua que les rodeaba.

No sintió remordimiento ninguno Putin por lo que hizo ya que ni pidió perdón, ni dimitió, sino que mintió a todo el Mundo, justificando su actitud de no permitir la ayuda internacional cuando debió hacerlo. Y eso que el comandante de la nave tenía la distinción de "héroe de Rusia" ya que con su tripulación del Kursk consiguió la hazaña de acceder al Mar Mediterráneo, en plena guerra de Yugoeslavia, sin ser detectado por la VI Flota de los Estados Unidos. 

A Putin solo le preocupaba devolver a Rusia su antigua imagen imperial por lo que ordenó que se llevaran a cabo maniobras navales con una Armada defectuosa

Una vez se percataron de lo sucedido, al extrañarse de que el submarino no se pusiera en contacto con al mando central de la Flota para comunicar que habían llevado a cabo su segundo ejercicio táctico, previsto para el mediodía, transcurrieron más de quince horas hasta que localizaron la nave. No hubo éxito en la maniobra de acercamiento cuando por fin ubicaron la posición exacta del Kursk, pues el submarino de rescate estaba defectuoso. Además, el servicio de prensa de la Armada y el Gobierno rusos dieron las razones más peregrinas para explicar el hundimiento del Kursk, tales como que había chocado con una antigua mina de la Segunda Guerra Mundial o que un submarino de los Estados Unidos lo había atacado, provocando una crisis diplomática con Washington, que evidentemente desmintió el ataque.

Tras una semana de infructuosa operación de salvamento, el Almirantazgo ruso solicitó la ayuda de Gran Bretaña y Noruega, reconociendo que carecían de medios eficaces para salvar las vidas de los marinos rusos. Pero cuando los buzos noruegos llegaron a la nave, lo que hallaron fue un espectáculo dantesco de cadáveres flotando o calcinados en el compartimento ya inundado.

Al cabo de varios meses, se consiguió reflotar lo que quedaba del submarino y llevar a cabo la consiguiente investigación, ya en la dársena. El informe se filtró a la prensa y en el mismo se explicaba que la causa fue la explosión de la mezcla del peróxido que salía de una soldadura en mal estado con el queroseno que usaba como combustible el torpedo que explotó primeramente, aquel con el que iban a realizar la prueba. De los supervivientes a esta explosión que se agolparon en uno delos compartimentos que permanecían intactos en la popa, muchos de ellos morirían varias horas después por una tercera explosión, en esta ocasión causada por la caída al agua de un cartucho químico de oxígeno; al haber aceite en el agua, provocó una llamarada. El fuego consumió lo poco que quedaba de oxígeno por lo que los pocos supervivientes no tuvieron oportunidad de ser rescatados. Tanto las horas que continuaron con vida como las razones de su muerte se supieron por pruebas médicas forenses y análisis de los restos hallados. Es precisamente por estos exámenes que se sabe que los supervivientes duraron tan solo unas horas tras las explosiones y que el submarino estaba completamente inundado en apenas ocho horas.

Los investigadores analizaron los medios técnicos del submarino, cuya denominación exacta era K-141 Kursk, hallando que aparte de ser de mala calidad se encontraba defectuoso, algo inaudito teniendo en cuenta que tan solo tenía seis años de antigüedad, siendo diseñado para combatir a buques de gran tamaño, incluyendo portaaviones. El nombre se le dio en recuerdo de la batalla de Kursk, el mayor combate de tanques de la Historia, en 1943, entre soviéticos y nazis, con victoria rusa.

A pesar del enorme despliegue ruso en la misión de rescate, con numerosos buques, aviones y helicópteros, no se conseguía llegar a los tripulantes, mintiendo a familiares y prensa diciéndoles que se hallaban bien pues mantenían contacto por radio; después se supo que lo único que se comunicaban mediante golpes en el casco de la nave, por lo que sabían que había supervivientes, pero ignoraban cuántos ni quiénes eran.

Cuando los buzos entraron en el submarino, hallaron los cadáveres de quince tripulantes en el compartimento de los reactores nucleares siendo evidente que sellaron el mismo para evitar una posible radiación. Una verdadera heroicidad y sacrificio hacia sus otros compañeros, evitando que la radiación, de emitirse, pudiera afectarles.

Los cadáveres no fueron rescatados de inmediato, sino que las familias tuvieron que esperar dos meses a que pudieran ser recuperados por la Armada rusa ya que ésta no permitió que lo hiciera ningún otro País por temor a que aprovecharan la misión para tomar nota de los avances tecnológicos del Kursk. De hecho, lo que quedaba del submarino no salió de nuevo a la superficie hasta catorce meses después de la tragedia y, ahí sí, con ayuda extranjera.


El oscurantismo ruso como herencia de la etapa soviética

El Kremlin, herencia del pasado imperial
El Kremlin, herencia del pasado imperial

Putin creyó que podía limpiar su imagen y lavar su conciencia condecorando con carácter póstumo a los tripulantes del Kursk. Pero nada dijo de como dio la espalda a sus familias. Hubo denuncias hacia las autoridades, a quiénes acusaban de anestesiar con inyecciones a los parientes próximos que protestaban en las oficinas gubernamentales pidiendo explicaciones de lo sucedido. El oscurantismo ruso ha continuado a lo largo de todo el siglo XXI pues el País sigue dirigido por el mismo hombre.

De hecho, otros submarinos se siniestraron después, el último en julio de este año, con catorce muertos, sin que tampoco se haya informado dela tragedia, por parte del Kremlin, al menos con el detalle que cabría esperarse. Pareciera que el País no consiguiera sacudirse el lastre de su pasado soviético. A fin de cuentas, Vladimir Putin se formó en los servicios secretos del anterior Régimen.  

Por los pocos datos que han trascendido del último accidente, parece que se originó un incendio en el compartimento de baterías, en el que quedaron atrapados los fallecidos, incluido el comandante de la nave. Gracias a que se procedió al sellado del compartimento afectado, se pudo reflotar el submarino y salvar a los otros once tripulantes. La Armada rusa cuenta con marinos que son verdaderos héroes, no cabe duda, a los que no corresponde su comandante en jefe, pues sus salarios son miserables mientras él vive rodeado de todo tipo de lujos.

El sumergible accidentado en julio de 2019 es un proyecto ultrasecreto conocido como "Losharik", diseñado para navegar a grandes profundidades, incluso superando los 3.000 metros. Tiene una eslora de 69 metros y capacidad de arrastre de 2.000 toneladas, similar por lo tanto a los submarinos españoles de la clase Galerna, pero solo en tamaño pues el modelo ruso es nuclear y mucho más sofisticado. Se cree que los rusos desarrollan este proyecto con el objetivo de llegar a la mayor profundidad y así poder acceder a los cables de telecomunicaciones submarinos: podrían cortarlos o intervenirlos y, de conseguirlo, tanto anular como espiar las comunicaciones de una gran potencia enemiga, lo que ahora mismo no puede hacer ningún otro submarino ya que la mayor profundidad a la que pueden llegar no supera los mil metros.

El submarino siniestrado, el primero de los Losharik que Rusia quiere poner en funcionamiento, sería verdaderamente indetectable. Otro submarino gigante, como el prototipo que también están desarrollando los rusos, el Belgorod, de 184 metros de eslora, capaz de arrastrar 30.000 toneladas, trasladaría al Losharik hasta donde desearan y una vez allí soltarlo para que a una gran profundidad desplegara sus medios de interceptación de comunicaciones.

Así que vemos como los sucesos del Kursk y del submarino recientemente accidentado no son aislados en el siglo XXI. Rusia se afana en recuperar su papel de superpotencia militar y por ello oculta los accidentes. Ya en 2008 el Nerpa, de la clase Akula, los más grandes de la Armada rusa, antes de la construcción del Belgorod, se produjo otro accidente por respirar gas freón, muriendo 17 personas y otros siniestros antes y después se han producido. ¿Cuántos marinos rusos deberán morir hasta que su Gobierno crea alcanzado su objetivo?