Las peores erupciones volcánicas de la Historia

31.05.2018

Con motivo de los últimos hallazgos arqueológicos en Pompeya, destruida por el Vesubio, recordamos cuáles han sido las mayores catástrofes volcánicas de la Historia

Como sabemos, la erupción del Vesubio destruyó las ciudades de Pompeya y Herculano (las más conocidas, pero también arrasó la localidad de Estabia), en el año 79 a. C. Hoy en día Pompeya es una gran atracción turística visitada por millones de personas todos los años ajenas a que el volcán sigue en realidad activo. Recientemente se han hallado nuevos restos arqueológicos que dramatizan aun más la terrible experiencia sufrida por los habitantes de aquellas ciudades romanas del sur de Italia. 

Los arqueólogos han hallado el que han denominado "Callejón de los balcones", por los cuatro balcones, uno al lado del otro, que han desenterrado. Aún más reciente es el descubrimiento de la espectacular domus de los delfines, una villa romana con frescos que se han conservado casi intactos en los que se representan varios delfines (junto a un pavo real, un papagayo, una perdiz y animales míticos). Pero también un gran bloque de piedra, de 300 kilogramos de peso, debajo del cual se ha encontrado el esqueleto de una persona que se cree huía de los misiles que la erupción del Vesubio lanzó sobre la ciudad (aunque tal vez se trataba de la jamba de una puerta que fuera lanzada por la nube volcánica). Tenía entre 30 y 35 años de edad, con una infección en la tibia, lo que seguramente le haría cojear. Así que, si pocas posibilidades tenían el resto de vecinos de Pompeya, Herculano y Estabia, este individuo ahora encontrado tenía aún menos opciones de escape. Parece que tropezó quedando boca arriba por lo que pudo ver como se le venía encima el misil de piedra que acabó son su vida hundiéndole el torax y decapitándolo. El lugar donde ha sido hallado indica que estuvo a punto de huir de la ciudad y salvarse, como hicieron algunos de sus conciudadanos, pero debido a su cojera no llegó a tiempo.

Molde de un hombre petrificado por las cenizas del Vesubio y restos hallados en Pompeya
Molde de un hombre petrificado por las cenizas del Vesubio y restos hallados en Pompeya

También se ha encontrado restos óseos de un niño, de siete y ocho años de edad, junto a las Termas Centrales de Pompeya, donde seguramente intentó refugiarse. Al aparecer rodeado de ceniza y no de piedras, se cree que se hallaba en un recinto cubierto. A comienzos de este mes de mayo se halló los restos de un caballo engalanado por lo que se están encontrando numerosos vestigios últimamente que ayudan a completar la reconstrucción del suceso.

Pero no es el único lugar habitado que corre peligro por una nueva erupción. Los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en México, se encuentran a tan solo 60 kilómetros de la capital federal del País y en el valle circundante a los volcanes viven cientos de miles de personas. Se descubrió un observatorio prehispánico en la ladera del Popocatépetl que pudo haber servido también para llevar a cabo rituales que propiciaran la lluvia en la zona según las creencias de entonces. Se han hallado otros en distintos volcanes mexicanos, lugares a los que se denomina tetzacualco (que significa "recinto de piedra"), con paredes que van desde los doce metros hasta los 36 de largo; la altura oscila entre el metro y el metro y medio de altura, hechos de basalto y tezontle. Pudieran datar en torno al año 700 de nuestra era, aunque tal vez sean mucho más antiguos a falta de ahondar en las investigaciones. Por este dato se sabe que es muy anterior a los aztecas desconociéndose la civilización que los construyó, pero sí hay testimonios del siglo XVI, cuando los españoles ya andaban por estas tierras, que atestiguan que estas instalaciones eran usadas para sacrificios de niños que los aztecas ofrecían a Tláloc, dios de la lluvia. Con esta reseña histórica comprendemos el impacto que siempre han causado los volcanes en la Humanidad, por una razón u otra.

El Instituto de Geofísica de México ha constatado, tras varios años de monitoreo del volcán, que nada menos que cinco Estados mexicanos corren peligro si se produjera una gran erupción pues afectaría a un radio de cincuenta kilómetros cuadrados pudiendo alcanzar la columna desprendida tras la erupción unos veinte kilómetros de altura o más. No en vano, el Popocatépetl es el segundo volcán más activo de México. En los últimos días ha generado decenas de exhalaciones de baja intensidad e incluso se produjo un estallido que dio lugar a una columna de vapor de agua, anhídrido carbónico, cloro y flúor de medio kilómetro de altura y varios terremotos, siendo el de más intensidad de magnitud 2.1

El problema es que, en realidad, el Popocatépetl está en erupción constante (de baja intensidad con algunos picos más altos, pero no preocupantes) desde 1994 con lo que las poblaciones circundantes ya se han acostumbrado. De hecho, su nombre procede de la ancestral lengua local náhuatl y significa "montaña que humea" por lo que se ve que ha sido igualmente una constante a lo largo de la Historia sus continuas y duraderas erupciones.

Volcán Kilauea
Volcán Kilauea

Otro volcán que escupe lava durante un largo período de tiempo las numerosas ocasiones que entra en erupción es el Kilauea, en Hawái (a día de hoy, lleva en erupción 28 días destruyendo decenas de viviendas). La última nube generada, de hace tan solo unos días, ha alcanzado tres kilómetros de altura. Su última megaerupción fue en 1790, muriendo 400 personas. Aquí tenemos un problema añadido, y es la formación de ácido clorhídrico al contacto de la lava con el mar que rodea la isla de Hawái. 

En ambos casos, el de México y el de Hawái, preocupan los proyectiles de roca, algunos tan grandes como un hombre; de hecho, en Hawái ya ha muerto una persona por el impacto de una roca despedida desde el Kilauea; era pequeña pero tan veloz que le rompió una pierna a la víctima. 

La lava del volcán mexicano es más densa y si se produjera la megaerupción en el Popocatépetl la nube piroclástica que produciría sería mucho más grande y las cenizas se expandirían por una zona muy amplia. La última gran erupción fue hace 1.100 años, más o menos la época en la que se han datado las extrañas instalaciones que los arqueólogos han hallado en la falda de este y otros volcanes mexicanos, los llamados tetzacualcos de los que hablaba anteriormente. ¿Fue esa megaerupción la que acabó con la desconocida civilización que los construyó?  

Isla de Santorini
Isla de Santorini

Más cerca de España se encuentra la isla de Santorini, en el Mar Egeo. Hace 3600 años un supervolcán destruyó la isla de Thera, que antes se encontraba en el mismo lugar, cuyo puerto, Akrotiri, era uno de los que más actividad tenía por entonces en la Región. Tras un fuerte terremoto, dos semanas después llegaría la megaerupción que generó una columna de cenizas de más de 30 kilómetros de altura. La nube piroclástica y tóxica barrió la zona en un radio de 400 kilómetros. La isla se partió en tres y prácticamente toda la flora y fauna desaparecieron y lo que sobrevivió quedó contaminado durante décadas. El Egeo sufrió un tsunami con olas de más de diez metros de altura que paralizó el tráfico marítimo y destruyó la civilización minoica en la Isla de Creta que era la que dominaba el Mediterráneo Oriental entonces; Creta se halla a 112 kilómetros del volcán, pero fue de tal magnitud la erupción que incluso Egipto, a más de mil kilómetros de distancia, vio cómo se oscurecían los días por la nube de cenizas.

Cuando se produce la siguiente megaerupción, habían pasado tantos siglos desde la anterior del Egeo que permanecía en las brumas de la Historia, como si de una leyenda se tratara, dando pie al mito de la Atlántida. No imaginaban los habitantes de Pompeya y Herculano que eso les sucedería a ellos, aunque en menor magnitud, pero suficiente como para destruir ambas ciudades y otras aldeas próximas. La del Thera ha sido probablemente la mayor erupción de la Historia, elevando a la atmósfera un volumen de 100 kilómetros cúbicos de roca, cuatro veces más que la segunda megaerupción más potente documentada, la del Krakatoa.

Supervolcanes: la amenaza oculta

Los geólogos creen, estudiando la actividad volcánica, que estos volcanes entran en erupción cada 150.000 años, pero siendo exactos, ninguno de los indicados se considera un supervolcán ya que para entrar dentro de esa calificación debiera expulsar al menos mil kilómetros cúbicos de material, y eso hasta ahora no lo ha hecho ninguno de los que se tenga constancia histórica. En cambio, si hay registros geológicos de la actividad de supervolcanes hace decenas de miles de años.

Ahora bien, si las enormes nubes tóxicas y de cenizas, así como los devastadores tsunamis provocados por las grandes erupciones registradas en los últimos 4.000 años no se consideran supervolcanes, entonces solo podemos rezar (cada cual lo que sepa) para que jamás se produzca uno de estos eventos que, sin duda, afectarían a todo el Planeta.

El volcán Krakatoa arrasó la isla próxima de Sebesi con sus 3.000 habitantes, y como sucedió con Thera, cientos de años atrás en el Egeo, en 1883 el tsunami originado por el Krakatoa barrió todo el Mar de Sumatra causando decenas de miles de muertos (las olas llegaron incluso a Sudáfrica). Pero como decía, estos gigantes no son realmente supervolcanes, ni siquiera se aproximan a la acción devastadora de las megaerupciones de tiempos geológicos pasados, como la del volcán Toba, también en Sumatra. La última se produjo hace 74.000 años. El Toba sumió a casi toda la Tierra en la oscuridad durante algo más de seis años debido a la nube de cenizas como queda constatado por el estudio del hielo que cubre Groenlandia. En uno de sus yacimientos que tienen por objeto estudiar el pasado geológico del planeta, observando las distintas capas se observa que en una de ellas, hay cenizas abarcando el grosor del hielo correspondiente a seis o siete años lo cual solo puede provocar una masiva expulsión de ceniza: el volcán Toba expulsó 2.800 kilómetros cúbicos de material. Aún con toda su destrucción no fue la peor supererupción; ese honor se lo lleva el volcán de La Garita, en el Estado de Colorado (EEUU), hace 27 millones de años. La explosión fue el equivalente de 15 millones de bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima. Liberó 5.000 kilómetros cúbicos de material y es la única con IEV 9 (el índice de explosividad volcánica se mide del uno al nueve, de menor a mayor). La caldera que formó el hundimiento de la tierra alrededor de la erupción es de una extensión de 75 kilómetros de largo por 35 kilómetros de ancho. La nube que generó alcanzó una altura de 50 kilómetros y por supuesto cambió el clima del planeta.

Según los vulcanólogos, la periodicidad de las megaerupciones con efectos globales es de 150.000-200.000 años por lo que tendrían que pasar 80.000-90.000 años hasta que se produzca otra 

Sin embargo, no es el caso del Yellowstone, en Estados Unidos, ya que la última vez que entró en megaerupción fue hace 630.000 años, así que por terrorífico que nos parezca, parece que ya le toca, incluso si como dicen los geólogos que lo estudian, en el caso específico del Yellowstone, su periodicidad fuera mayor, de 600.000 años. También en este caso, el período entre megaerupciones ha concluido, es más, se hubiera retrasado ya mucho tiempo, en torno a 30.000 años, por lo que una nueva supererupción es relativamente inminente. Pero ¿por qué se retrasa tanto?

Geyser "Morning Glory", en el parque Yellowstone
Geyser "Morning Glory", en el parque Yellowstone

Partamos de la base de que la vulcanología es una ciencia muy imprecisa ya que los volcanes son monstruos sobre cuyo comportamiento aún se sabe muy poco. Pero tomando nota de erupciones del pasado, se ha observado como algunos están activos durante décadas e incluso siglos, eyectando lava de forma continua hasta derivar en una repentina erupción, aunque no es el caso del Yellowstone, cuya actividad solo se vislumbra por sus geiseres y elevación del terreno. Hace algunas décadas se observó como el lago del parque se expandía por un lado retirándose el agua por el otro, lo que solo podía explicarse por la elevación del terreno. Así que si la cámara de magma está hinchándose desde hace decenas de miles de años, solo cabe esperarse una megaerupción, pero es imposible con la tecnología actual saber cuándo sucederá. Tal vez el "aviso" sea la mayor frecuencia de terremotos de mayor magnitud. En los últimos meses se han sucedido a una frecuencia inusitada, pero todos de muy baja intensidad. Seguramente el terreno se elevaría más de la cuenta justo antes de la erupción o a lo mejor ese levantamiento dura meses, tal vez años. Al no saber con exactitud cómo se produjo la anterior erupción de este gigante enterrado, no puede saberse a ciencia cierta cómo responderá antes de una nueva explosión. 

Los geiseres más famosos del parque, el Excelsior y el Steamboat, lanzaban agua y vapor a una altura de entre 100 y 120 metros, pero de repente dejaron de estar activos, durante décadas, para volver a lanzar agua, aunque a menor altura. Así que tampoco parece que observar el comportamiento de los geiseres aclare nada. El Steamboat, de hecho, ha escupido agua caliente y vapor por cuarta vez en los últimos meses cuando llevaba años dormido. El parque recibe anualmente alrededor de tres millones de visitantes. Pero no parece que la cámara de magma esté realmente hinchándose, todo lo contrario, pareciera que estuviera liberando material a través de los numerosos geiseres, por lo que otra teoría es que no se repita una megaerupción, al menos en miles de años, porque estemos en una etapa de enfriamiento del supervolcán. Sin embargo, sí pueden producirse grandes terremotos, como el acaecido en 1959, de magnitud 7,5. Estos sismos pudieran provocar grandes avalanchas. La de aquel año mató a 28 campistas junto al lago Hebgen. La cordillera de los Tetons sufre un gran seísmo cada 900-1000 años tras el que se elevan unos dos metros, pero también el teórico nuevo terremoto de los Tetons se retrasa, nada menos que 5.000 años puesto que el último fue hace 6.000 años. Por alguna razón que los geólogos desconocen, la actividad tectónica de la Región se ha parado o ralentizado. O ¿acaso se ha producido ya la superupción y no tengamos constancia de ello?

Duck Lake es una laguna de algo más de 200 metros de anchura que se cree se formó hace 15.000 año tras una gran erupción. Desde luego, una supererupción causaría una caldera mucho mayor, como la que ocupa dos terceras partes del parque, solo visible mediante satélite artificial. Tal vez la actividad en el período actual (que en la vida del volcán pudiera ser de varias decenas de miles de años), sea de erupciones "pequeñas" pero que liberan gran cantidad de energía igualmente, lo que está permitiendo que no se libere de golpe.

Yellowstone es un supervolcán oculto. Algunas de las megaerupciones del pasado geológico del planeta las conocemos por los restos de ceniza que dejaron y que con el tiempo quedó sepultada por nuevas capas de tierra, motivo por el que se borró su rastro descubriéndose en la actualidad porque se haya excavado algún yacimiento en la zona. Sin embargo, los geólogos tienen claro que hay otros no descubiertos hasta el momento o sepultados bajo los océanos. Ni siquiera los que se conocen han sido estudiados del todo, como el de Pastos Grandes (Bolivia), con una caldera de 2.600 kilómetros cuadrados. Son tan grandes las bocas de estos monstruos dormidos que hay incluso ciudades en su interior, como en el caso del volcán Aira, en Japón, cuya caldera alberga la ciudad de Kagoshima, con más de 605.000 habitantes. Y es que muchos de estos supervolcanes son subterráneos, esto es, no se perciben a simple vista.

Un volcán "convencional", los que todos conocemos y son visibles, puede llegar a formarse rápidamente o hacerlo durante toda una era geológica; dependerá de la presión del magma subterráneo empujando la tierra que tiene por encima. En 1943, el volcán Paricutín, en México, se formó en tan solo dos años alcanzando 430 metros de altura y una anchura de casi un kilómetro. Pero lo cierto es que de los miles de volcanes que se conocen tan solo el 3% están activos, aunque como decía no son los más preocupantes, sino aquellos que no se ven porque son subterráneos o están cubiertos por el Océano. Solo aparecerán cuando estallen. El único modo de distinguir la caldera que dejó su anterior supererupción, hace decenas o cientos de miles de años, es por satélite y así es como se pudo comprobar que la caldera del Yellowstone es enorme, de casi seis kilómetros de anchura. La cámara de magma subterránea de este supervolcán tiene 72 kilómetros de ancho elevando el terreno 500 metros de altura por la presión ejercida, desde la última gran erupción. En 1984, el parque entero se hundió más de veinte centímetros. 

Volcán Santa Helena: puede verse el lado desprendido por la última erupción
Volcán Santa Helena: puede verse el lado desprendido por la última erupción

Es relativamente reciente la megaerupción del Santa Helena, en 1980, en el Estado de Washington, en EEUU. Pero por descomunal que fue no se la considera una supererupción como la de tiempos remotos, ya que "solo" expulsó 1,2 Km³ de material. Y eso que un lado del monte se desmoronó literalmente provocando la mayor avalancha de tierra y roca de la Historia y a una velocidad endiablada de casi 250 kilómetros por hora. Al cabo de tan solo un minuto la montaña estalló lanzando una nube piroclástica que abarcó una zona de más de mil kilómetros cuadrados que cogió a los desprevenidos turistas y curiosos que creían que el volcán se comportaría como los hawaianos, que sueltan lava pero no explotan (Hawái era el único referente volcánico que se tenía en los Estados Unidos entonces). Como resultado, 57 muertes, algunas a 30 kilómetros de distancia. Tan solo 90 minutos después de la erupción, la nube de cenizas llegó a la localidad de Yakina, a 130 kilómetros de distancia, viviendo una jornada que recordarán como si el mismo infierno se estuviera tragando su ciudad: el día se volvió noche, puesto que la nube tóxica no dejaba pasar la luz del sol; los vehículos se paraban por llenarse los motores de ceniza y las instalaciones eléctricas fallaban cortando el suministro de luz artificial. Los viandantes a los que sorprendió la nube (no fueron avisados por los sistemas de alerta que nadie supo usar en domingo, un día festivo) tuvieron serios problemas para respirar de camino que intentaban protegerse en algún edificio y los circuitos de refrigeración se tuvieron que cerrar porque la ceniza entraba por ellos, por lo que en las casas, oficinas y centros públicos hacía mucho calor. La pequeña ciudad (50.000 habitantes) quedó incomunicada durante tres días puesto que se cerraron, por seguridad, las carreteras de acceso y el aeropuerto. 

La intensidad del Santa Helena, con toda su destrucción, fue de IEV 5. Mucho peor fue la del volcán Tambora, que liberó más de 160 Km³ de material en 1815, provocando que ese año se pasara directamente de la primavera al otoño, sin las temperaturas propias del verano, ya que la atmósfera estaba cubierta por la ceniza. Murieron 82.000 personas; su IEV fue de 7, como la del volcán Thera, mientras que la del Krakatoa fue de IEV 6. En cambio, los supervolcanes son de IEV 8 y solo las erupciones del Pleistoceno las han registrado.

Los volcanes más potentes están en Europa

Si creemos los que vivimos en la Península Ibérica que todos esos volcanes nos quedan lejos y por lo tanto que estamos a salvo lamento decir que el más grande de todos los volcanes que se conocen activos lo tenemos a la vuelta de la esquina, en el sur de Italia, en los llamados "Campos Flégreos", junto a Nápoles. Es conocida desde antiguo y ya los romanos la frecuentaban por sus aguas termales; de hecho, creían que era la puerta a los infiernos, justo en el Lago Averno que ocupa la caldera del antiguo volcán (del latín a ornis, que significa "sin aves", o sea, un lugar al que no se acercaban las aves). La Región está habitada por más de dos millones de personas, una población similar a la que circunda el parque Yelowstone pero la caldera del supervolcán italiano es el doble de grande que la del Yelowstone.

La última megaerupción de los Campos Flégreos tuvo lugar hace 40.000 años, expulsando 200 km3 de material. Hubo dos grandes erupciones, una hace 12.000 años y la última en el siglo XVI de nuestra era, por lo que no se espera más actividad destructiva en miles de años, pero la IEV es de 7, como la del volcán Thera.

Como sucede con el Yellowstone, al no haber referencias de la anterior megaerupción, se desconoce con exactitud cómo se produciría una nueva explosión por lo que el hecho de que las numerosas fumarolas tengan una mayor actividad en los últimos años (en el caso del Yelowstone serían los geiseres), más seísmos, aunque de poca intensidad y una elevación del terreno de varios centímetros pudiera no indicar nada alarmante. Pero como sucede con el parque norteamericano, también en Nápoles se ha confeccionado un plan de evacuación por si se produjera una mayor actividad. Y es que tengamos en cuenta que en la zona también está el Vesubio, el que sepultó Pompeya y Herculano. Y para redondear la peligrosidad de la Región, el Stromboli, que está en erupción constante desde 2007, se encuentra muy cerca de la zona; es el volcán por el que los personajes de la novela de Julio Verne, Viaje al Centro de la Tierra, salían al exterior tras su increíble aventura. El Vesubio y los Campos Flégreos se sospecha que estén conectados y aunque por sí mismos no son supervolcanes, una erupción conjunta si daría lugar a una megaerupción sin parangón en los registros históricos.

En España los volcanes más peligrosos son los de las Islas Canarias y no porque en la Península no haya, que los hay en gran cantidad, pero inactivos. Pero hace unos años se hallaron restos de un enorme evento vulcanológico en el solar ibérico en un pasado tan remoto que conseguir más datos al respecto es una tarea ardua y complicada. Sucedió hace 477 millones de años, cuando se inicia el período geológico floiense, por lo que pudo ser esta supererupción la que provocara el cambio climático en toda la Tierra acaecido entonces y la extinción de la mayoría de los braquiópodos, los conodontos y casi todas las especies trilobites. Geólogos de la Universidad de Oviedo estudió el sedimento de la zona, en la década de los 60, hallando una gran cantidad de piedra pómez, depositada durante millones de años en dos eventos volcánicos en diferentes momentos. Cuarenta años después, en mitad de la construcción del tren de alta velocidad en su tramo por el Puerto de Pajares, en los Montes Astures, se pudo analizar una capa de rocas extraídas, estableciendo la datación definitiva con la ayuda de la Universidad de Oslo, en uno de cuyos laboratorios se analizaron los zircones -cristales magmáticos-. Material similar se halló posteriormente, en la construcción de un túnel en Ribadesella, a cien kilómetros de Pajares, con la misma datación, con lo que se constató la magnitud del evento cataclísmico. La capa de piedra pómez y resto de material magmático tenía en algunas zonas un metro de espesor y se sabe que se depositó de forma brusca pues no hay materiales distintos. Se cree que después del Toba y la caldera de La Garita, mencionados anteriormente, fue la tercera mayor megaerupción de la Historia planetaria. No se ha encontrado caldera cerca porque, según los investigadores, probablemente se trató de un supervolcán submarino ya que, por entonces, casi todo el territorio de la actual Península Ibérica estaba sumergido.

Como vemos, las grandes erupciones de la Historia fueron verdaderamente dramáticas, como la del Vesubio, pero existen supervolcanes, algunos aun no descubiertos, que pudieran provocar una catástrofe de mucha mayor envergadura, a tenor de los restos geológicos de anteriores megaerupciones.