Los misterios de Keops (I): la alineación de las pirámides

26.04.2018

Desvelado uno de los enigmas de Guiza: la gran pirámide medía el tiempo

Las pirámides tenían muchas funciones
Las pirámides tenían muchas funciones

Por MARTA F.

Son la sexta maravilla del Mundo, un conjunto de pirámides que reciben miles de visitas turísticas a diario, monumentos mimados al extremo por las autoridades egipcias, y sin embargo siguen guardando numerosos secretos, uno de los más importantes parece que por fin han sido desvelados.

Nadie conseguía dar una explicación convincente a la increíble y casi perfecta alineación de las tres pirámides con los equinoccios, pero recientemente se publicó una teoría a cargo del arqueólogo Glen Dash en The Journal of Ancient Egyptian Architecture, que pareciera solventar el enigma.

Los equinoccios son los dos días del año en que tanto el Polo Norte como el Polo Sur están exactamente a la misma distancia del Sol con lo que esos días la noche tiene la misma duración que el día: doce horas. En el Polo Norte la larga noche de medio año de duración deja paso al largo día de otro medio año, o sea, durante seis meses no anochecerá porque el Sol alumbrará las 24 horas la zona. El nombre de tan singular fenómeno procede del latín: aequi noctium que significa "noche igual". A partir del 20-21 de marzo, los días se irán alargando, hasta que lleguemos al otoño que marcará otro equinoccio.

Los egipcios estaban al tanto de esta fenomenología y la medían con distintos instrumentos, al igual que lo hacía otra cultura muy distante: la maya. Curiosamente, los mayas también señalaban los equinoccios en sus pirámides, como vemos en Chichén Itzá, en el sureste de México. El haz de luz que la aparición del Sol y su recorrido durante esa jornada equinoccial puede seguirse observando cómo alumbra diversos edificios dispersos por el Yucatán. En la década de los años 70 los arqueólogos y astrónomos descubrieron como la escalinata de la pirámide de Chichen Itzá se alumbraba progresivamente a medida que avanzaba el Sol en su caminar por la bóveda celeste y del mismo modo los escalones se oscurecían a medida que el día tocaba a su fin y el Sol se retiraba. Un espectáculo que deja maravillados a las decenas de miles de turistas que visitan el complejo todos los meses.

Pero los antiguos egipcios también levantaron pirámides, aún más grandes que las mayas (aunque la pirámide mexicana de La Puebla tiene la base más grande del Mundo) y mucho antes que en la Península del Yucatán. Aún se desconoce como se construyeron y hasta ahora tampoco se sabía el porqué de la asombrosa alineación de las pirámides con los puntos cardinales.

El secreto desvelado: la alineación de las pirámides tenía una función

Los misterios de Guiza van desvelándose
Los misterios de Guiza van desvelándose

En la Antigüedad, los astrónomos de distintos pueblos usaban un instrumento al que los egipcios denominaban gnomon para señalar el recorrido del Sol durante el día, como si fueran relojes. Grandes monumentos han llevado a cabo esa función, en especial los obeliscos. Pero el gnomon rudimentario es una simple vara que se coloca en un plano horizontal; la sombra de la vara es la improvisada aguja del reloj solar. 

Los egipcios, y tal vez antes los babilonios, descubrieron que tanto la longitud de la sombra de la vara como el instante justo en el que se llega al mediodía no coincidían a medida que avanzaban los días de las estaciones. Determinaron que había un día concreto en el que la sombra era menor que el resto de los días del año: el solsticio de verano. Igualmente vieron que la sombra era mayor otro día concreto, medio año después del anterior; descubrieron así el solsticio de invierno. La sombra, además, permitía marcar los meridianos terrestres, ya sabéis, las líneas norte-sur en los que dividimos el Planeta y es que el tamaño de la sombra del gnomon sería más grande al amanecer y cuando se pone el sol, y además más grande en invierno que en verano. Pero también descubrieron los equinoccios de primavera y otoño, en marzo y septiembre, respectivamente.

En tiempos del faraón Keops, hace 4.600 años, los ingenieros egipcios utilizaron el gnomon para marcar los puntos que su sombra recorría durante el equinoccio de otoño. Unieron esos puntos resultando una línea recta sobre la que erigieron las famosas pirámides. El arqueólogo Glen Dash ha comprobado que cuatro caras de las cinco pirámides del complejo dan a los cuatro puntos cardinales con una desviación de tan solo 0,66 grados contra las agujas del reloj, lo que solo se consigue aprovechando el rastro solar que deja el equinoccio de otoño.

Esa milimétrica posición permite contemplar espectáculos en Guiza como durante el solsticio de verano en el que el Sol se alinea entre las pirámides de Keops y la de Kefrén, en línea también con la enigmática esfinge, que forma igualmente parte del impresionante complejo monumental.

Durante los equinoccios, la mitad de la pirámide de Keops que está orientada hacia el oeste de las caras norte y sur se iluminan al salir el Sol permaneciendo en sombras la otra mitad. Cuando cae la noche sucede de nuevo alumbrándose primero la cara que al amanecer se oscureció antes, por lo que pareciera que tuviera el doble de caras, ocho. Pero es que ciertamente las tiene, como descubrió Andre Pochan en 1934 fotografiando la cara sur con una cámara de infrarrojos. Si bien fue Flinders Petrie quién descubrió la concavidad de cada cara, de metro y medio que se adentra justo en la mitad de la misma, aunque lo achacó a una anomalía. Sería Pochan quién dedujo que había sido construido de esa manera a propósito. Durante el amanecer y al atardecer de los equinoccios el Sol, como decía anteriormente, incide sólo en una de las partes en las que está dividida cada cara quedando la otra ensombrecida. A los cinco minutos, la parte en sombra se ilumina también pasando a ensombrecerse la  otra pero ese momento justo el sol incide sobre la línea que separa las dos caras, la concavidad recta que va desde la base a la cúspide, produciendo un efecto óptico único, una especie de relámpago, aunque solo visible en aquella época cuando la pirámide estaba recubierta del mármol que era el material que brillaba, no la piedra actual desprovista de ese recubrimiento.

Los profesores Boulanger (padre e hija), demostraron que la pirámide de Keops, recubierta de mármol (de cuyos bloques solo quedan seis en la actualidad), estuvo pintada con una mezcla que contenía distintos minerales que le daban un color naranja brillante con lo que al ser bañada por los rayos del sol desprendía tal brillo que podía ser vista a decenas de kilómetros. Teniendo en cuenta la ubicación de Guiza, en el río Nilo, que entonces y ahora es navegable y a tan solo veinte kilómetros de la costa mediterránea, la pirámide de Keops, con sus colosales dimensiones, pudiera haber tenido también la función de faro. 

La punta pudo haber actuado como gigantesco gnomon proyectando una sombra durante otoño e invierno que permitía que la cara norte sirviera como calendario. Así que parece que la pirámide era una especie de templo u observatorio astronómico que ofrecía además un servicio de medición del calendario que sería de gran utilidad para la sociedad del Egipto antiguo, marcando el comienzo y el final de las distintas estaciones y dentro de las mismas determinadas jornadas.