Pasaporte COVID: ya los hubo antes

26.07.2021

La pandemia global de la COVID-19 ha trastocado todo, incluidos los viajes entre Países, lo cual se nota especialmente en verano al verse afectado seriamente el turismo.

Los Gobiernos de todo el Mundo saben lo importante que es para sus economías mimar a los visitantes que reciben ya que dejan divisas y aportan prestigio al País. La UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) estima pérdidas globales en torno al 1,4 billón de dólares.

Por otro lado hay que proteger a la población nacional de posibles contagios. Si las diferentes vacunas que se inoculan tuvieran todas la misma efectividad no habría problemas pero no es así. Resulta de gran riesgo, por lo tanto, permitir que todos los turistas o personas que se desplacen entre Países por cualquier motivo lo hagan sin cortapisas de ningún tipo. 

Hay quiénes aducen a la ética: si no todos los Países han podido acceder al mismo porcentaje de vacunas, debido al egoísmo de los más desarrollados que las han acaparado prácticamente, sería éticamente injusto que se permita a los ciudadanos de los Países más ricos viajar y a los demás no.

La Unión Europea se encuentra en la zona de los Países más favorecidos por lo que ya ha impuesto su Certificado Covid Digital, lo que da permiso para desplazamientos entre Países miembros de la Unión. En dicho certificado, que pueden exhibir desde su teléfono móvil a quiénes se lo pidan, se especifica si ya han sido vacunados con la pauta completa, si pasaron la enfermedad, pero ya están curados o las PCRs que se realicen negativas.

No solo los 27 Estados de la Unión aceptan el pasaporte COVID, también otros tres Países europeos más: Islandia, Noruega y Suiza (en los que se acepta el certificado).

La IATA (International Air Transport Association) cuenta con un departamento, el Travel Pass, que comparte con las autoridades de cualquier País los datos sanitarios de los pasajeros de las compañías aéreas asociadas (se entiende que previamente lo han autorizado). Se trata de casi 300 compañías de 120 Países que, sin embargo, se están encontrando con el obstáculo de que no todos los Países siguen una misma normativa al respecto.

Para el director general de IATA, Willie Walsh, no tiene sentido no dejar viajar a cualquier País a quiénes ya están vacunados o porten certificados que acrediten haberse realizado pruebas con resultado negativo.


El salvoconducto sanitario en la Historia y hoy

Existen desde hace mucho tiempo. Ya se usaban en La India, a finales del siglo XIX, cuando era colonia británica por aplicación de la Ley de Enfermedades Epidémicas aplicable en todo el imperio británico.

A las personas que tenían que desplazarse entre ciudades se les pedía algún documento que acreditara que habían sido vacunados contra la Peste. Lo que sucedió es que no tuvo mucho éxito ya que la norma se la saltaban los hindúes que la veían más como control imperialista que como medida sanitaria. Sucedió también en otras colonias (Gran Bretaña las tenía por todo el Mundo). 

En la India hubo manifestaciones, huelgas y altercados violentos que motivó un éxodo de las ciudades a las zonas rurales donde la acción del Gobierno no llegaba con la misma efectividad. Ello motivó un mal mayor: la propagación de la enfermedad.

En EEUU se pedía un documento de inmunidad a la fiebre amarilla

Era el siglo XIX; un médico tenía que firmar el certificado indicando que el portador ya había superado la enfermedad o no le afectaba a pesar de haber vivido en alguna zona de gran incidencia, demostrando que era inmune. Se trataba de un requisito indispensable para acceder a un puesto de trabajo. 

En la actualidad, la OMS cuenta con un documento parecido al que se desea extender ahora con la COVID; se trata del certificado internacional de vacunación que muchos Países piden para "garantizar" que se está libre de ciertas enfermedades como la fiebre amarilla, por ejemplo, cuando se viaja a zonas tropicales. 

El Estado de Nueva York facilita la obtención de un certificado digital que muestra si una persona ha sido vacunada. Es voluntario para quién quiera descargarlo en el móvil e indica tanto si se ha vacunado como pruebas realizadas con resultado negativo. 

En edificios y lugares públicos neoyorquinos lo piden escaneando el QR del certificado, comprobando así que la persona que desea acceder a esos sitios está "libre" del virus (lo entrecomillamos ya que ni la vacuna ni las pruebas garantizan al 100% que no se esté contagiado, pero sí ofrecen mayor fiabilidad).

En los Estados Unidos sucede como en España con las Comunidades Autónomas y otros Países descentralizados; los Estados cuentan cada uno con sus normativas específicas. Con la COVID-19 ocurre igual por lo que será cada Gobierno estatal el que decida si pide un pasaporte o certificado que acredite estar libre del virus o no. 

Los Estados de Florida y Texas ya han decidido no pedirlo por considerarlo invasivo de la privacidad ciudadana. El propio Gobierno federal tampoco lo pedirá para quiénes lleguen al País desde el exterior.

Si bien la Organización Mundial de la Salud ha criticado el acaparamiento de vacunas, sí considera que en aquellos donde se cuente con suficientes se utilice el pasaporte COVID ya que estimulará la vacunación entre quiénes aún son reacios.

La vacuna contra la meningitis meningocócica también se exige en Arabia Saudí, por ejemplo (y otros Países), con motivo de la peregrinación a La Meca. Si se va a desplazar al Asia Central es recomendable vacunarse contra la Polio; en algunos Países lo exigen para entrar.

En Nueva Zelanda y Australia, en 2019, cuando se produjo el repunte del sarampión, se obligaba a quiénes entraran en el País a certificar que estaban vacunados contra el mismo, así como las paperas y la rubéola.

La desconfianza actual que genera el pasaporte anti-COVID es que surgen nuevas mutaciones y las vacunas no son del todo efectivas ante las mismas por lo que dicho certificado pudiera no ser fiable.