Las leyendas urbanas de Chernobyl

26.04.2018

En los últimos treinta años se han originado inverosímiles teorías, a cuál más rocambolesca, sobre los efectos dañinos de la explosión y lo que la causó.

Internet ha contribuido a extender teorías sobre los efectos de la radiación
Internet ha contribuido a extender teorías sobre los efectos de la radiación

CLUB DE LA HISTORIA

En 1986 se produjo la peor crisis nuclear de la Historia: Chernobyl estalló provocando una nube radiactiva que se expandió por media Europa. Desde entonces, teorías absurdas y leyendas urbanas de todo tipo se han popularizado. Otras creencias, en cambio, tal vez no sean tan improbables. Una nueva película de NETFLIX, "Aniquilación", usa como argumento la posibilidad de que el área de exclusión sea un lugar donde existen formas de vida imposibles y amenazantes. Lógicamente, en aras de la ciencia ficción, necesario para hacerlo más comercial, el film debe ofrecer algún gancho pero lo cierto es que recoge el mito que se ha generado en torno a Chernobyl. La verdad es que el área de exclusión no es tan alarmante ni oscuro como recrea la película.

Ahora bien, se especula desde poco después del desastre con que existan especies de insectos, animales y flora que han sufrido mutaciones aterradoras en la zona contigua a Chernobyl. Hasta que las cámaras de medios occidentales no pudieron entrar en estos parajes ucranianos, una vez se derrumbó la Unión Soviética y se marcharon los rusos, solo podíamos imaginarnos la magnitud del desastre. Teniendo en cuenta que la nube de radiación se extendió por medio continente, la mayoría imaginábamos que el área próxima a la central nuclear había quedado devastada. Pero no fue así, todo lo contrario, hay un gran espesor de vegetación y quiénes visitan el lugar se encuentran con numerosos animales de todo tipo, incluso perros, descendientes de los que hace años quedaron abandonados al ser evacuados sus dueños, canes que aparentemente están muy sanos, aunque las autoridades recomiendan no acariciarlos, por precaución.

Pero si hay tanta fauna y flora, y además variada, se llegaría a decir que la radiación no fue tan dañina sino un engaño para no visitar la zona puesto que el Gobierno tenía instalaciones secretas. La explicación no necesita recurrir a teorías conspiranoicas o de experimentos secretos; es mucho más simple: si hay tantos animales y especies forestales se debe a la ausencia de la mano del hombre para alterar ese hábitat. Al marcharse los seres humanos, huyendo de la radiación, no existen plantaciones agrarias que desforesten el paisaje ni se ha intentado domesticar a los animales o darles caza para vender su carne.

Otro mito ha sido el de la supervivencia de los pocos humanos que no huyeron gracias al alcohol. Es cierto que el vino contiene un 3% de sustancias diversas (el 97% es agua y alcohol), entre ellas los polifenoles, sobre todo el tinto, con propiedades antioxidantes. De ahí que se llegue a indicar como saludable un vaso de vino tinto al día. Sería bueno para el corazón y como prevención de enfermedades neuronales. Si los polifenoles hacen que tanto insectos como microbios y plantas sean más resistentes, el vino, con su importante cantidad de esas sustancias pudiera contribuir a eliminar radicales libres por lo que se está investigando su uso en la lucha contra el cáncer. Pero las altas radiaciones que se dieron en Chernobyl no hubieran podido ser combatidas simplemente bebiendo vino tinto. De todos modos, las estadísticas sobre las consecuencias de la radiación en las personas tras la explosión son muy controvertidas no existiendo ninguna investigación hasta el momento que haya demostrado una relación directa entre los casos de cáncer detectados y la radiación. Algunos expertos dicen que no se puede establecer si realmente aumentó el número de enfermos por tumores ya que no hay referencia anterior.

Pripyat, junto a Chernobyl, se convirtió en una ciudad fantasma
Pripyat, junto a Chernobyl, se convirtió en una ciudad fantasma

Algunos testimonios de personas que trabajaron en las tareas de contención en el suceso de Chernobyl aseguraban que a las mujeres que o bien se ofrecieron voluntarias o se les obligó a trabajar en Chernobyl y que se quedaban embarazadas se les forzó a abortar. De los miles de personas, sobre todo hombres (había muy pocas mujeres) que trabajaron durante ocho o nueve años en las tareas de limpieza y contención, a un porcentaje destacable les extrajeron las tiroides por contraer un tumor. Los medidores de radiación marcaban el tope con lo que nunca supieron los afectados, en realidad, las dosis a las que estuvieron expuestos.

Una tercera leyenda urbana, allá por finales de los 80 y en los primeros años 90, cuando no podíamos saber cómo había quedado exactamente Chernobyl y dejábamos que nuestra imaginación volara, fue la de que se trató de una gran mentira para ocultar alguna instalación secreta que los soviéticos tenían en la zona.

En realidad, la propia Chernobyl era un proyecto secreto, pero a su vez era una tapadera para otro aún más secreto: el gigantesco radar "Duga". Una antena enorme de 150 metros de altura y cuya instalación se extiende a lo largo de 800 metros con el objetivo de detectar misiles que procedieran del oeste. Eran tan grande que requería una cantidad tremenda de energía eléctrica pensando las autoridades soviéticas que las proximidades de Chernobyl sería el lugar adecuado para su emplazamiento.

La central nuclear comenzó a construirse en 1977 y cuando se instaló el radar Duga ya llevaba funcionando varios años, con cuatro reactores a pleno rendimiento. Se cree que fue la necesidad de abastecer de suministro eléctrico al enorme radar lo que motivó la construcción de otros dos reactores. Evidentemente, tras la explosión, se abandonó el radar.